El pasado mes de abril, se firmaba *en Ohio** el proyecto de la conocida como “Ley de los latidos del corazón”, que prohibía el aborto de cualquier embrión una vez que hayan comenzado a detectarse sus latidos a través de métodos externos, normalmente sobre la sexta semana de gestación. La ley estaba preparada para entrar en vigor tres meses después, pero pocos días antes de la fecha elegida un juez federal bloqueó su implementación, dando un respiro a los defensores del derecho a elegir en este estado norteamericano.

No obstante, los colectivos anti-aborto han vuelto a influir en la legislación, promoviendo un nuevo proyecto de ley, tan sumamente restrictivo que incluso proponer a los profesionales sanitarios que realicen prácticas médicamente imposibles. Así, como para no caer en el delito.

Técnicas que no existen

El nuevo proyecto de ley, denominado HB413, considera que un óvulo fecundado por un espermatozoide ya es una persona, por lo que cualquier individuo que tratara de extraerlo del vientre de la madre podría incurrir en un delito de homicidio, penado hasta con cadena perpetua.

Esto iría dirigido a las mujeres que deciden abortar, pero también a los “colaboradores”, sanitarios o no, que les ayudaran a conseguirlo. En caso de que se trate de profesionales, en la Sec. 2904.35 parte C del documento se les insta a “tomar todos los pasos posibles para preservar la vida del feto, mientras se preserva la vida de la mujer. Dichos pasos incluyen, si corresponde, intentar reimplantar un embarazo ectópico en el útero de la mujer”. Y es aquí donde comienza la parte más surrealista de todo esto, pues se trata de algo que, dados los conocimientos médicos y científicos actuales, resulta imposible de llevar a la práctica.

El embarazo ectópico es aquel que se da cuando el embrión no se implanta en el útero, sino en otra parte de la anatomía de la madre, normalmente en las trompas de Falopio. Puede darse por muchas causas, aunque suele ocurrir a mujeres con endometriosis, debido al crecimiento de tejido endometrial fuera del útero, y es una de las razones más frecuentes de aborto, además de la primera causa de muerte materna durante el primer trimestre de embarazo. Si se detecta uno de estos casos, la forma normal de actuar entre los médicos es extraer el embrión, antes de que la vida de la madre esté en riesgo. Por desgracia, no es posible tomar ese embrión y volver a implantarlo en el útero. Podría parecerle algo sencillo a alguien sin conocimientos médicos, que haya escuchado que en los tratamientos de reproducción asistida se transfieren embriones al útero para su posterior implantación. Sin embargo, estos se encuentran en fases tempranas, equivalentes al momento en el que naturalmente se adhieren a este órgano. No tiene nada que ver a la situación de retirar un embrión en un estado más avanzado, que ya había comenzado a desarrollarse en otra parte del cuerpo. Quizás en un futuro sea posible. A día de hoy, ni el más diestro de los ginecólogos puede lograrlo.

Algunos defensores de esta ley, posiblemente por ser conscientes de que lo que proponen es imposible, abogan por otra opción, consistente en que se deje evolucionar el embarazo naturalmente, bajo monitoreo médico, hasta que se produzca el aborto natural. No obstante, esto supondría un gran e innecesario riesgo para la gestante.
En declaraciones a Newsweek, la representante del estado de Ohio, Candice Keller, ha reivindicado que “ha llegado el momento de abolir el aborto en su totalidad y reconocer que cada individuo tiene el derecho inviolable e inalienable a la vida”. Deberían plantearse si la madre es uno de esos individuos. Si es así, quizás habría que darle unas vueltas a lo que proponen.

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