– Abr 23, 2020, 9:15 (CET)

YouTube cumple 15 años entre el éxito absoluto y la polémica por sus vídeos

La plataforma de vídeos más importante del mundo genera uno de cada diez euros que ingresa Google, lo cual es mucho decir. Sin embargo, en este tiempo las polémicas por sus algoritmos de recomendación no dejan de ir a más. Este es un repaso a la historia de un éxito casi desde sus inicios.

Hay varias estadísticas impactantes para entender la enormidad de YouTube como plataforma en 2020. Como que, de media, cada persona en el mundo pasa cada día 8 minutos viendo sus vídeos; cada segundo sus usuarios suben 8 horas más de nuevos contenidos o que el 37% del consumo de datos móviles mundial se lo lleva su app, que por supuesto figura en primer lugar.

Un día como hoy hace justo 15 años se subía a YouTube el primer vídeo de la plataforma, aún disponible. En él -titulado 'Me at the zoo'- veíamos a un joven veinteañero hablar a cámara sin demasiado que decir frente a la zona de elefantes.

"Bien, entonces aquí estamos frente a los elefantes. Y lo bueno de estos tipos es que tienen unas trompas muy, muy largas, y eso es genial. Y eso es todo lo que tengo que decir."

Jawed Karim en el primer vídeo de YouTube

Aquel chico que no tenía demasiado que decir sobre los elefantes era Jawed Karim, un joven ingeniero que durante las últimas semanas había puesto en marcha junto con Chad Hurley y Steve Chen la misma plataforma a la que ahora estaba subiendo aquel vídeo. Youtube.com fue registrado como dominio el 14 de febrero de 2005 y un mes después ya tenía su primer vídeo. Hoy 'Me at the zoo' se pone como ejemplo de cómo cambió la forma de compartir contenido en internet y cuenta con más de 80 millones de visualizaciones.

De 'Me at the zoo' a la compra de Google: un éxito inmediato

Existen muchas historias sobre qué llevó a Hurley, Chen y Karim a crear Youtube. Los tres se conocieron trabajando en Paypal, y la historia original que trasladaron a los medios es que se les ocurrió durante una fiesta, cuando vieron que no existía la posibilidad de compartir vídeos en internet. Después todos reconocerían que esta sería una versión simplificada de su historia, y que incluso Karim al principio pensó en el potencial del vídeo para crear un sitio web de citas.

De una forma u otra, se puede decir que cayeron de pie. A finales de ese mismo año 2005, YouTube ya contaba con 50 millones de visitas diarias. Una barbaridad teniendo en cuenta el tráfico de aquellos años en internet. Habían dado en el clavo, la gente quería compartir sus vídeos caseros en línea de forma masiva, a lo que se sumó la flexibilidad de su API y sistema para compartir, que logró que muchos grupos de música comenzaran a incrustar sus vídeos de YouTube en las entonces populares páginas de Myspace. La rueda giraba sin parar.

Todo ello produjo como no que los inversores se acercaran pronto. Ese mismo año Warner invirtió en YouTube, pero el gran estirón vino cuando Google lo adquirió en 2006 por la suma de 1.650 millones de dólares. Fue una buena inversión. Hoy YouTube genera eso cada mes solo con su sistema de publicidad.

YouTube genera hoy 1 de cada 10 euros de Google en publicidad

Desde esa época YouTube ha seguido creciendo a un ritmo exponencial, transformando la industria del entretenimiento, de la música y de cómo consumimos contenidos. Como gran parte de los avances de internet, democratizó lo que antes parecía un terreno vedado como el vídeo y su difusión. Y ahí, lógicamente, tiene mucho que ver el fenómeno youtuber.

Ya en 2006 la revista Time dedicó su clásico Person of the year a todos los creadores de internet bajo el titular You con una ilustración que simulaba un canal de YouTube. El fenómeno es inabarcable hoy en día, generando rostros conocidos y puntales para marcas y nuevas formas de patrocinio, algo que, no obstante, no ha evitado que YouTube y sus youtubers tengan continuos tiras y aflojas en los últimos meses por cambios en sus políticas de monetización, o algo de lo que se ha acusado a la plataforma en varias ocasiones y sobre lo que iremos más tarde: la polarización de su contenido.

