Laura estaba en el gimnasio. Una chica se le acercó y le propuso tomar un café después del entrenamiento. Quería hablarle de un grupo de mujeres. Así fue cómo Laura conoció por primera vez la existencia del telar de los sueños, una estafa piramidal con aires de secta que se ha expandido por Latinoamérica y España. Con la idea de economía solidaria como gancho, las mujeres tienen que pagar 1.200 euros para entrar en un grupo del que se promete salir con esa cantidad multiplicada por ocho. La realidad, sin embargo, es distinta.

En la cafetería a la que Laura fue con su compañera del gimnasio, escuchó por primera vez sobre esta estructura que se cobija bajo el manto del feminismo, “de la idea de independencia, de las mujeres al poder, de liberarnos y de ser solidarias en la economía”, explicó Laura a Hipertextual. Estaba desempleada y aunque era reacia al funcionamiento del telar de los sueños, al final ganó la esperanza de que ese sistema la ayudara económicamente. “En el fondo de mi corazón sabía que todo eso irreal, pero me convenció el hecho de pensar que había otras mujeres haciéndolo y que decían que les daba resultados”.

Después de esa primera reunión, Laura se unió a las reuniones con otras mujeres que formaban su ‘telar’. “Te invitan a una reunión primeriza y allí te muestran la hermandad entre las mujeres, todas ellas son actrices que son conocidas. Forman parte de la industria del entretenimiento y eso me daba confianza”, recordó. Además, el hecho de pensar que podía conseguir dinero la ayudaba a soñar con todo lo que podría hacer con los ingresos que recibiría. Allí fue donde le explicaron a Laura el funcionamiento del telar de los sueños.

La estructura dentro del telar de los sueños

Para la estructura se necesitan 15 mujeres, que se dividen de forma jerárquica en forma de flor. El primer estamento son aquellas a las que se les denomina “fuego”, que son las que donan 1.200 euros con el objetivo de recupere la inversión multiplicada por 8. Las mujeres “aire” son las 4 que tienen la función de captar a las que donan el dinero, o sea, las “fuego”. Otras dos mujeres, denominadas “tierra” están enfocadas a apoyar el sistema, mientras que la mujer “agua” es la que recibirá el importe total.

La pandemia ha forzado a las sectas a unirse a las redes sociales para ‘captar’ a más personas

La estructura es piramidal porque las mujeres van cambiando y pasan de ser “tierra” a “agua” y las “aire” a “tierra”. Así sucesivamente. El problema es que más que una estructura es una estafa piramidal en la que una mayoría de mujeres no han recibido ni siquiera el importe que donaron al principio. Para Laura, más allá de haber perdido dinero, lo peor fue la desilusión porque “confiaste en unas mujeres que se suponía que te estaban respaldando”.

La historia de Laura empezó en 2019, mucho antes de la pandemia. En su caso, las mujeres la ‘captaron’ en el gimnasio y antes de unirse al telar de los sueños, la colombiana fue a varias reuniones físicas en las casas de algunas chicas que ya formaban parte del grupo. Pero si el coronavirus ha cambiado muchas cosas, también lo ha hecho con la forma en la que las sectas intentan convencer a más personas.

Primer paso: mensaje directo en Instagram

A Sandra la contactaron el diciembre pasado por un mensaje privado de Instagram. No conocía a la persona que le enviaba el mensaje, quien fue muy directa. “Hola, te invito al telar de los sueños”. Al principio, Sandra mostró su interés pero, por suerte, la cosa no fue más allá.

El próximo paso hubiera sido una reunión por Zoom. Sandra no llegó a este paso, pero sí Sinny Navarro. Una conocida le habló de un círculo de apoyo entre mujeres. Más o menos el mismo discurso que convenció a Laura pero, en lugar de ser una reunión física, era por Zoom debido al coronavirus. “La chica me presentó y no habían pasado ni 2 minutos cuando me pidieron 1.440 dólares para formar parte del círculo y explicarme cómo funciona”, explicó Sinny Navarro.

La conocida de Sinny también le habló del telar de los sueños a través de un mensaje directo de Instagram pero no le dio detalles sobre el objetivo real de la reunión a la que le estaba invitando. “En esos días yo recién había publicado mi libro de poesía y ella me lo pintó como un grupo de apoyo en el que las chicas me apoyarían comprando mi libro y yo tenía que apoyarla a ellas en sus proyectos”, afirmó Sinny a Hipertextual, “y por eso acepté, porque nunca me habló de dinero y yo ya he estado en círculos reales de apoyo feminista y me pareció que era lo mismo”.

A través de Zoom, las mujeres le empezaron a contar a Sinny cómo funcionaba el telar de los sueños. Desde el principio notó que había gato encerrado porque le pidieron que no buscara nada en Google sobre ellos, “que todo era falso”. Por supuesto, todas las experiencias personales eran maravillosas y las mujeres contaban cómo gracias al grupo habían conseguido cumplir sus sueños. “Intentaron convencerme diciendo que yo tenía que practicar el desapego al dinero, increíblemente, mientras por otro lado parecían sedientas del mismo”.

