– Abr 19, 2020, 8:30 (CET)

¿Por qué se prohibió el Pinball en Nueva York durante más de 30 años?

Se lo conoce con muchos nombres, según la edad de la persona a quien preguntes. Su nombre en inglés es Pinball, pero también se lo conoció como flipper. En español se la conoció como máquina del millón o petaco. En la segunda mitad del siglo XX fue una de las máquinas recreativas más populares y convivió con las máquinas arcade a pesar de ser un ingenio básicamente mecánico. Pero en los años 40 fue prohibido en varias ciudades de Estados Unidos, en especial Nueva York. ¿Qué llevó a esta prohibición?

Mi primer encuentro con el Pinball fue en su formato digital a través del 3D Pinball Space Cadet que venía en el disco Windows 95 Plus!, un paquete de temas, cursores y juegos que complementaba Windows 95. Este juego digital se haría tan popular que formaría parte de Windows XP. Años después tendría ocasión de tocar máquinas recreativas tipo Pinball, con sus luces y sonidos.

Para muchos, el Pinball se llama flipper, para otros es simplemente la máquina del millón. En definitiva, tiene muchos nombres pero ha sido un juego que generaciones de jugadores recuerdan haber jugado, en su ordenador o en salas recreativas. Y es que en su versión física, el Pinball era una máquina recreativa, como tantas otras, que funcionaban introduciendo una moneda.

Curiosamente, este juego mecánico asociado a la infancia o juventud de muchos fue durante una época anterior un elemento lúdico asociado al público adulto. Y tal fue su popularidad que se ganó una mala reputación y, con el tiempo, acabó por ser prohibido en ciertas ciudades de Estados Unidos, la más conocida, Nueva York. ¿Qué llevó a estas ciudades a prohibir un juego en apariencia inocente como es el Pinball?

Origen y evolución del Pinball

El juego de salón electromecánico que muchos hemos conocido bajo el nombre de Pinball, con elementos mecánicos y algo de electrónica, no siempre fue así. Ya no entramos en sus versiones digitales, nos quedamos con el juego físico en el que mediante dos botones accionamos dos paletas o flippers que deben golpear la bola metálica para que ésta rebote contra elementos plásticos o mecánicos distribuidos por doquier.

En principio, el antepasado directo del Pinball se llamaba Bagatelle y, como indica su nombre, venía de Francia. Ubicado temporalmente en el siglo XVIII, consistía en un tablero horizontal con hoyos y obstáculos. Cada hoyo tenía una puntuación. El objetivo del juego, que la bola entrara en el agujero on mejor puntuación posible. Aunque variaciones del mismo tablero, en sus orígenes estaba muy emparentado con el billar, ya que se empleaban bolas de colores que debían golpearse con un palo de billar.

Otras versiones se accionaban con las manos, al estilo de la petanca y las más sofisticadas empleaba una pieza metálica con muelle al estilo de los Pinball modernos. Y aunque las primeras versiones eran de madera, con el tiempo se fueron decorando con motivos varios, como el fútbol.

Litografía de 1864 que muestra una partida de Bagatelle. Fuente: Librería del Congreso de Estados Unidos

Sea como fuere, a mediados del siglo XIX, el Bagatelle europeo se modernizó en Estados Unidos añadiendo clavos metálicos y siendo rebautizado con el nombre de Pinball. Pero no fue hasta los años 30 del siglo XX en que se introdujeron elementos más propios del Pinball que conocemos, como una mampara de vidrio, mecanismos ocultos contra los que golpeaba la bola, electroimanes, etc.

Al igual que Bagatelle, el Pinball fue un juego asociado a bares y pubs, lugares solo permitidos a los hombres. Además, para jugar había que introducir una moneda, y además del premio personal de durar el máximo de tiempo posible, los Pinball de los años 30 y 40 del siglo XX incorporaban premios en metálico cuando se alcanzaba cierta puntuación. Vamos, como las máquinas tragaperras o máquinas de azar que proliferaban en pubs y casinos por todo el mundo.

La popularidad del Pinball en esta modalidad de máquina tragamonedas fue tal que en las grandes ciudades de Estados Unidos proliferaron salas de juego donde mayoritariamente había máquinas Pinball con jugadores adultos. Y cuando algo se hace muy popular, llama la atención de todo el mundo, incluidas las autoridades.

Pearl Harbor y la gran prohibición

El 21 de enero de 1942 se prohibía en Nueva York el juego de salón conocido como Pinball. Cualquiera de estos juegos de mesa debían ser requisados por las autoridades, básicamente la policía. Así que bares, boleras, salas recreativas e incluso tiendas de dulces dejaron de contar con el Pinball en su catálogo de elementos recreativos.

El responsable de esta medida tan drástica fue el propio alcalde de Nueva York en aquel entonces, Fiorello LaGuardia. En sus propias palabras, la industria del Pinball se enriquecía del dinero que recibían los escolares para comprarse el almuerzo. En concreto, de las monedas de cinco centavos conocidas como nickels en inglés en referencia al material del que estaban hechas, si bien en realidad un 25% era níquel y un 75% cobre. Incluso se llegaron a apodar las máquinas de Pinball como ladrones de níquel en tono despectivo por parte de sus detractores.

