Greyhound
– Jul 10, 2020, 17:01 (CET)

‘Greyhound’ con Tom Hanks a bordo: un buque que se hunde en lo superficial

Después de una larga serie de inconvenientes, la película Greyhound dirigida Aaron Schneider y protagonizada por el oscarizado Tom Hanks se estrena hoy en Apple Tv+. No obstante, a pesar de todas las expectativas que despertó a su alrededor, el film es una poco sólida reinvención del usual drama con más momentos tediosos que de interés.

Que Tom Hanks sea parte de cualquier elenco siempre es una buena noticia y eso podría explicar la curiosidad general alrededor del estreno del drama bélico Greyhoundn dirigido por Aaron Schneider, y cuya fecha de llegada a las pantallas de cine fue pospuesta por meses debido al coronavirus. Finalmente terminó por engrosar el catálogo del canal por suscripción Apple TV Plus en un movimiento de Sony que sorprendió a los fans y levantó algunos rumores sobre la calidad del argumento en la prensa especializada.

Al parecer, los comentarios que indicaban que el estudio no estaba seguro de la calidad del producto final dirigido por Schneider no se equivocaban: la película basada en la novela del ’55 del escritor CS Forester, The Good Shepherd, es un drama débil, desprovisto del menor interés y lo que parece aun más desconcertante: que desaprovecha una historia sólida y un elenco extraordinario en medio argumento confuso y la mayoría de las veces, lleno de incongruencias.

La clásica historia

La historia del solitario y hostil Ernie Krause. Un comandante Naval de duro carácter y con una complicada vida interior que deberá enfrentar una colosal batalla naval. La historia se transforma, en manos de Schneider, en una visión tópica y repetitiva sobre la guerra, los rigores de la violencia y al final, la lealtad y la fortaleza espiritual.

Más allá de la actuación de un comedido Hanks, el film no tiene ninguna capacidad para emular la larga travesía moral e intelectual de su personaje en medio de una situación extrema. Y en realidad, es más una combinación de lugares comunes, entremezclados con una ambiciosa puesta en escena y un tono grandielocuente que hace más evidente, la necesidad de un argumento poderoso que le sostenga.

Para Schneider, lo más importante es la espectacularidad de la batalla que desea mostrar y quizás sea ese interés repetitivo en lo que se muestra antes de la sustancia de lo que narra, lo que hace que Greyhound se debata entre una cuidadosa visión sobre el caos océanico al que Krause hará frente. De hecho, toda la película está más interesada en lo ocurre más allá del personaje que en su mundo interior, por lo que las constantes insinuaciones de su fortaleza, habilidad y conocimiento, parecen sostenerse solo de una serie de ideas a medio completar que Schneider no logra calzar en ninguna parte.

En 90 minutos, el director intenta contar una historia que transcurre en una única dimensión y bajo un único aspecto, mientras que los personajes terminan por desaparecer en la brillante patina y radiante belleza de las tomas cuidadosamente orquestadas.

No todo vale

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Pero el brutal y llamativo escenario no es suficiente para contar una historia profunda, extraña y dolorosa que podría ser algo más que un despliegue de habilidad técnica.

El Krause de Tom Hanks no tiene profundidad, ni el guion se preocupa porque pueda tenerla: está más interesado en todo lo que ocurre en el puente y el mar, en medio de la situación extraordinaria, que incluso resulta inverosímil a medida que la cámara la mira desde cierta distancia fría. El buque Greyhound capitaneado por Krause protege a un convoy de 37 barcos que transportan suministros y personal a Inglaterra en plena Segunda Guerra Mundial y que, como no podía ser de otra forma, son atacados por submarinos alemanes.

Pero Schneider carece de la habilidad para hacer de la brillante puesta en escena algo más que un requerimiento de atención visual, llena de una nutrida sucesión de explosiones, gritos, disparos y sacudones sobre las olas cada vez más monstruosas. Pero a diferencia de otros dramas en las que Guerra es el punto focal de la narración, Schneider olvida el elemento humano o mejor dicho, lo incorpora de manera torpe en la percepción de la violencia de la conflagración.

Greyhound: la batalla como centro de todo

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La obsesión de Schneider por la batalla — que sin duda, construye paso a paso con una mirada elocuente y casi teatral — termina por invisibilizar cualquier otra dimensión de la historia. Krause podría existir o no y el buque Greyhound avanzaría raudo y poderoso a través del mar embravecido.

A pesar de los esfuerzos de Hanks, el personaje se recude a unas cuantas frases sin mayor consistencia y de hecho, a una imagen sustancial del típico héroe esforzado, que para el tercer tramo de la película es evidente que no se trata de otra cosa que un estereotipo, al que el actor trata de dotar con esfuerzo de alguna relevancia narrativa.

Resulta lamentable que la capacidad de la novela para mostrar la forma en cómo Krause es un hombre falible, pero con la voluntad suficiente para luchar contra lo inevitable, se reduzca a un puñado de escenas en la que Tom Hanks muestra a su personaje entre preocupado y alienado por una voluntad superior de triunfar, a pesar de las adversidades.

Hanks hace un trabajo digno y, por supuesto, protagoniza varias de las escenas más memorables de la película. No obstante, Greyhound termina hundida en una batería de extraordinarios efectos especiales, que aunque resultan creíbles no son otra cosa que una sucesión incompleta de escenas desestructuradas y carentes de una línea que las sostengan como narración. Al final, la epopeya es solo el brillo disparejo de algo que se anuncia más colosal, sin que lleguemos a verlo en realidad.