Cuenta la leyenda que las amazonas vivían en una sociedad matriarcal, gobernada solo por mujeres y protegida por la diosa Afrodita. Su existencia transcurría en paz, sin problemas, hasta que Hércules, enfadado por no poder conquistarlas, reunió a varios hombres fuertes para iniciar una lucha contra ellas. A pesar de la fiereza de sus soldados, no logró ganar la contienda. Sin embargo, no se rindió y recurrió a artimañas de dudosa honorabilidad para engañar a la reina Hipólita, logrando esclavizar a ella y al resto de guerreras amazonas.

Con el tiempo y la ayuda de la diosa del amor, estas lograron zafarse de sus nuevos “amos” y partieron lejos del mundo de los hombres, a la isla de Themyscira. Pero una de las hijas de Hipólita, Diana, sentía la necesidad de ayudar a los hombres buenos, que se encontraban sumidos en su propia guerra. Fue así como dejó a su madre y al resto de guerreras y puso rumbo al mundo de los mortales, para combatir en la Segunda Guerra Mundial. Más allá de la parte sacada de la mitología griega, esta es la historia que explica los orígenes de uno de los personajes más emblemáticos de DC Comics: Wonder Woman. Diana Prince, como hace llamar a su personaje humano, es un claro ejemplo de lo que supuestamente fueron las amazonas: personajes mitológicos; que, en realidad, sí que cuentan con un origen real. De hecho, se cree que sus historias están relacionadas con las de las guerreras del Cáucaso que en la antigüedad combatían a caballo, junto a sus maridos, para proteger el Reino de Urarti de sus asaltantes. La existencia de estas valientes mujeres es mucho más que una leyenda, pues hay pruebas claras de que fueron reales. Por eso no resulta sorprendente que en 2017, durante las excavaciones de una necrópolis en la provincia armenia de Lori, encontraran los huesos de una mujer joven, que claramente murió a causa de las heridas provocadas por una intensa batalla. Desde entonces aquellos restos han sido estudiados por un grupo de arqueólogos del Instituto de Arqueología y Etnogragía de la Academia Nacional de Ciencias de Armenia, cuyos resultados se han publicado recientemente en International Journal of Osteoarchaeology.

Anahit Khudaverdyan

Una amazona real

Los restos, de unos 2000 años de antigüedad, se encuentran dañados por el paso del tiempo, pero aún conservan las marcas de las heridas que causaron la muerte de aquella mujer, cuya edad posiblemente se encontraba entre los 20 y los 29 años.

Para empezar, se encontró una punta de flecha en su fémur, que indicaría que la guerrera fue alcanzada por un arquero durante la batalla. Pero no fue eso lo que la mató, pues hay evidencias de que la lesión se recuperó y la mujer vivió con ella durante un tiempo.

Sí que debieron resultar fatales las señales del impacto de un arma, posiblemente una espada o un hacha, en varias partes de su cuerpo, concentradas entre la pelvis, el fémur y la tibia. Además, la joven cuenta con marcas en su antebrazo que indican que lo usó a modo defensivo, desnudo o sujetando un escudo, para protegerse de los golpes de sus oponentes.

En cuanto a su estatus social, fue enterrada con una serie de objetos de valor, que atestiguan que posiblemente se trataba de una mujer bien posicionada en este aspecto.

Según ha explicado a IFLScience una de las autoras del estudio, Anahit Khudaverdyan, su tumba es la segunda hallada en esa zona que apoya la existencia de aquellas amazonas del Cáucaso. Por lo tanto, parece ser que la historia de Wonder Woman tiene su parte de realidad, aunque haga miles de años de aquella época en la que algunos hombres decidieron que sus mujeres eran tan aptas como ellos para luchar contra sus enemigos. Es una pena que aún hoy en día haya algunos individuos que deberían aprender de ellos.

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