Los accidentes de tráfico son una de las principales causas de muerte en el mundo, especialmente para los jóvenes de entre 15 y 29 años. Cada año, alrededor de 1,3 millones de personas pierden la vida en las carreteras. En torno al 90 % de estas muertes tienen lugar en países de ingresos bajos o medios. Las restricciones a la movilidad y los confinamientos en 2020 han reducido de forma considerable los muertos por accidentes de tráfico en numerosos países. En España, por ejemplo, los fallecidos en la carretera pasaron de ser 1.755 personas en 2019 a 870 en 2020. Un mínimo histórico desde que se tienen registros fiables. En cualquier caso, los accidentes de tráfico siguen siendo una de las principales causas de muerte violenta y discapacidad en el mundo.

Entre los factores que complican la supervivencia de las personas accidentadas, las hemorragias tienen un papel protagonista. Los sangrados graves provocados en los accidentes complican el pronóstico para la recuperación de las personas, especialmente cuando la hemorragia ocurre dentro del cráneo y afecta al cerebro. Muchos de los heridos fallecen a las pocas horas tras el accidente por la pérdida de sangre y las complicaciones asociadas.

La atención sanitaria urgente es vital para incrementar las posibilidades de salvar la vida de los accidentados. Las cirugías para tratar las hemorragias y otras lesiones provocadas por los traumatismos son esenciales en los casos más graves, pero hasta que el paciente llega al hospital y puede acceder al quirófano puede transcurrir un tiempo excesivamente largo que disminuye sus probabilidades de supervivencia si la hemorragia persiste. Con este problema en mente, profesionales sanitarios de diferentes regiones del mundo decidieron hace varios años evaluar en ensayos clínicos internacionales el papel del ácido tranexámico como un tratamiento de urgencia para frenar las hemorragias en el mismo lugar del accidente.

El papel del ácido tranexámico en los accidentes de tráfico

Foto por Al Battison en Unsplash

El ácido tranexámico es un fármaco muy barato (1 comprimido de un gramo cuesta tan solo 1 euro y una ampolla en torno a los 4 euros), seguro, y antiguo. La médica y científica japonesa Utako Okamoto descubrió en los años 50 el potencial terapéutico de este medicamento.

Okamoto investigaba en aquel entonces tratamientos que fueran útiles para frenar las hemorragias posparto, una complicación muy temida, pues se trata de una de las tres primeras causas de mortalidad materna en el mundo. Ella y su equipo mostraron en una publicación en 1962 que el ácido tranexámico permitía frenar o detener las hemorragias, gracias a que bloqueaba un proceso fisiológico llamado fibrinolisis que disuelve los coágulos. Pero la fibrinolisis es una espada de doble filo. En circunstancias normales, la fibrinolisis tiene un papel muy importante para evitar la formación de trombos en las personas. Sin embargo cuando existen hemorragias graves, este mecanismo puede mantener la hemorragia, lo que complica aún más el pronóstico.

Desde 1962, el ácido tranexámico se ha utilizado ampliamente para diversos fines como atenuar el sangrado menstrual

Desde 1962, el ácido tranexámico se ha utilizado ampliamente para diversos fines como atenuar el sangrado menstrual abundante, tratar a personas con hemofilia o reducir el sangrado tras cirugías. Se encuentra, además, en el listado de medicamentos esenciales de la OMS. Sin embargo, hasta hace pocos años, no se había investigado en ensayos clínicos si este fármaco podría mejorar el pronóstico de personas con sangrado grave por traumatismos, al frenar sus hemorragias a tiempo.

Primeras pruebas del fármaco

El primer ensayo en mostrar la eficacia del ácido tranexámico en este ámbito, comparado con el placebo, fue el estudio CRASH-2, en el que participaron más de 20.000 adultos afectados por hemorragias graves causadas por traumatismos. Los resultados fueron claros: si se administraba este medicamento a las tres horas de la lesión, el riesgo de muerte por sangrado se reducía de un 5,7 % a un 4,9 % y, además, se conseguía disminuir la mortalidad global (por todas las causas) de forma significativa y no se detectaban efectos adversos. Cuando el tratamiento se aplicaba con más antelación (antes de una hora) la supervivencia mejoraba aún más.

Recientemente, se han publicado los resultados de un nuevo ensayo clínico, continuación del anterior, el estudio CRASH-3. En esta ocasión se valoraba el papel del ácido tranexámico en personas con sangrado intracraneal tras un traumatismo craneoencefálico. Cuando el citado medicamento se administraba antes de tres horas, la mortalidad por sangrado disminuía ligeramente, en comparación con el placebo.

Sin embargo, no había diferencias significativas en la mortalidad global ni en la función neurológica con una lesión traumática cerebral moderada o grave a los seis meses de la administración del medicamento. En otras palabras, aún no está claro el beneficio del ácido tranexámico cuando la hemorragia es intracraneal y es muy probable que los resultados dependan de la urgencia con la que se administre.

El ácido tranexámico puede salvar miles de vidas en la carretera

Foto por Esri Esri en Unsplash

En el Día Mundial para el Recuerdo de las Víctimas y Familiares de accidentes de tráfico, la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC) lanzó un comunicado a los medios sobre los beneficios del ácido tranexámico para los accidentados en la carretera. Calculan que el tratamiento urgente con dicho fármaco podría evitar más de 100.000 muertes prematuras cada año en el mundo.

No obstante, la urgencia es clave en el éxito del ácido tranexámico: cada 15 minutos de retraso en aplicarlo se reduce en un 10 % su capacidad para salvar vidas. Dado que este medicamento no necesita ninguna condición especial de conservación o almacenamiento, puede estar disponible en las ambulancias para que se administre con rapidez. Los médicos intensivistas de SEMICYUC apuestan por su uso generalizado: "ya que permitirá al paciente llegar a las Unidades de Cuidados Intensivos en unas condiciones muy óptimas para asegurar su supervivencia".