Las sectas se ‘digitalizan’

Engin Akyurt/ Unsplash

Los mensajes por redes sociales y las reuniones por Zoom han sido la tónica en los últimos meses de ‘sectas’ como el telar de los sueños. Luís Santamaría, investigador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), explicó a Hipertextual que por las medidas y distanciamiento social, muchas sectas que no habían dado el paso a lo digital, o tenían una actividad escasa o nula en las redes sociales, han tenido que ponerse las pilas y meterse en este entorno en pocos días.

Un ejemplo claro, continuó Santamaría, “es el de los testigos de Jehová, que, aunque ya llevaban unos años de inmersión en Internet y los contenidos multimedia, se han visto obligados a pasar a modo virtual en sus reuniones semanales”. Además, han cambiado las visitas a las casas por mensajes de correo electrónico, llamadas y hasta cartas para llegar a la gente de su entorno. “También hemos percibido que ha aumentado su acercamiento a las personas a través de WhatsApp y otros sistemas de mensajería”.

Para la RIES no hay duda de que la pandemia ha cambiado los métodos de captación, manipulación y adoctrinamiento de los líderes sectarios. Pero, a pesar de que las estrategias de persuasión a través de encuentros físicos ya no son posibles, “siguen siendo capaces de manipular a las personas y aprovecharse de ellas para los propósitos del grupo”, alertó Luís Santamaría.

“El uso de las nuevas tecnologías es un apoyo grande para su aplicación de técnicas de abuso psicológico que llevan a acabar con la libertad y la dignidad del adepto, aunque esté lejos, pues podrá ser controlado y adoctrinado a golpe de Whatsapp”.

Luís Santamaría, investigador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES)

Coronavirus: el escenario perfecto para el telar de los sueños

Tiempos de pandemia son también buenos tiempos y el caldo de cultivo perfecto para el fenómeno sectario. Las sectas siempre se han aprovechado de las debilidades y vulnerabilidades de las personas, sobre todo de aquellas que estaban pasando por un mal momento. En medio de una pandemia que ha tambaleado nuestras vidas, las tensiones aumentan. “Es fácil ver que este momento es especialmente apropiado para que los captadores de estos grupos salgan al encuentro de personas que ahora mismo viven con miedo y desesperanza. También es un momento para que haya más personas buscando respuestas”, alertó Santamaría a Hipertextual.

El investigador comentó que mientras que las sectas de tipo religioso han intensificado sus mensajes sobre el cumplimiento de sus profecías, las dedicadas al crecimiento personal y al potencial humano ofrecen soluciones a los problemas que estamos viviendo. A pesar de que es difícil hacer cálculos sobre un aumento de las personas que han sido ‘captadas’ para las numerosas sectas que existen, desde RIES sí han notado un incremento. Ya sea porque han dado el paso de comprometerse más con la secta con la que estaban ‘coqueteando’ o que han encontrado un grupo que les ofrece una respuesta a los problemas actuales, el hecho es que, por desgracia, la pandemia no ha logrado frenar la influencia de las sectas alrededor del mundo.

En el caso específico del telar de los sueños, Luís Santamaría subrayó que han dedicado un informe específico para explicar en qué consiste esta estafa piramidal. “Este caso, que cada vez afecta a más personas (sobre todo mujeres), nos muestra el carácter mimético del fenómeno sectario, que no se limita a lo religioso o a lo espiritual, sino que adquiere diversos rostros según los públicos a los que va dirigido”, concluyó el investigador.

Aprender a las malas

Pueden contactar por mensajes privados de Instagram, por WhatsApp o invitarte a una reunión de Zoom. O hablar contigo en un entrenamiento del gimnasio. Todos los ambientes son propicios para intentar ‘reclutar’ a mujeres en el telar de los sueños y para convencerte de que este grupo conseguirá que seas más feliz y que cumplas tus sueños.

Con Laura lo consiguieron. Ahora, tiempo después de que saliera del telar y cortase toda la relación con las mujeres que la metieron en la ‘secta’, reconoce que quiso autoengañarse y pensar que podría ganar dinero a través del telar de los sueños. “Cuando uno mira a fondo, la economía solidaria tiene otras bases y otra forma de aplicarse a la realidad. Yo incluso leí sobre eso antes de donar mi plata pero no quise hacer caso”, se sinceró.

A pesar de que la pesadilla de Laura empezó en 2019, no ha sido hasta este enero que ha podido deshacerse completamente de esa experiencia. Para pagar los cerca de 1.200 euros que exige el telar de los sueños para entrar en la estructura de pago solidario, Laura tuvo que pedir un préstamo en el banco porque en ese momento estaba desempleada.

La inversión que le prometieron que recibiría nunca llegó y cumplir con las cuotas se hizo cada vez más difícil. Hasta una amiga tuvo que prestarle dinero para poder al banco. Al fin, en enero de 2021, terminó de pagar el préstamo. “Han pasado dos años. (El telar de los sueños) afectó a mis ahorros, a mi estabilidad económica y a mi subsistencia”, recordó Laura. También a su estado anímico. “Es una etapa de mi vida de la que me arrepiento completamente, de haberles creído, de haber sido tan ingenua. Me enseñó mucho, aunque aprendí a las malas”.

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