Google reveló por primera vez en su historia cuánto generaba YouTube como filial el pasado mes de febrero. Más de 15.000 millones de dólares al año solo en publicidad, lo que supone un 10% de los ingresos del gigante por esta vía, que es su mayor producto.

Parte de este éxito, para bien o para mal, ha sido sin sus creadores originales. Hurley, Chen y Karim dejaron la compañía con los bolsillos llenos de acciones en distintas etapas, y Google se ha ido ocupando de situar al frente de la plataforma a distintos gestores, desde 2014, Susan Wojcicki, parte a la que se achaca su crecimiento exponencial pero también algunas de las polémicas de los últimos años.

En cuanto a sus padres creadores, Chen y Hurley intentaron poner en marcha otros sistema de vídeo en internet sin encontrar nada sólido, mientras que Karim, algo más desaparecido, criticó algunas de las prácticas de Google y fundó un fondo de inversión en proyectos universitarios que le hizo ser por ejemplo uno de los primeros inversionistas en Airbnb.

Las dudas sobre algunos productos y las polémicas

Mientras que el crecimiento de YouTube ha generado una nueva clase de millonarios y celebridades, los dolores de crecimiento de la plataforma, y a menudo la relación contenciosa con sus creadores, no ha disminuido a lo largo de los años. Desde el retroceso de la desmonetización hasta los casos de comportamiento tóxico mal manejados, pasando por convertirse en una puerta de entrada para la desinformación, las conspiraciones y el peligro para los niños, YouTube, como muchas empresas digitales, está teniendo que luchar con la forma de vigilar la comunidad en torno a la cual se ha construido.

Buena parte de esto tiene que ver con el diseño de su algoritmo de recomendación. Como todas las plataformas similares, YouTube se focaliza en que sus usuarios se queden más tiempo en ella, y eso lo hace muy bien. El problema, como se ha demostrado, es que se presta a ofrecer a sus espectadores un círculo que puede envolverle en un halo de desinformación. Por ejemplo, si alguien se topa con un vídeo sobre el terraplanismo, le mostrará más. Y da igual que ese primer contenido sea un vídeo riguroso desmintiendo esa creencia.

Este mismo círculo vicioso de recomendación se ha dado y denunciado por usuarios con temas que son mucho más preocupantes, como la pedofilia, o las teorías de la conspiración.

Esta crítica a YouTube también se ha producido desde dentro de la propia empresa. Guillaume Chaslot es un programador francés de 36 años experto en inteligencia artificial que trabajó para Google durante tres años implementando el algoritmo de recomendación de YouTube. Fue despedido en 2013 por desavenencias con la empresa y desde entonces ha colaborado en investigaciones con el Wall Street Journal o el New York Times en las que se ponía de manifiesto el perverso funcionamiento del algoritmo.

“El algoritmo de recomendación no está calibrado para primar lo veraz, sino lo que te hace quedarte más tiempo visualizando vídeos. En cierto modo da la apariencia de que es una realidad que te muestra tus afinidades, pero lo hace de una forma distorsionada”, señalaba Chaslot en una entrevista en The Guardian.

En su blog en Medium Chaslot ahonda un poco más en el problema, que en parte también radica en la gran cantidad de canales que usan la plataforma con el fin de difundir información falsa. Según él ha podido rastrear, YouTube es mucho más propenso a albergar conspiraciones y bulos que los resultados de Google. Como ejemplo, las teorías "tierraplanistas" encuentran en el buscador un 20% de resultados que la defienden, mientras que en los vídeos de recomendación de YouTube este porcentaje sube hasta el 90%. Del mismo modo ocurre con los argumentos que afirman que el cambio climático es una falsedad, donde su presencia es hasta tres veces mayor en las recomendaciones de la plataforma de vídeos que en todo el contenido que ofrece Google.

Chaslot

Así las cosas -y como se ha vuelta a descubrir estas fechas con el caso de la pandemia de la COVID-19-, YouTube sigue teniendo muchos aspecto que pulir en lo que respecta a su cámara de eco de recomendación.

En otro orden, queda por ver cómo la plataforma va haciendo rentable o no los nuevos ámbitos de contenido a los que se ha lanzado en los últimos años, como YouTube Music, Premium, y sus propias series y producciones en una guerra contra Spotify y los servicios de streaming en la que parece que por ahora solo está asomando la cabeza.