En una de las escenas de Censor, de la directora Prano Bailey-Bond, la cámara enfoca el rostro de Enid (Niamh Algar) por casi dos minutos. No vemos lo que ella puede ver, pero la transformación de su rostro deja claro que es casi insoportable. La pantalla invisible parpadea, los ojos del personaje se abren en un horror silencioso y al final solo queda una imagen estática de lo terrorífico. Pero ella jamás apartó la mirada o parpadeó incluso. El personaje devora el terror y la violencia casi con un aterrorizado deleite y no tarda en mostrarlo en todo su esplendor.

¿Por qué nuestra cultura está obsesionada con el contenido violento en estado crudo? Nadie lo sabe con certeza y Censor no espera dar respuestas. Mucho menos intenta reivindicar la idea incluso aunque le brinda a su personaje un trauma inquietante como contexto. En realidad, el objetivo del film es el explorar el terror desde un ángulo físico, real y cercano. Enid es un censora del British Board of Film Classification (BBFC) en la década de los ochenta. Pero el argumento está más interesado en el hecho del poder del material que mira que en los motivos para la censura. 

En realidad Censor es una búsqueda desesperada de nociones sobre lo terrorífico en estado puro. Cada película que Enid ve es una conexión con algo más primitivo y también una alegoría al miedo. Pero a la vez no hay un juicio moral sobre la necesidad de explorar la naturaleza humana en su reverso desagradable.

Los llamados Videos Nasties (tan populares en los años ochenta como desconocidos en la actualidad) eran una colección de diminutos horrores cotidianos. A mitad de camino entre el snuff y el consumismo sensacionalista, los videos retrataban la cultura del desastre en todo su oscuro esplendor. Entre los horrores de crímenes y sucesos callejeros de extrema violencia eran una mirada al margen de lo cultural. 

La gran pregunta de Censor la resume varias de sus secuencias más duras que poco o nada tiene que ver con lo que Enid ve en la pantalla. En realidad, la directora Prano Bailey-Bond persigue con su cámara al personaje y lo cuestiona. Lo convierte en centro de algo más denso y a medida que el film expone su premisa — más retorcido por minutos — queda claro un punto elemental. Censor no quiere plantear las grandes dudas sobre la atracción inevitable hacia la oscuridad cultura. Quiere que las preguntas sean más frecuentes, desagradables y al final atinadas sobre la naturaleza humana.

'Censor', el terror que nadie quiere mirar 

Por supuesto, con una premisa semejante, la película tiene dos opciones. Mostrar a plenitud el placer malsano de analizar el contenido desde cierta distancia o sumergirse en él. Censor parece quedarse a la mitad. El personaje de Algar es, en el mejor de los casos, simplista para demostrar el peso y lento goteo de la cruza en su psiquis. 

En más de una ocasión, la película plantea verdaderas discusiones sobre lo terrorífico mientras deja claro que su punto de vista no es real. De hecho, ni siquiera es sincero. Enid no deja de mirar y tampoco deja de estar interesada en su trabajo. Eso a pesar de las amonestaciones y de un escándalo reciente.

Pero Enid tiene una historia familiar dolorosa que se anuda a lo siniestro para crear algo nuevo. El mayor mérito de Censor es analizar y confiar en que el secreto que no se muestra, es tan poderoso como para definir la premisa. Y lo hace, en la forma en que oculta con cuidado las supuestas escenas espantosas que Enid debe recortar, eliminar o reducir. Con cierto aire a la crispada necesidad de evasión de Tesis de Alejandro Amenábar, Censor es mucho más interesante cuando se libera del terror psicológico. 

Fuera del cuarto de censura, tratando de resolver sus traumas a través de lo que mira a diario, Enid es más efectiva que nunca. Su hermana desapareció hace casi una década y la herida se hace más evidente a medida que la película brinda algunas explicaciones sobre su psiquis. 

¿Enid mira la constante dosis de violencia en busca de una respuesta a su propio horror personal? Simplista como parece, el guion no avanza más allá de esa percepción del miedo que se refleja en espejos. Pero aun así, el argumento está tan bien construido y está tan consciente del peso de la atmósfera claustrofóbica que se sostiene con solidez. 

Mirar y no mirar

Más allá de sus intentos de crear un drama siniestro de raíces psicológicas, Censor es una película de horror y lo demuestra con sutileza. Cuando Enid se obsesiona con los videos de un director que muestra mujeres desaparecidas, el film se hace menos efectivo. 

Mucho menos cuando la paranoia lo invade todo y el personaje termina por buscar pistas en todas partes. Algunas más creíbles, otras por completo fruto de esquemas poco creíbles. Pero con todo, Censor avanza hasta construir una idea persistente sobre el miedo privado y lo tentador que resulta. 

Lo prohibido está en todas partes en una película que encuentra formas de resolver el sentido de la urgencia por comprender el terror. Pero la premisa se queda a mitad de camino cuando simplemente, se hace más una crítica dura al temor colectivo, que otra cosa. 

Pero aun así, la presión moral y el terror desde un ángulo distinto crean un extraño dúo. Inquietante por momentos, abrumadora en otros, la película tiene una concepción total sobre el miedo que es su mejor baza.