Las vacunas contra el coronavirus de Pfizer-BioNTech y Moderna, las primeras que han logrado su aprobación en buena parte del mundo, tienen mucho en común. Son las más caras, pero también las que han logrado un mayor porcentaje de eficacia. La de Pfizer requiere temperaturas especialmente bajas para su conservación. Para Moderna no es necesario un frío tan extremo, aunque también necesita temperaturas bastante reducidas. Pero, sin duda, si hay algo en lo que se parecen es que ambas usan una tecnología basada en el ARN mensajero. Esto es algo muy novedoso, de ahí que haya generado numerosas reticencias entre la población. Pero deberíamos ir acostumbrándonos, pues no serán las últimas. De hecho, en plena vorágine del plan de vacunación, BioNTech ha presentado los primeros datos sobre una vacuna contra la esclerosis múltiple que utiliza este mismo mecanismo.

Cabe destacar que la esclerosis múltiple no es una enfermedad infecciosa. Es decir, no hay ningún virus, bacteria o cualquier otro organismo que la cause. En realidad es un trastorno autoinmune, que se da cuando el sistema inmunitario de los pacientes ataca a sus propios tejidos. En este caso actúa sobre la mielina que recubre las fibras nerviosas. Pero precisamente el hecho de que esta sea una tecnología para el desarrollo de vacunas tan novedosa, que no implica el uso de microorganismos atenuados, la convierte en una opción más versátil, útil en este tipo de enfermedades.

¿Cómo funciona la vacuna contra la esclerosis múltiple?

Esta vacuna contra la esclerosis múltiple ha sido presentada recientemente en un estudio publicado en Science.

Cabe destacar que de momento solo se ha probado en modelos de ratón, por lo que los resultados, muy positivos, deben tomarse con cautela. Su funcionamiento es similar al de otras vacunas basadas en esta herramienta. El ARNm es una molécula que contiene las instrucciones para sintetizar proteínas concretas.

En el caso de la vacuna contra la COVID-19, por ejemplo, favorece la síntesis dentro de las células de la proteína S, presente en el virus. De este modo, el sistema inmunitario creerá que se ha producido una infección y desplegará su batallón defensivo, dejando al organismo preparado para un futuro ataque real del patógeno.

En el caso de la vacuna contra la esclerosis múltiple en realidad lo que se consigue es frenar a ese mismo sistema inmunitario. El ARNm porta las instrucciones para la síntesis de autoantígenos reconocidos por el sistema inmunitario.

En los pacientes con esta enfermedad esos autoantígenos de la mielina se unen a unas células, llamadas células presentadoras de antígenos. Estas son las que, como su propio nombre indica, se lo presentan a los linfocitos T y el resto de células defensivas, que inician la respuesta inflamatoria causante del amplio abanico de síntomas de la enfermedad. Por eso, al introducir en el organismo análogos de esos antígenos se bloquea el proceso, ya que las células presentadoras están ocupadas con ellos.

Buenos resultados en ratones

Los ratones utilizados en el estudio mejoraron notablemente al recibir la vacuna contra la esclerosis múltiple.

Concretamente, se logró prevenir la enfermedad sintomática y, en aquellos que se encontraban aún en fases muy tempranas, se redujo su progresión y se restauraron las funciones motoras. Además, se observó que el proceso no afectaba a otros antígenos, por lo que se evitaban efectos como los producidos por otros fármacos inespecíficos, que generan una inmunosupresión generalizada en los pacientes.

Aún queda mucho que estudiar, por supuesto. Hay muchas investigación por recorrer hasta saltar de roedores a humanos. Sin embargo, estos datos son suficientes para comprender que la tecnología del ARN mensajero ha llegado para quedarse y que aún tiene muchas buenas noticias que darnos. No solo en lo concerniente al coronavirus.

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