– Jul 13, 2020, 23:30 (CET)

A diez años de ‘Inception’: la extraña mirada de Nolan sobre la realidad sigue vigente

Inception de Christopher Nolan cumple diez años de haber sido estrenada y de quizás, abrir las puertas a un tipo de ciencia ficción filosófica para la cultura de masas, que hasta entonces, había sido imposible de imaginar. Con su intricada trama, un elenco multiestelar y en especial, su visión sobre la tragedia, los dolores existenciales y las heridas espirituales incurables, el director británico creó una visión sobre el tiempo y lo onírico que todavía resulta novedosa. 

En sánscrito, hindi, urdu y punjabi la palabra “Cobb” se traduce literalmente como “sueño”. No es casual que Christopher Nolan, obsesionado con los detalles y los dobles discursos en cada uno de sus guiones, bautizara al personaje de Leonardo DiCaprio en la película Inception con el apellido. No solo como una mirada a las profundidades de un intrincado guion, sino también de la esencia misma de una película que depende en su mayor parte, de su capacidad para confundir, emocionar y desconcertar. 

A diez años de su estreno, la que se considera una de las obras cinematográficas de ciencia ficción más poderosas de los últimos años, se ha convertido en un enigma dentro de un enigma, y también en otro de los elementos que sustenta la visión de Nolan sobre el cine.

A mitad de camino entre un manifiesto filosófico y un singular recorrido por la naturaleza humana, Inception es la conclusión de varias ideas que habían obsesionado a su director antes o después y que en la película, encontraron una síntesis perfecta. Con su aire retrofuturista, sus efectos visuales desconcertantes, pero en especial un hilo emocional que atravesaba el complicado guion para conectar lo fantástico con algo más amargo, el film se hizo inmediato el símbolo de un nuevo tipo de propuesta, que sigue sorprendiendo a buena parte del público.

Un universo radiante y extraño

El argumento está plagado de mensajes enigmáticos que sostienen la fama de la película de ser un cuidado juego de espejos, que todavía no ha podido desentrañarse del todo. Si se toma la primera letra de los nombres de cada uno personajes principales — Dom, Robert, Eames, Arthur y Ariadne, Mal Cobb y Saito — se forma la palabra ‘Dreams’, un acróstico misterioso del cual parece sostenerse la idea que el film del Nolan, esconde en su tesitura algo más que lo que muestra a simple vista

Ese de hecho, ha sido el truco del director durante buena parte de su filmografia: ya en Memento (2000), los juegos de palabras y escenarios formaban parte esencial de la propuesta, basada en la memoria y en la distorsión de la realidad. Guy Pearce intentaba recuperar su pasado, mientras el mundo a su alrededor cambiaba y se reconfiguraba a medida que el tiempo transcurría en dos direcciones distintas. En Inception la idea llega a una nueva dimensión y se elabora a través de una serie de percepciones sobre el ser, el inconsciente y los diferentes estratos que sostienen la razón y el pensamiento humano, hasta llegar a algo más singular: la posibilidad que lo que nos rodea no sea otra cosa que una serie de capas superpuestas de información no resuelta.

Una y otra vez, el guion especula sobre la moral escindida, el tiempo como fuente de dolor y los recuerdos como sostén de lo creemos verosímiles hasta crear una estructura monstruosa que termina por consumir la cordura de los personajes y desafiar al espectador a una explicación racional. 

Christopher Nolan ha dicho más de una vez que Inception es una película dentro de una película. O lo que equivale a lo mismo, varias historias complejas contenidas dentro de una mayor: como si se tratara de una de una muñeca Matrioshka, Inception elabora una serie de pequeños y complicados escaños para explorar el misterioso mundo de los sueños, en una fenomenología que transforma lo onírico no sólo en un largo trayecto hacia algo más profundo, sino también, en un incógnita sin respuesta que atraviesa la identidad hacia un punto más oscuro. En la película, los sueños se comparten, como si se trataran de puentes invisibles hacia la naturaleza profunda de los personajes. Las capas en cascada de estructuras de sueños se mueven de un lado a otro y hacia niveles cada vez más inalcanzables de la conciencia. Es entonces, cuando Nolan hace lo que mejor saber hacer: construir una red de información, símbolos y metáforas que confronta al espectador con sus conclusiones y le obliga a cuestionarse cada conclusión sobre lo que ve. 

