Si bien en la actualidad no existe ninguna cura para la demencia, detectarla a tiempo puede mejorar mucho la calidad de vida de los pacientes que la sufren. Por eso, es importante conocer cuáles son los primeros síntomas o puntos que flaquean. A día de hoy se sabe que existe una gran relación entre deterioro de los sentidos y demencia.

Sin embargo, no se conoce con claridad si es este deterioro el que genera la degeneración cognitiva o si en realidad son procesos diferentes de una misma patología. Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de San Francisco ha llevado a cabo un estudio, publicado hoy en Alzheimer’s and Dementia: The Journal of the Alzheimer’s Association, en el que se esclarece en cierto modo qué es lo que ocurre. Además, arroja pistas para la detección temprana de esta patología a través de “señales” como el olor de un buen ramo de rosas.

Sentidos y demencia: una relación confusa

Estudios anteriores han sacado a la luz una relación entre deterioro de los sentidos y demencia. Esto ocurre a prácticamente todos los niveles, desde la vista hasta el olfato, pasando por el oído y el tacto. Sin embargo, no está claro en qué orden se dan los acontecimientos.

En el caso de la vista y el oído, se concibe como lo más probable que la degeneración de alguno de los sentidos, o de ambos, conduzca al deterioro cognitivo y la demencia por el aislamiento que supone no ver ni oír correctamente. Por otro lado, se cree que ambas cuestiones podrían ser el resultado de otro tipo de patologías, como un accidente cerebrovascular. ¿Pero pasa esto también con el resto de sentidos?

Para dar respuestas a esta y otras cuestiones hicieron un seguimiento de la salud de 1.800 pacientes con edades comprendidas entre los 70 y los 80 años. Cuando comenzó el estudio ninguno tenía síntomas de demencia. No obstante, una década más tarde 328 de ellos (un 18%) la habían desarrollado en mayor o menor medida.

Olor a rosas y limón, el perfume de una buena salud cognitiva

A pesar de que la pérdida de vista y audición pueden considerarse más incapacitantes, el estudio captó una mayor relación entre otros sentidos y demencia.

De hecho, el que influyó de una forma más intensa fue el olfato. Concretamente, los pacientes que perdieron un 10% de este sentido tuvieron una probabilidad de desarrollar demencia un 19% por encima de los que no lo hicieron. Este puede parecer un incremento bajo, pero es mucho mayor que el de visión, tacto y oído, que se situó en todos ellos entre un 1% y un 3%.

Según ha explicado en un comunicado la primera autora del estudio, Willa Brenowitz, esto se debe probablemente a que el bulbo olfativo es una de las regiones cerebrales que se ven afectadas más temprano en los procesos demenciales.

Todas estas conclusiones se obtuvieron después de realizar a los participantes cada dos años una prueba de evaluación sensorial, que en el caso del olfato analizaba su capacidad para detectar olores fuertes, como las rosas, el limón, el disolvente o la cebolla.

Quienes captaron mejor estos aromas tuvieron una mayor probabilidad de continuar con una buena salud cognitiva. He ahí otra razón para regalar rosas a nuestros abuelos, comprobar qué tal las huelen.

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