Te despiertas con la alarma del móvil y das un vistazo a las redes sociales. Después te levantas, haces un poco de ejercicio viendo el último Reel de tu influencer fit favorito. Empiezas a trabajar. Hoy no toca ir a la oficina, así que te quedas teletrabajando. Llega la hora de comer. Te calientas algo rápido en el microondas y te lo comes mientras ves un vídeo de Youtube. Luego terminas lo que te queda de jornada, pasas otro rato en redes sociales, quedas con unos amigos para hablar por Skype, cenas, ves un par de capítulos de tu serie favorita en Netflix y te vas a dormir. Vivimos en una sociedad hiperconectada, en la que casi cada paso que damos depende de la tecnología. Esto tiene una parte positiva, pero también una más negativa, por la que ciertas personas creen necesario hacer periódicamente algo bautizado como ayuno de dopamina. 

El objetivo es dejar de depender tanto de los estímulos y las pequeñas recompensas que nos da la tecnología: una notificación en Twitter, un nuevo whatsapp sin leer, un vídeo de gatitos… Pero no hablamos solo de redes sociales. Hay quien incluye aquí otras actividades placenteras y rápidas, como escuchar música, ver porno o comer comida basura. 

Así, se supone que se corta ese círculo vicioso en el que entra nuestro cerebro cuando la dopamina se libera por un estímulo, causando una sensación de placer que nos hace desear cada vez más. ¿Pero en qué consiste un ayuno de dopamina? Y, más importante aún: ¿funciona?

Una cuestión de recompensas

Antes de ver en qué consiste el ayuno de dopamina, es importante entender cuál es el papel de esta sustancia que supuestamente se debe ayunar.

Los sistemas de recompensa provocan una sensación placera como respuesta a actividades necesarias para la supervivencia

La dopamina es una hormona que actúa como neurotransmisor. Es decir, es una sustancia encargada de llevar información a través del sistema nervioso. En su caso, tiene multitud de funciones, pero la que nos interesa aquí es su papel en los sistemas de recompensa. 

Estos sistemas componen el procedimiento por el cuál ciertas actividades beneficiosas para la supervivencia nos aportan placer. Por ejemplo, tener relaciones sexuales es placentero porque ayuda a perpetuar la especie. Y comer algo rico en calorías también, pues nos dará la energía que necesitamos para nuestro día a día. 

Por eso, cuando recibimos alguno de los estímulos antes mencionados, las neuronas dopaminérgicas liberan una ráfaga de este neurotransmisor, dando lugar a esa sensación de placer que conocemos tan bien. Aunque generalmente ocurre con estímulos necesarios para la supervivencia, también puede ocurrir con otros, como jugar a videojuegos, comprar y, por supuesto, las drogas. 

El placer que se genera es algo transitorio, que desaparece rápido. Esto puede llevarnos a querer repetir de nuevo esa acción. Volviendo a la utilidad evolutiva, si el sexo nos da placer, querremos volver a practicarlo y eso aumentará las posibilidades de reproducción. Pero a veces, más allá de lo evolutivo, cuando se realiza la acción muchas veces se produce algo conocido como tolerancia. Básicamente, lo que ocurre es que el cerebro necesita cada vez más dopamina para obtener esa sensación de placer. Y es aquí donde comienza el riesgo de adicción.

Pero no siempre se trata de adicciones. Hay un punto intermedio al que estamos sometidos a diario. Esa necesidad de mirar rápidamente las notificaciones del móvil o de ver el siguiente capítulo de tu serie favorita nada más terminar el anterior no es adicción, pero sí el requerimiento de un nuevo disparo de dopamina. Y mientras estamos mirando ese nuevo capítulo o atendiendo al móvil podemos estar descuidando otras actividades, como practicar deporte, leer o estudiar. Llega el momento de hablar sobre el ayuno de dopamina.

Lana Abie / Unsplash

El ayuno de dopamina no existe

Si alguien se pone en huelga de hambre somete su cuerpo a un ayuno real, pues no ingiere nada en el tiempo que dure la protesta.

