"En Irán, mi país natal, alrededor del 30% de los matrimonios se realizan entre primos (primeros o segundos), y la tasa es mucho más alta en Afganistán y Pakistán, donde llega hasta el 60%. Los iraníes incluso tenemos un proverbio que dice que un contrato de matrimonio de primo a primo queda grabado en el cielo. Pero cuando me trasladé a Canadá para hacer mi doctorado me sorprendió descubrir que los canadienses no se casan con sus primos. Me resultó extraño que los occidentales no se enamoren de sus primos”.

Esta reflexión de Duman Bahrami-Rad, actualmente investigador de la Universidad de Harvard, es la que le llevó a involucrarse junto a otros colegas de su universidad y de la de George Manson (también en EE UU) en un estudio sobre las variaciones psicológicas de los humanos a lo largo de la Tierra. En concreto, en las peculiaridades propias de las poblaciones occidentales.

Los autores, que publican su trabajo en la revista Science, plantean que la influencia que tuvo durante la Edad Media la Iglesia Occidental (la rama del cristianismo que luego se convirtió en la Iglesia Católica Romana) puede explicar parcialmente el individualismo e inconformismo que reflejan los estudios psicológicos de la que llaman sociedad occidental, educada, industrializada, rica y democrática (WEIRD, por sus siglas en inglés).

El programa familiar de la iglesia pudo alterar la institución del matrimonio al prohibir las nupcias dentro de familias extensas, además de exigir que las parejas recién casadas formaran hogares independientes, a menudo lejos de sus padres. Esto pudo cambiar la psicología humana, pasando de una en la que se enfatizaba la lealtad, la obediencia y la conformidad en el grupo a otra más individualista, menos conformista y conductas prosociales hacia los extraños.

“La Iglesia Occidental transformó las relaciones familiares o de parentesco en Europa mediante la promoción de pequeños hogares nucleares, lazos familiares débiles y movilidad residencial, lo que fomentó ese mayor individualismo, inconformismo y comportamiento prosocial impersonal”, destacan los autores.

Para llegar a esta conclusión los investigadores usaron una ingente cantidad de información, combinando y buscando relaciones entre datos psicológicos actuales (encuestas, informes de comportamiento, donaciones de sangre, pagos de multas…) y registros históricos, como los de los distintos obispados o el de los matrimonios entre primos que guarda el Vaticano. De esta forma analizaron la intensidad de parentesco en diversos grupos.

Los investigadores también examinaron las diferencias entre países, regiones europeas e individuos con distintos orígenes culturales. Así han comprobado que la influencia de la Iglesia Católica Occidental que se muestra en Europa Occidental también se mantiene en los descendientes de los europeos que se fueron a otros continentes.

Nueva pieza del puzle de la diversidad humana

En un valoración paralela que también aparece en Science, el psicólogo Michele J. Gelfand de la Universidad de Maryland (EE UU) reconoce que hacen falta estudios más amplios y precisos para confirmar lo que plantea este trabajo, que no obstante, “nos ayuda a descifrar parte del puzle de la diversidad humana”.

"Conocer las formas en que varían las culturas y por qué han evolucionado de diferentes maneras frente a ciertas fuerzas socioambientales, nos puede ayudar a empatizar con aquellos que son diferentes", apunta Gelfand.

Este artículo fue publicado originalmente en Agencia Sinc

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