Por si esa razón no fuera suficiente, proteger a los niños, llegó la Segunda Guerra Mundial, o más concretamente, el bombardeo de Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941. Este evento histórico sirvió como detonante para que Estados Unidos se implicara definitivamente en la contienda mundial, vista desde la distancia hasta aquel entonces.

Así pues, como en toda contienda bélica, Estados Unidos necesitó de toda la ayuda posible en forma de armamento y demás elementos bélicos, como aeronaves o barcos. Para ello, era imprescindible contar con el máximo de materiales básicos como eran el cobre, el aluminio o el níquel presentes en las máquinas de Pinball.

El alcalde de Nueva York ya tenía dos poderosas razones para acabar con el Pinball: los bolsillos de los niños y la necesidad de apoyar a Estados Unidos en la contienda bélica facilitando materiales que se estaban desperdiciando en máquinas recreativas.

Por si fuera poco, el alcalde LaGuardia no estaba solo en su cruzada. Desde la Gran Depresión en los años 30 del siglo XX, que es cuando empezaron a proliferar las máquinas de Pinball, este juego recreativo estuvo más asociado al mundo de las apuestas que al del juego recreativo. Principalmente porque había un premio de por medio, bien dinero en metálico u otros objetos de cierto valor.

Y como este tipo de máquinas podían encontrarse en lugares reservados a los adultos pero también para todos los públicos, como los colmados o tiendas de dulces, más pronto que tarde los colectivos religiosos y educativos se preocuparon por el daño que podía causar en la infancia, un movimiento similar al que hizo posible la ley Volstead de los años 20, más conocida como Ley Seca y que estuvo en vigor desde 1920 hasta 1933.

Por si todo esto no fuera suficiente, a la mala fama del Pinball había que añadirle su supuesta relación con el crimen organizado. Y es que muchas de estas máquinas o salones recreativos estaban controlados o se les asociaba con la mafia de aquellos años 30 y 40.

El fin de la prohibición

Como decía en el apartado anterior, en enero de 1942 se iniciaba una caza contra las máquinas Pinball que hubiera por doquier. La prohibición más conocida es la de Nueva York, pero ciudades como Chicago, Milwaukee, Nueva Orleans o Los Angeles también decidieron prohibir el Pinball. Curiosamente, otras ciudades como Washington D.C. optaron simplemente por prohibir el acceso al Pinball por parte de menores de edad en horario escolar.

Así pues, se convirtió en un objeto clandestino y perseguido hasta el punto de que las máquinas de Pinball eran destruidas con grandes mazas frente a la prensa o lanzadas al río Hudson o al East River, en el caso de Nueva York, como imagen de la dura lucha del Ayuntamiento contra este pernicioso entretenimiento.

La persecución siguió durante más de 30 años. El propio John Fidzgerald Kennedy aprovechó la lucha contra las apuestas, el Pinball y el crimen organizado para ganar réditos políticos de la mano de su hermano Robert, Fiscal General durante la administración Kennedy (1961-1963).

Pero volvamos al presente. Si viajas a Nueva York puede que encuentres más de un Pinball en alguno de los locales de ocio de esta gran ciudad. Incluso existe el Modern Pinball NYC, un museo interactivo que hace las veces de lugar de ocio donde divertirte con algunos de sus muchos ejemplares de Pinball. Algunos tan antiguos como los ambientados en The Munsters o The Beatles y otros más modernos como el que tiene como tema Juego de Tronos o Guardianes de la Galaxia.

¿Qué pasó? ¿Qué pudo cambiar en la mentalidad de la sociedad y de las autoridades estadounidenses para que el Pinball volviera a la legalidad? El primer cambio fue la introducción del flipper, es decir las paletas que usamos para golpear la bola y alargar la partida durante horas. Se inventó en 1947 y supuso un gran cambio en el Pinball, ya que en vez de limitarte a ver cómo caía la bola, tú mismo podías controlarla golpeándola con las paletas o flippers. Esto convertía el Pinball en un juego de reflejos más que en una máquina de apuestas.

Pero el cambio no llegó hasta los años 70. En esa época, el Pinball ya no es la máquina de apuestas y premios en metálico de los años 30 y 40. Ahora se trata de un juego recreativo con luces y melodías pegadizas que sigue funcionando introduciendo una moneda pero cuyo propósito es lograr la máxima puntuación posible.

De ahí que la Corte Suprema de California decida el 22 de junio de 1974 que el Pinball es un juego de habilidad y no uno de azar, derogando así la prohibición en la ciudad de Los Angeles. El caso se conoce como Cossack contra la Ciudad de Los Angeles, y es que fue Roger Cossack, entre otros, quienes solicitaron cancelar la prohibición de 1939 en Los Angeles debido a los cambios que había experimentado el Pinball, gracias en especial a la introducción de los flippers.

Por su parte, Nueva York se sumó a la legalización del Pinball en 1976, dos años después. ¿Su argumento a favor? La crisis en la que se encontraba y en la que las máquinas de Pinball podían soliviantar el mal momento que vivían hoteles, cines, bares y establecimientos de ocio en general. Pronto se sumaron otras ciudades, acabando así con una prohibición de más de 30 años.