Sin embargo, no podemos someter a nuestro cuerpo a un ayuno de dopamina, pues esta no dejará de generarse. La dopamina es necesaria, lleva a cabo otras muchas funciones en nuestro organismo. De hecho, su carencia está relacionada con enfermedades como el párkinson. 

La carencia de dopamina está relacionada con muchas enfermedades

Por eso, es imposible eliminarla por completo. Partiendo de esa base, no podemos hablar de un ayuno de dopamina. De hecho, el propio creador del concepto, el psiquiatra Cameron Sepah, lo explicó en declaraciones al New York Times recogidas por la Universidad de Harvard: “El título no debe tomarse literalmente”.

Entonces, si no es un ayuno de dopamina, ¿qué es? Algunas de las personas que lo practican lo definen como una forma de centrarse en el momento presente. Algo así como el Mindfulness y otras técnicas de meditación relacionadas. Para Sepah, nos ayuda a estar menos dominados por los estímulos poco saludables de la vida moderna. “En lugar de responder automáticamente a estas señales que inducen recompensas, que nos proporcionan una carga inmediata pero de corta duración, debemos permitir que nuestros cerebros tomen descansos y se reinicien de este bombardeo potencialmente adictivo”. Así, se supone que conseguiremos recuperar el control de nuestras vidas. ¿Pero cómo se hace eso?

Buscando la cara afable del aburrimiento

Según Sepah, al permitirnos estar solos o aburridos, podremos encontrar placer en hacer actividades más simples. Digamos que esos circuitos de dopamina se desvían hacia otro tipo de estímulos.

No se debe evitar socializar, pues esto es muy necesario

Pero no está claro cuáles son esos comportamientos que debemos evitar. De hecho, depende mucho de quién lo practica. Si preguntamos a dos personas que se estén sometiendo a un ayuno de dopamina, podremos encontrarnos con alguien que haya eliminado Netflix de su rutina. Sin embargo, podría ser que alguien poco aficionado al cine y la televisión no tenga esa necesidad porque, en realidad, no le resulte placentera ni adictiva.

De todos modos, a grandes rasgos Sepah suele citar seis comportamientos susceptibles de eliminarse durante uno de estos ayunos: la alimentación emocional (comer cuando nos sentimos ansiosos), el uso excesivo de Internet y los videojuegos, los juegos de azar y las compras, el porno y la masturbación asociada al mismo, la búsqueda de nuevas emociones y las drogas recreativas

Lo que está claro es que no hay evidencia científica detrás de todo esto. Ni de que funcione ni de que no lo haga. Es más, no es un concepto científico como tal y no se han estudiado los mecanismos que tiene detrás. Por eso, no hay unas pautas definidas, cada persona lo hace a su manera y puede conducir a errores. En el mismo artículo de la Universidad de Harvard explican que algunas personas limitan también sus relaciones sociales, como una forma de centrarse en sí mismos. Sin embargo, las relaciones sociales son un estímulo muy necesario. No hay más que ver la cantidad de problemas mentales que han derivado del aislamiento provocado por la pandemia de coronavirus.

De hecho, el propio Cameron Sepah, en un artículo publicado en Linkedin en 2019, buscó aclarar algunos errores de concepto, entre los que se encontraba precisamente que el ayuno de dopamina no supone dejar de socializar

Entonces, ¿el ayuno de dopamina sirve de algo?

Lo que está claro es que algunos de los puntos del ayuno de dopamina pueden ser útiles, pero no aplicados a un periodo de tiempo, como aconseja los ayunadores, sino implementados en nuestro día a día. Por ejemplo, de poco sirve dejar la comida basura unas pocas horas al día durante tres días a la semana. Lo mejor es buscar un estilo de vida saludable y reducir en general este tipo de alimentos, pero sin remordimientos si recurrimos a ellos de vez en cuando.

En cuanto al tema de las tecnologías, claro que puede ser útil mantener el teléfono móvil alejado cuando intentamos concentrarnos en otra cosa o usar bloqueadores de software para reducir nuestras horas en redes sociales. Todo esto puede ser útil. Ponerle un nombre ya depende de cada uno. Desde luego, un ayuno de dopamina no es; ya que, como insiste en recordar su propio creador, es imposible ayunar esta sustancia. Y menos mal.