Monstruos a la obra, nueva serie de Disney Plus, podría haber sido una cuidadosa trampa de nostalgia. Después de todo, Monstruos, S.A. es uno de las películas más queridas de los fana de Pixar. Se considera un clásico de animación por derecho propio. La historia que relata una nueva visión sobre los monstruos que viven en el armario se convirtió con rapidez un ícono del buen cine de animación. 

Con su tono burlón y divertido no es demasiado compleja para los niños. Pero a la vez, estaba llena de todo tipo de mensajes para disfrute de los adultos. De nuevo, Pixar había logrado crear una producción para toda la familia.

Su secuela, Monsters University, logró lo que parecía imposible: sorprender. Después del ritmo y el tono maravilloso de su antecesora, parecía imposible que la película pudiera igualar su éxito, y no digamos superarlo. Pero en realidad, hizo algo mejor: contar una historia novedosa y conmovedora basada en un universo más amplio.

Con su manera emocional de analizar el miedo, la esperanza y el crecimiento, la duología se sustentó en cierta ingenuidad. Pero sobre todo, en hacer reír. En realidad, para Pixar ambas películas fueron un vehículo para crear un nuevo tipo de comedia brillante.  Había algo desenfadado y feliz en los largos diálogos de Mike Wazowski y la ternura de James P. Sullivan. Ambas películas tenían un ingrediente de comedia ingenua emparentada con algo más profundo que resultó un éxito.

Para quienes extrañaban las grandes risas entremezcladas con buenas historias, Monstruos a la obra es imprescindible

Eran otros tiempos para Pixar. Fue la época de las grandes apuestas, la innovación y de las maravillosas narraciones visuales capaces de conmover a niños y adultos. Monstruos a la obra llega en una época más complicada. Después de la dura polémica alrededor de Soul y la extraña discusión sobre Luca, la serie parecía una incógnita. ¿Conservaría algo de las películas que les precedieron o tendría el nuevo tono, más duro y levemente pesimista de una Pixar más adulta?

Para alivio de buena parte de la audiencia, Monstruos a la obra es exactamente lo que prometía. El universo de Monstruos, S.A. regresó con tiempo para profundizar e innovar a un nuevo nivel. Pixar parece haber tomado la decisión de convertir a la serie en una forma de dialogar con su propia identidad. De analizar algo más elaborado e importante: la relación del estudio con su público. Para quienes extrañaban las grandes risas entremezcladas con buenas historias, Monstruos a la obra es imprescindible. 

Es la demostración de que Pixar sigue creciendo, haciéndose cada vez más intuitiva al momento de narrar. Por más que buena parte de la audiencia temiera que la productora estuviera perdiendo su brillo y magia, la serie demuestra que lo conserva.

'Monstruos a la obra': ingenio y una mirada a los buenos recuerdos 

Hace 20 años que Monstruos, S.A. fue estrenada y quizás por eso sorprenda que Monstruos a la obra comience en el mismo punto. No se trata solo de un capricho sobre la identidad de la serie, es una forma de extender sus líneas principales. La serie, de hecho, responde la pregunta que tantos fans se hicieron: ¿cómo reaccionó Monstrópolis una vez que quedó claro que la risa era mucho más efectiva que el miedo para crear energía?

Puede parecer una pregunta sencilla, pero no lo es tanto. La superestructura imaginada por Pete Docter tenía algo de justificación a los terrores nocturnos y a los familiares miedos de la infancia. De una u otra manera, Pixar trataba de convertir esas pequeñas leyendas urbanas en algo mucho más poderoso.

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Una idea que englobara el miedo de los niños con los armario vacíos o la oscuridad para convertirla en un territorio de exploración y no de temor. Así que el cambio a la risa implicaba debía conservar la esencia de la película. La secuela del 2013 fue un poco más atrás, y ya entonces hubo voces que se preguntaron si Pixar no se atrevía a explorar sus propias propuestas. 

La habilidad del estudio para seguir creando historias asombrosas en apariencia sencilla continúa intacta 

Monstruos a la obra lo hace, y expande el universo de Monstruos, S.A. en otra dirección por completo nueva. Ya no se trata de asustar, sino de hacer reír. Pero este hacer reír pasa por asumir que la risa es un trabajo. Y entre ambas cosas, la serie tiene la necesidad de narrar para provocar carcajadas. ¿Puede esta estructura en apariencia artificial crear verdadero humor?

Puede y lo hace. Sully y Mike ahora están a cargo de las operaciones. Es de suponer que por su tétrico historial, Roz queda fuera de la operación. Pero le sustituye su hermana Roze. Han transcurrido veinte años, pero la química entre los personajes es idéntica y el éxito del programa radica en hacerla más fluida e inteligente. 

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Monstruos a la obra está pensada para las carcajadas. Y aunque el trasfondo es tan entrañable y bien construido como toda historia Pixar, la diversión es su principal objetivo. Porque este mundo que depende de los niños ahora es más grande e intrigante que nunca. Lo mismo que mecanismo que necesita crear bromistas en lugar de monstruos, que encontrará todo tipo de problemas para cristalizarse. Sin embargo, la habilidad del estudio para seguir creando historias asombrosas en apariencia sencilla continúa intacta. 

Monstruos a la obra recupera el sentido del humor de Pixar y con toda la agilidad de una idea concebida para ser fresca y sincera. Si a Soul se le criticó por su complejidad y a Luca por su sencillez, Monstruos a la obra es el equilibrio justo. 

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