Lo primero que sorprende en el documental John Was Trying to Contact Aliens, de Matthew Killip y disponible en Netflix, es su inocencia. Hay un indudable aire de tierna percepción sobre la ingenuidad y los sueños, que Killip muestra a través de una mirada amable sobre la remota zona al norte de Michigan (EE.UU.) que desea mostrar como contexto a su historia.

Las casas tienen el mismo aspecto que cuatro o cinco décadas atrás, las personas sonríen con timidez a la cámara y, al final, hay algo de exuberancia infantil en la búsqueda de identidad que el director trata de lograr a través de su buen uso del dolor y del ritmo. Es entonces cuando el verdadero protagonista del film aparece: un barbudo y sonriente John Shepherd, que intenta hacer contacto con inteligencia alienígena a través de la música.

¿Te parece una premisa extraña? Sin duda lo es, pero Killip logra sostener el discurso del argumento gracias a su capacidad de mostrar lo insólito como un acto de la naturaleza. John buscaba contactar — comunicarse — con los inteligencia extraterrestre, sino de alguna forma, comprender el fervor y el poder del acto de comprender al otro desde las pocas cosas que pueden convertirse en un puente entre puntos irreconciliables. De hecho, Killip asume de inmediato que la soledad de su protagonista, es de hecho el motor impulsor en busca de algo más profundo que la mera idea de una fantasía disparatada. John busca una respuesta en el silencio del cosmos pero también, una manera de comprender su propio mundo interior.

Y es ese paralelismo, lo que logra que John Was Trying to Contact Aliens sea una triunfo de economía de recursos y de inteligencia narrativa. Lo poco que cuenta, lo hace bien y además con una profunda contención emocional que brinda al corto una cuidadosa mirada sobre la naturaleza humana. “Mi mente viajaba por el cosmos” dice John a la cámara, con los ojos bien abiertos y asombrado por su audacia de soñar más allá de los límites físicos que debe acatar. Pero este ex astrónomo de barba gris y figura encorvada parece haber puesto todo el empeño y el poder de su imaginación en dotar a su vida de una aventura imaginaria que llenó cada espacio vacío y todas las carencias que pudo haber sufrido en medio de su experiencia como hombre gay en un pueblo pequeño.

Para John, mirar las estrellas en busca de respuestas es también un recorrido doloroso por su pasado, el aislamiento emocional y la pérdida. Todo bajo la percepción angustiosa y temible de una soledad que se extiende durante buena parte de su vida.

John Was Trying to Contact Aliens y la fuerza de los deseos

Pata Killip es de especial importancia comprender el poder que el proyecto quimérico que John escogió para vivir tenga una consistencia vivencial, y buena parte del documental dedica su tiempo a mostrar como, su ahora anciano protagonista, sigue con firmeza su decisión de buscar en su observación interestelar lo que no encontró en el mundo que le rodea.

Mientras tanto, el documental se nutre del gusto musical de John y muestra la música que ex astrónomo escogió para comunicarse con lo desconocido. Desde el jazz de B.B King, Afrobeat, música indonesia de gamelán y la electrónica ambiental de Tangerine Dream hasta Harmonia y Kraftwerk, John escogió con cuidado cada pieza que tendría la insólita misión de conectar su mundo con el que — en su imaginación — habita al otro lado de las estrellas. El resultado es un registro conmovedor, humano y disparatado sobre la búsqueda del ideal y en especial, la forma en que todos asumimos nuestras pequeñas grandes obsesiones.

No se trata de que la música es un lenguaje universal que conecta diversos momentos de la vida de John con su propósito de efectivamente, establecer comunicación con posible inteligencia cósmica, sino también, la forma en que el protagonista y centro motor del documental, logra crear una larga aventura musical e íntima, para contextualizar lo que convirtió en su misión más personal.

Se trata de dedicación, pero también paciencia, amor, entusiasmo, una decidida determinación a creer en lo imposible, en lo asombroso y al final de todo, en lo desconocido. John, que el documental muestra como un moderno Quijote con aspiraciones científicas, es también la encarnación de la buena fe, del tránsito entre los sueños adolescentes y el desencanto de los primeros años de la adultez, hasta una mirada conmovedora de la desesperanza de la vejez. Todo mientras John hace más poderoso y sentido su propósito se convierte en un héroe de gestas mínimas y termina por celebrar al mundo como un lugar más compasivo e ingenuo del que podría imaginarse.

En un momento dado, el documental cambia de tono y de ritmo para enfocarse de la rareza de John a a la maravilla de su intención de crear con los pocos recursos a su alcance, una experiencia formidable a la que sostiene sobre cada idea y cada forma en que concibe lo que le rodea. John es un hombre solitario y aislado, pero también, mira a las estrellas con los ojos muy abiertos, en busca de esa señal que dará sentido a treinta años de búsqueda.

Un mayor sentido al aislamiento de su niñez, al hombre tímido en que se convirtió y la búsqueda de un idioma universal que uniera a la tierra con el cielo. Con una honestidad que desborda y termina por ser el foco más importante de la película, John termina por aceptar que “hacer contacto” con vida aligenígena es el primer escaño hacia algo más poderoso y emocionante.

Tal vez el verdadero secreto de esta historia entrañable en su misteriosa dulzura.

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