El 14 de septiembre de 2015, los científicos detrás del proyecto de colaboración entre los detectores LIGO y Virgo observaron algo que quedaría marcado para siempre en la historia de la ciencia: la primera onda gravitacional. El hallazgo se hizo público un año más tarde, en febrero de 2016, un siglo después de que Einstein predijera su existencia de un modo totalmente teórico. Desde entonces, el catálogo de ondas gravitacionales detectadas ha ido creciendo, cada vez más rápido.

En su última versión, perteneciente a las dos primeras series de observación, había un total de 11. Si la cantidad de ondas de este tipo halladas desde entonces hubiese seguido la misma tendencia, hoy podríamos hablar de apenas dos o tres más. Sin embargo, en la actualización O3a, en la que se engloba el primer semestre de la tercera serie, se han añadido otras 39, alcanzando un total de medio centenar.

Un catálogo de ondas gravitacionales muy variado

A grandes rasgos, todas estas ondas tienen un origen similar: la fusión de dos objetos muy compactos, como agujeros negros o estrellas de neutrones.

Sin embargo, una mirada más exhaustiva permite observar que en realidad todas son muy diferentes entre sí y que algunas son realmente excepcionales. En la última actualización del catálogo de ondas gravitacionales ya había cuatro muy especiales.

Para empezar, GW190412 fue la primera observación de una fusión de agujeros negros binarios donde los dos agujeros negros tienen masas claramente diferentes. A continuación, se anunció la detección de GW190425. En su caso, se considera especial porque, muy probablemente, se corresponde con la segunda observación de una fusión de estrellas de neutrones binarios. Luego, el pasado mes de septiembre, fue una gran noticia el hallazgo de GW190521. Esta destacó por ser el resultado de la fusión de agujeros negros binarios más grande con una masa total de 150 soles. Además, es la primera observación del nacimiento de un agujero negro de masa intermedia. Finalmente, se incluye GW190814, originada por la fusión de un agujero negro de 23 masas solares con un misterioso objeto 9 veces más ligero.

Una nueva forma de nombrar

Las recientes incorporaciones del catálogo de ondas gravitacionales se han bautizado en base a una nueva forma de nomenclatura. En ella, se incluye al final la hora UTC en la que tuvo lugar la detección. De todas ellas, destacan dos.

La primera es GW190426_152155, que podría ser el resultado de una fusión entre un agujero negro de alrededor de seis masas solares y una estrella de neutrones. Por desgracia, la señal es muy débil, por lo que no se puede saber con seguridad.

Destaca también GW190924_021846, por provenir de la fusión de los dos agujeros negros más ligeros observados hasta ahora, uno de seis masas solares y otro de nueve.

Sí que es cierto que hay ondas procedentes de la fusión de objetos menos masivos, pero no está claro que sean agujeros negros.

¿Cómo han conseguido tantas nuevas incorporaciones?

Todos estos hallazgos han sido posibles gracias a varias mejoras tanto en los dos detectores de LIGO como en el Virgo. Según ha explicado en un comunicado Karsten Danzmann, director del Instituto Max Planck de Física Gravitacional y del Instituto de Física Gravitacional de la Universidad Leibniz, destacan los láseres de alta potencia, los nuevos espejos y la reducción de las fuentes de ruido de fondo.

Así, han llegado a detectar nuevas señales de ondas gravitacionales aproximadamente una vez cada cinco días durante seis meses.

Las próximas incorporaciones al catálogo de ondas gravitacionales serán aquellas recogidas durante el periodo O3b, que duró desde noviembre de 2019 hasta marzo de este mismo año. De momento hay 23 candidatas, aunque todavía no se ha confirmado que ninguna pueda calificarse definitivamente como tal. Los científicos detrás de los detectores implicados en el proyecto se encuentran actualmente revisando los datos. ¿Habrá algún otro caso excepcional que quizás desafíe las leyes de la física que conocemos? Será necesario esperar para saberlo.