Robots humanoides, viajes en el tiempo, naves espaciales… Estos son solo algunos de los muchos ingredientes que encontramos en la ciencia ficción, uno de los géneros más modernos y que sigue contando con millones de adeptos en todo el mundo y en todas las artes narrativas actuales. En gran parte, gracias al impulso de Hugo Gernsback. Cine, literatura, videojuegos… La ciencia ficción es la excusa perfecta para soñar con el futuro contando historias humanas del presente y descubriendo inventos electrónicos que algún día se harán realidad.

No queda claro quién fue el primero en escribir ciencia ficción. ¿Fue Herbert George Wells con La máquina del tiempo de 1895? ¿Le debemos ese mérito a Mary Shelley con Frankenstein o el moderno Prometeo de 1818? Y qué decir de Jules Verne, escritor de ciencia ficción que inspiraría las primeras películas de ciencia ficción, mudas y en blanco y negro.

Lo que sí sabemos es quién dio nombre a un género de ficción que nos lleva al futuro a través de la tecnología y la ciencia. De ahí su nombre, science fiction, traducido por ciencia ficción y que algunos prefieren llamar ficción científica o fantasía científica. Su nombre es Hugo Gernsback e hizo posible que generaciones de ayer y hoy pudieran soñar con futuros utópicos y distópicos plagados de tecnología imposible.

Ingeniero, escritor, editor e inventor

Hugo Gernsback posando como escritor y editor. La primera imagen se publicó en el número de noviembre de 1967 de la revista Radio-Electronics a propósito de su fallecimiento. La segunda imagen aparece publicada en la biografía Hugo Gernsback – A Man Well Ahead of His Time… de Larry Steckler

El papel más conocido de Hugo Gernsback tiene que ver con su labor de editor. A lo largo de su vida publicó revistas especializadas en ciencia, tecnología y ciencia ficción como Modern Electrics (1908), Electrical Experimentor (1913), que luego pasaría a llamarse Science and Invention o la mítica Amazing Stories (1926). De ahí que la Convención Internacional de Ciencia Ficción, hoy Sociedad Mundial de Ciencia Ficción, decidiera llamar Premios Hugo, Hugo Awards en inglés, a los galardones de mayor prestigio en este género y que tuvieron su primera edición en 1953.

De la mente de este ingeniero, escritor y editor de origen luxemburgués surgieron inventos electrónicos. Muchos de ellos imposibles de crear más allá de la imaginación. Al menos en el presente. Con tan sólo veinte años de edad emigró a Estados Unidos (1904). Allí se inició en las telecomunicaciones con su propia empresa, la Electric Importing Company. Su éxito le ayudó a dar rienda a su verdadera pasión, unir la ficción y la tecnología, literatura y ciencia. Pero veamos algunos de sus inventos electrónicos, tanto los más imposibles como algunos que luego se hicieron realidad. Es más, durante su vida llegó a patentar hasta 80 invenciones.

The Isolator

De las 80 patentes de Hugo Gernsback (1884-1967), una de las más populares y extravagantes es su aislante o aislador, en inglés The Isolator. Lo ideó en los años 20 del siglo XX e incluso fue portada de su propia revista Science and Invention. Un invento más propio de la ciencia ficción que del mundo real.

Básicamente era un casco de madera forrado que podía recordarnos a una escafandra de buzo. El casco incluía dos cristales para ver y un tubo que conectaba con una botella de oxígeno. Como indica su nombre, su propósito era aislarnos completamente del ruido exterior para poder concentrarnos.

Más allá de las ilustraciones publicadas en la revista en cuestión y de la fotografía que podemos encontrar en internet con el propio Hugo Gernsback en su mesa de trabajo, este curioso invento no dejó de ser una curiosidad o extravagancia. Vamos, que no llegó a fabricarse para el gran público.

Curiosamente, en la actualidad contamos con inventos similares pero miniaturizados, como los auriculares inalámbricos con cancelación de ruido. Mucho más cómodos de llevar que la escafandra de Gernsback.