Nolan traduce la capacidad del cerebro para estratificar ideas hasta un origen sensible, para crear un argumento en que el pasado y el futuro de los personajes se entremezcla en una mirada inquietante sobre la incertidumbre. Nada es lo que parece, en las ciudades de edificios que se curvan y se doblan bajo las leyes de un peso inexplicable y simbólico. Tampoco lo son los personajes, que atraviesan los espacios ingrávidos y dolorosos de los recuerdos ajenos para manipular sus regiones más profundas y sacudir sus decisiones hacia algo más duro. Inception crea un mundo elegante y cada vez más extraño, que enlaza la mente humana con las ramificaciones de los terrores y esperanzas hasta crear algo más ambiguo y tan poderoso, que todavía es motivo de discusión. 

Hojas abiertas, silencios engañosos 

Para la creación de Cobb — que Nolan describía como un ladrón despiadado de esperanzas y sueños — Leonardo Dicaprio decidió leer a Sigmund Freud y lo hizo con tanta atención y por tanto tiempo que el actor admitiría terminó obsesionándose con sus sueños, y también con los de su compañera de reparto Marion Cotillard, que encarnaba a la difunta esposa de Cobb en el metraje. La tensión entre ambos se hizo palpable y al final, ambos lograron una actuación signada por cierto aire trágico, que confesarían tenía una evidente relación con los sinsabores detrás de cámara. 

Nolan tradujo esa extraña versión de las emociones — lograda a partir del análisis de la psiquis de los actores — en una trágica historia de amor, que hizo de la película algo más que un despliegue de asombrosos efectos visuales. La singularidad de la vida y de la muerte, traducidas a través de un paisaje onírico se convirtió en algo más elaborado, que a su vez, conectó la trama, que de alguna u otra forma, sucede de forma simultánea en varios estratos distintos.

La premisa central de la trama podría resumirse en las palabras de Mal (el personaje de Cotillard), que además, se convierte en el hilo conductor entre el mundo y los recuerdos de Cobb y algo más elaborado “Tu mundo no es real”, dice una y otra vez, la ex esposa muerta, que además, se convierte en símbolo de la raíz que conecta la realidad con un elemento más amargo. Poco a poco, la película se desdobla hasta llegar incluso a cinco registros de la realidad, superpuestos entre sí y que narran varias historias en simultáneo. De pronto, el mundo de Nolan es más que una simple conjetura: se enlaza y se sostiene a través de un recorrido cada vez más insólito a dimensiones de la conducta humana, de la percepción sobre el absurdo y al final, lo que nos hace ser simplemente humanos.


 

De todas partes, una mirada absurda

En una de las escenas emblemáticas de la película, Cobb explica la naturaleza ambigua de los sueños: “Nunca recuerdas realmente el comienzo de un sueño, ¿verdad? Siempre terminas justo en el medio de lo que está sucediendo”. Esa percepción sobre la cualidad inquietante de la naturaleza humana para comprender su realidad, hizo a la película un icono de un tipo de cine en que la verdad y el tiempo son conceptos relativos por necesidad

A la película se le compara con frecuencia con el éxito animado de crítica del 2006 Paprika de Satoshi Kon, que también juega con el espacio de los sueños y que como Inception, tiene un personaje que utiliza el estrato onírico para controlar a otros. 

No obstante, mientras Paprika está más interesada en el aspecto netamente filosófico de los sueños, Nolan lleva a otra dimensión a las habituales Heist movies y convierte a la trama en una búsqueda de significado existencial, con líneas que se conectan entre sí para dialogar sobre la naturaleza humana, los temores, los horrores inconfesables y al final, a cierta antropia relacionada a la “Anarquitectura” de Gordon Matta-Clark. Poco a poco, el subconsciente se desploma en una lenta caída en el caos, que Nolan capta con la elegancia de un paisaje apocalíptico y temible, cada vez más extraño y extraordinario. Todo mientras el tiempo transcurre y los personajes saltan de estrato en estrato onírico en busca de información. 

La sombra de Inception es alargada, tanto como para influenciar al cine y la televisión en dimensiones distintas. Un buen ejemplo de su influencia, es el reciente éxito seriéfilo Dark, que de la misma manera que la película de Nolan, utiliza todo tipo de conceptos filosóficos complejos para reflejar historias simultáneas, que en lugar de ir de un lado a otro del subconsciente de los personajes, atraviesan una larga sucesión de líneas temporales que al final, tienen la misma carga emocional y existencialista de la película del realizador británico. Y al igual que Inception, usa cortes de saltos — en esta ocasión temporales — para describir la sincronía de realidades separadas. 

Diez años después de su estreno, la película continúa en medio de discusiones epistemológicas, existenciales y filosóficas. Incluso, aunque se le suele criticar por su ambición y por la insistencia de Nolan en crear escenarios confusos — algo que parece repetirse en su aun por estrenarse TENET — ,la capacidad del británico para reconstruir la realidad a la medida de una búsqueda de significado específico, continúa asombrando a la audiencia. Un recorrido extraño por una singular versión de lo considerables tangible y veraz.