Tras los diez episodios que suman la temporada inicial de ¿Quién mató a Sara? (desde 2021), la serie de Netflix producida en México, tal vez se pueda afirmar que no ha existido un despropósito de semejante calibre en la plataforma. No al menos desde un culebrón español de sobremesa como Las chicas del cable.

Su creador, el chileno José Ignacio Valenzuela, alias Chascas, tiene currículo como guionista de telenovelas desde Amor a domicilio (1995) o La familia de al lado (2010-2011) hasta Dama y obrero (2012-2013) o Santa Diabla (2013-2014), y de películas como Corazón de melón (Luis Vélez, 2003), La sangre iluminada o Manuela y Manuel (Iván Ávila, Raúl Marchand, 2007).

Nada digno de ser destacado, sino verdaderamente lo opuesto. Igual que en la trayectoria de los dos directores de los capítulos, los mexicanos David Ruiz o Leche Ruiz y Bernardo de la Rosa. El uno se ha ocupado del largometraje La última muerte (2011) y de episodios de otras ficciones televisivas como La piloto (2017-2018) o La negociadora (Rosa Clemente y Raúl Prieto, desde 2020), que alguna crítica buena se llevó.

Y el segundo, de uno solo de Trece miedos (Rigoberto Castañeda y Sandra Solares, 2007) o varios de Control Z (Miguel García Moreno, Adriana Pelusi y Carlos Quintanilla, desde 2020), con valoraciones bastante prudentes. Pero ¿Quién mató a Sara? constituye la quintaesencia de todo lo que no debería ser una serie de Netflix.

Una serie de Netflix bien masticadita para el espectador

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El comienzo salsero ya resulta desagradable al oído, especialmente con una canción tan sobada como la que usan, que ni por la época se justifica. La planificación visual carece de un estilo definido y es caótica a nivel primario. Como si los realizadores hubiesen ido eligiendo los enfoques específicos y la velocidad y la dirección de la imagen con una tirada de dados.

Los flashbacks múltiples se sienten machacones muy pronto y la forma de abordar los innecesarios arranques de sexo, por su puesta en escena, su composición y la música pedorra que los asiste, de lo más rancia a estas alturas del cine moderno. Lo único que no se le puede afear es la intención de brindarnos un montaje complejo y el buen ritmo que le confiere a ¿Quién mató a Sara?

Los diálogos tópicos y sin elocuencia no dejan ni un poquito a la imaginación por su transparencia expositiva. Y el único misterio es el que plantea la pregunta del título, que no puede resultar más ordinario. Las motivaciones de los personajes, arquetipos con la profundidad de un charco, se muestran con una claridad vergonzosa, recalcándolas como si a los espectadores les faltase un hervor y les fuese imprescindible para entenderlas.

‘¿Quién mató a Sara?’ nos lleva al punto de que a nadie le importa

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Si hubiesen querido haber hecho más obvia esta serie de Netflix en todos los sentidos, únicamente faltaría que nos la restregasen por la cara. Y la hieren sin remedio posible, por otro lado, un buen número de pequeñas y grandes inverosimilitudes y una increíble falta de explicaciones sobre asuntos que son u ocurren porque sí y ya está.

La banda sonora que ha compuesto David Murillo R. (La ciénaga entre el mar y la tierra) cumple con su cometido a pesar de no salirse de los cauces esperables. Y el elenco se defiende, ya sea Manolo Cardona (Narcos) como Álex Guzmán o Carolina Miranda (Claramente), Ginés García Millán (Félix), Alejandro Nones (Cuna de lobos) y Eugenio Siller (Jesús de Nazaret) encarnando a Elisa, César, Rodolfo y José María Lazcano o Claudia Ramírez (De la calle) como Mariana Toledo.

En un enigma criminal rebuscado pero minúsculo y escasamente creíble que, incluso sin su montón de torpezas evidentes, no merecía ni una decena de episodios ni más temporadas. Porque ¿Quién mató a Sara? abusa muchísimo de nuestra paciencia, hasta el punto de que ni lo sabemos ni nos importa.


La primera temporada de ¿Quien Mató a Sara? está disponible, en exclusiva, en Netflix.

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