El cangrejo de herradura podría ser una víctima colateral de la búsqueda de la vacuna de la COVID-19. Y ahora sabemos que algo similar sucede con los tiburones ya que el escualeno se está utilizando para hacer estas vacunas. Pero, ¿qué es el escualeno? ¿Por qué se utiliza para la vacuna? ¿Están realmente los tiburones en peligro?

El escualeno es una «sustancia de origen natural presente en plantas, animales y seres humanos», explican desde la Organización Mundial de la Salud (OMS). «Se elabora en el hígado de todas las personas y circula por la sangre». Además, también está presente en distintos alimentos, productos cosméticos y otros productos. Pero el escualeno se extrae del aceite de pescado. «Y, en concreto, del aceite de hígado de tiburón«, que tras purificarlo, se utiliza en productos farmacéuticos. Y sí, también en vacunas, señala la OMS.

De hecho, como explican desde Gizmodo, una de las grandes farmacéuticas de Reino Unido, GlaxoSmithKline, utiliza escualeno de tiburón en las vacunas contra la gripe. Pero va a más: van a fabricar mil millones de dosis de escualeno para su uso potencial para la vacuna de la COVID-19.

Y es que el escualeno es un componente de ciertos adyuvante. Pero, ¿esto qué significa? Los adyuvantes son sustancias que se añaden a las vacunas para «mejorar la respuesta inmunitaria». El escualeno en sí mismo no es un adyuvante, matizan desde la OMS, pero «las emulsiones de escualeno con sustancias tensioactivas mejoran la respuesta inmunitaria». Esto significa que hace la respuesta del sistema inmune más fuerte.

¿El principal problema? El escualeno se extrae de los tiburones directamente. Esto significa que hay que hacerse con una gran cantidad de tiburones para poder hacer este componente de las vacunas de la COVID-19. Para una tonelada de escualeno se necesitan alrededor de 3.000 tiburones.

¿Están los tiburones en peligro por la vacuna de la COVID-19?

Para producir la vacuna se necesitarán alrededor de 250.000 tiburones. No obstante, eso sería para una solo dosis, si necesitamos una segunda, el número de tiburones necesarios para hacer las vacunas de COVID-19 será aún mayor: unos 500.000 especímenes tendrán que ser sacrificados. ¿Podría poner en peligro a estos animales?

Los datos publicados por la Sociedad de Profesionales de Asuntos Regulatorios (RAPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que de las 176 vacunas candidatas en evaluación clínica y preclínica, 17 usan adyuvantes, explican desde Vice. «Y según una investigación de la organización estadounidense sin ánimos de lucro Shark Allies, al menos cinco de esos adyuvantes están basados ​​en escualeno de tiburón«.

Desde Shark Allies cuentan que esto puede ser un grave problema para esta especie. La fundadora y directora ejecutiva, Stefanie Brendl, apunta lo siquiente:

«Cosechar algo de un animal salvaje nunca será sostenible, especialmente si se trata de un depredador superior que no se reproduce en grandes cantidades. Hay tantas incógnitas sobre cuánto tiempo podría durar esta pandemia, y luego cuántas versiones de la misma tenemos que atravesar, que si continuamos usando tiburones, la cantidad de tiburones capturados para este producto podría ser realmente alta, año tras año».

No obstante, Brendl matiza. El problema no es que ahora mismo se vayan a matar a 500.000 tiburones para fabricar la vacuna contra la COVID-19 sino que es un componente que podría usarse en los próximos años para estas vacunas y eso sí pondría en peligro nuestro ecosistema.

«Es algo que tenemos que adelantarnos lo antes posible, porque nos enfrentamos a muchos años de producción de vacunas, para una población mundial, para que vengan muchas más vacunas contra el coronavirus», contó Brendl a Vice. «El peligro real está en lo que esto puede convertirse en el futuro. Depender del aceite de tiburón para una vacuna mundial es realmente una locura. Un animal salvaje no es una fuente confiable y no puede soportar la presión comercial continua. Y la sobrepesca de tiburones a nivel mundial ya se encuentra en niveles críticos«, explica.

Los tiburones blancos, los tiburones martillo y los tiburones ballena en peligro de extinción son, además, los que más se usan para extraer este aceite. A conservacionistas como Brendl les preocupa que una vacuna de la COVID-19 sea dependiente de escualeno, ya que esto significaría un mayor desastre para las especies de tiburones que ya se encuentran en niveles críticos.

Mientras la vacuna para la COVID-19 se desarrolla, no podemos dejar de lado nuestros ecosistemas. Un mundo sin tiburones podría tener unas consecuencias peores de las que imaginamos. Quizás es el momento de encontrar otras formas de producir el escualeno.

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