En In the Earth, de Ben Wheatley, lo realmente importante es una combinación de situaciones que el espectador quizás no llega a notar. El director construye la premisa de la naturaleza como enemigo, pero no lo hace desde la concepción del peligro. Lo imagina como un recorrido por terrores inconfensables que podrían parecer emparentados con el horror folk pero tienen más asidero en la crueldad ramplona. Al final, ambas percepciones chocan y al mismo tiempo se enlazan en un vínculo potencialmente confuso. 

¿Qué desea In the Earth contar? ¿Un recorrido por la noche que materializa el terror por estado puro? ¿Una historia de terror en que el miedo se sustenta en algo doloroso? ¿Todo a la vez que se enhebra con el instinto de supervivencia? El director parece interesado en explorar todas las opciones, pero el guion no tiene los recursos para abarcar a la vez todas las condiciones del miedo. Al fin y al cabo, esta aparente excursión a la oscuridad pierde fuerza a medida que se prodiga en sus secretos. Y aunque no lo hace pronto, tampoco los conserva el tiempo suficiente para intrigar. 

Con una audacia que sorprende por sus ambiciones y decepciona por su poca solidez, In the Earth enlaza la incertidumbre y el terror en algo en apariencia nuevo. Pero ya sea porque el guion no se desarrolla lo suficiente o que el director no encuentra un hilo conductor, la película parece incompleta. O al menos, carece de las piezas esenciales para narrar lo que se esconde en la oscuridad ominosa de un bosque amenazante. 

Con todo, lo sobrenatural está ahí y también la concepción del miedo. Pero en realidad hay algo más elaborado y consistente en el hecho de cómo el director lo plantea. Lo mejor de la película es esa mirada al escenario monstruoso, al hecho de lo impecable escondido entre troncos y rocas. No obstante, esa brutalidad de lo que yace entre las sombras de la búsqueda del miedo se deshace cuando no hay una mirada real sobre un punto concreto. 

Ben Wheatley suele cometer el mismo error con frecuencia. Ya lo hizo en Rebecca (2020), en la que la historia se diluyó en una parafernalia de insinuaciones mal construidas. También en El rascacielos (2015), en el que desperdició una premisa claustrofóbica y un elenco de lujo en una sucesión de escenas asombrosas. En In the Earth ocurre algo semejante: la premisa de un bosque que es una amenaza, un misterio y un puente a lo irreal se deshace muy rápido. 

¿El motivo? La incapacidad del director para hacer algo más que construir líneas que se abren y se cierran sobre sus personajes. Pero mientras unos tratan de sobrevivir y otros aceptan la muerte, el film decae en una mirada brutalizada sobre el ejercicio del miedo. ¿Dónde está el punto central de todas las insinuaciones? Ben Wheatley no lo dice de inmediato y tampoco parece muy interesado en mostrarlo. Y cuando lo hace, ya el espectador no desea saberlo. 

'In the Earth', un cuento de hadas confuso

In the Earth tiene varios referentes claros. El más evidente de todos es el tono y el ritmo de las películas de terror de los sesenta y en especial la de los setenta. Pero también, la cualidad de un tipo de film capaz de admitir con comodidad varios géneros distintos. Después de todo, las películas del terror sufrieron un gran cambio de discurso al explorar lo humano en contraposición a lo sobrenatural. En lugar de solo mirar la forma en que lo sobrenatural influye, el cine de terror de los sesenta se las ingenió para crear el miedo en forma pura. 

In the Earth trata de crear un panorama en que la ciencia ficción y el terror sobrenatural conviven. Podrían hacerlo de manera más cómoda o al menos menos tensa si el director estuviera más dispuesto a que el experimento fuera total. Pero la premisa sobre la ciencia que intenta vincular a la naturaleza con el hombre ya ha sido profundizada. Y los resultados suelen ser ambiguos por el hecho que las historias se debaten entre dos frentes. 

En el 2008, M. Night Shyamalan narró lo mejor que pudo en El incidente una situación semejante. ¿Qué ocurriría si las plantas del mundo tuvieran una perversa consciencia? El film resultó un fiasco en la medida que el enfrentamiento entre lo invisible y lo humano decae apenas se anuncia una explicación. Lo mismo ocurre en In the Earth, en el que la doctora Olivia Wendle (Hayley Squires) insiste que entre las plantas hay una red neuronal. Una especie de conciencia de colmena que de ser comprendida podría explicar la forma en que se relaciona la naturaleza y el hombre.

Pero lo que comienza con un cierto aire inquietante y la búsqueda de entender el entorno como un ente consciente, no llega a mostrarse. La premisa termina por ser algo más emparentado con lo sobrenatural. Lo cual no tendría por ser que ser un bache argumental por necesidad. A no ser, claro, por el hecho de que Ben Wheatley es incapaz de decidir el tono de su película. 

Por un lado, la mirada de la ciencia ficción es pulcra y elocuente. Pero la sobrenatural tropieza con contradicciones de fondo. A mitad del tramo central de la película es evidente que el director no decide qué camino tomar y combina ambas cosas. El resultado es una deficiente mirada al misterio, con poca elocuencia y una torpeza dolorosa al momento de dialogar con ambos géneros. 

Los muchos y confusos rostros del miedo

Como si eso no fuera suficiente, también el director decide incluir el elemento brutal de agresiones físicas. Mientras la película avanza y revela sus secretos (y le lleva un largo rato hacerlo), el guion ha perdido el rumbo y el ritmo. De la metódica mirada casi filosófica de su primera media hora, salta a algo más retorcido y siniestro. Solo para después de decaer en una especie de batalla por la supervivencia sin mayor lógica.

En In the Earth se echa en falta la forma una línea conductora que sostenga las diversas premisas. Si la idea general del bosque mágico, tenebroso y amenazante es poderosa, la debilita la incapacidad de la película para ir más allá. Resulta casi agotador la forma en como la película se transforma una y otra vez en algo más elaborado y retorcido sin tener un objetivo real. No quiere asustar, aleccionar ni tampoco mostrar un concepto. La acumulación de imágenes se vuelve barroca y para el último tramo, cuando lo sobrenatural se muestra en todo su poder, resulta ridículo.

In the Earth termina por ser un ejercicio basto, sin sentido y sin plenitud. Un gran escenario de ideas interesantes que se desbordan sin mayor sostén o inteligencia. Sin duda, lo que mayor se echa en falta es la historia que pudo ser contada. La premisa que se esconde bajo una puesta en escena torpe, una ejecución blanda y al final, una conclusión sin mayor claridad.