Las gafas para ver televisión

Fuente: Alfred Eisenstaedt / The Life Picture Collection

Hoy en día estamos acostumbrados a las gafas de realidad virtual. O mejor dicho, cascos, por su tamaño. También queda en el recuerdo el intento de Google de crear unas gafas de realidad aumentada. Y tiempo atrás se rumoreó que Apple trabajaba en algo similar. Pero hace un siglo, esto era más propio de la ciencia ficción.

En 1963, un veterano Hugo Gernsback se fotografió con unas extrañas gafas, descritas como teleyeglasses o television googles. Unas gafas que permitían ver la televisión en vez de sentarte delante del televisor. Un reportaje de la revista Life de julio de 1963 entrevista al inventor y muestra a su inventor portando un prototipo.

En la revista se dicen cosas como que “cuando en 1936 se le ocurrió la idea de este práctico televisor portátil de bolsillo, se vio obligado a descartarla por considerarla poco práctica. Pero hace unas semanas, sintiendo que la industria electrónica se estaba poniendo al día con sus conceptos de la época del New Deal, ordenó a algunos de sus empleados que construyeran una maqueta”.

Estas gafas de ciencia ficción para ver televisión pesaban 140 gramos, constaba de dos pequeños tubos de rayos catódicos, la tecnología de entonces para fabricar televisores, y unas pequeñas baterías que accionar uno de los inventos electrónicos más prometedores de Gernsback. Con todo, nadie llegó a lanzarse a fabricar este invento, si bien como vimos con anterioridad, la historia de los televisores de bolsillo recorrió ese camino y fue más allá.

El peine eléctrico masajeador

Aunque en la actualidad podemos encontrar en Amazon o AliExpress equivalentes modernos a esas invenciones, muchas de ellas patentadas por el propio Gernsback.

Es el caso del peine eléctrico. La patente es del 30 de enero de 1912 y describe un peine eléctrico que peina y masajea el cuero cabelludo a la vez. En la descripción de la patente se habla de combinar ambas tareas con la electricidad de por medio. El dispositivo funcionaría con batería, sin cables. Puedes leer la explicación al completo, en inglés, de este artilugio.

Esta es la descripción que da Gernsback de su peine eléctrico: “Un cepillo eléctrico que comprende una parte trasera que tiene una serie de cerdas metálicas, una bobina de inducción llevada por dicha parte trasera, una batería asociada a la misma, una placa de contacto llevada por el mango de dicho cepillo, una carcasa que incluye dicha bobina de inducción y la batería que está provista de un peine que recibe un zócalo que se extiende longitudinalmente al mismo y que está conectado eléctricamente a dichas cerdas y a la bobina de inducción, y dicha placa de contacto y la bobina de inducción que están conectadas eléctricamente a dicha batería”.

El espejo eléctrico luminoso

Espejo iluminado de Hugo Gernsback de 1913 frente a un espejo iluminado portátil actual. Cien años los separan

Con el nombre de luminous electric mirror, Hugo Gernsback patentó en 1913 un espejo de mano que destacaba por funcionar con electricidad. Otro más de sus inventos electrónicos para hacernos más fácil el día a día. En esta ocasión, para mirarnos al espejo. Más que algo de la ciencia ficción, se trataba de hacer más simple nuestra cotidianidad.

Básicamente consistía en un espejo de mano que integraba una batería. A petición del usuario, el espejo podía iluminarse para vernos mejor. En la patente explica cómo se colocaba el cableado y la bombilla incandescente para lograr su propósito.

Obviamente, este invento no llegó a buen puerto. Aunque la idea era buena, y hoy en día tenemos equivalentes similares gracias a la miniaturización de la iluminación con la tecnología LED que permite iluminar cualquier elemento o superficie, desde televisores a espejos inteligentes o cualquier otro dispositivo diminuto.

Estos son solo algunos de los inventos electrónicos, curiosos y extraños que pensó y patentó Hugo Gernsback. Pero en su haber hay muchos más, como una fuente de agua accionada con electricidad, unos auriculares para hablar por teléfono, un parachoques electromagnético para facilitar el aterrizaje de aviones o un sistema de pesca hidráulico. Ideas que en muchos casos no llegaron a hacerse realidad y que en otras ocasiones se limitaron a ilustraciones publicadas en sus revistas de ciencia ficción y divulgación científica.

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