La empatía cognitiva, es decir, saber leer las emociones de los demás, no parece estar ligada con la testosterona. O, al menos, no de forma lineal, según la conclusión del nuevo estudio de la Universidad de Pensilvania publicado por la revista científica Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences este jueves. Esto contradice los estudios anteriores: ¿por qué se investiga? ¿Qué significa que no hay una conexión entre ambas cosas? ¿Por qué antes se pensaba que sí?

La idea principal del estudio era buscar si la testosterona estaba relacionada con mayores tasas de autismo. Se sabe que el autismo es más común entre los hombres, así que buscar esta relación no parecía demasiado descabellada: "Por supuesto, el principal sospechoso cuando tenemos algo que está fuertemente diferenciado por el sexo es la testosterona", explica a través de un comunicado de prensa Gideon Nave, profesor la Universidad de Pensilvania. Una teoría actual es que el autismo se debe a un cerebro masculinizan, es decir, que es una exageración de las tendencias masculinas en las que se sistematiza más y se empatiza menos. Pero su estudio lo deja claro: la testosterona no es culpable, así que hay que buscar la causa en otro lugar.

El experimento de Nave y su equipo es el que más muestra ha tenido hasta el momento: estudiaron a 643 hombres a los que se les administró testosterona en gel o placebo en dos investigaciones, pero no hubo evidencia de que afectara al rendimiento a la hora de reconocer las emociones de varias imágenes. Se les mostraban los ojos de actores y tenían que seleccionar el tipo de emoción que creían que sentía el actor en el momento en el que se tomó la imagen. La falta de cambios en el rendimiento les llevo a concluir que no había relación entre la testosterona y la reducción de la empatía cognitiva.

No obstante, antes de estos dos estudios, la investigación que presentaba una mayor conexión se realizó en 2011, pero ¿por qué salía esta relación? La respuesta parece estar en la muestra: era demasiado pequeña para llegar a una conclusión acertada. "Varios estudios anteriores han sugerido una conexión entre la testosterona y la reducción de la empatía cognitiva, pero las muestras eran muy pequeñas y es muy difícil determinar un vínculo directo", indica Amos Nadler, de la Universidad de Western, en Ontario (Canadá). "Nuestros resultados muestran inequívocamente que no existe una relación causal lineal entre la exposición a la testosterona y la empatía cognitiva", añade.

En el estudio de 2011 se incluía a mujeres, pero tan solo tenía 16 sujetos frente a los 643 del equipo de Nave. Pero también midió la relación 2D:4D, es decir, la diferencia o similitud en la longitud de los dedos segundo y cuarto de la mano. Algunas hipótesis señalan que se trata de un indicador de la sensibilidad a la testosterona. Algunos creen que la relación disminuye con una mayor exposición en el útero a la testosterona, aunque la evidencia de esa conexión todavía se está discutiendo.

De hecho, el equipo de Nave también ha analizado esta relación porque si una persona ha estado más expuesta a la testosterona prenatal se supone que tendrá un cerebro más masculinizado, es decir, que le costará más leer las emociones en los rostros de otras personas. Sin embargo, tampoco se ha visto evidencia de que la relación entre el rendimiento de los participantes y la relación 2D:4D sea real: "Los resultados son claros", afirma Nave. "Sin embargo, es importante tener en cuenta que la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia. Encontramos que no hay evidencia que respalde este efecto de la testosterona, pero eso no descarta ningún posible efecto. De lo que sabemos, sin embargo, parece que si la testosterona influye, el efecto es complejo, no lineal. La realidad no suele ser tan simple", concluye.

Aunque la literatura médica ha prestado mucha atención a la hipótesis del cerebro masculino en el autismo, "si se mira la literatura con cuidado, todavía no hay un apoyo realmente fuerte para ella", apunta Nave. Sin embargo, eso no quita que una combinación de factores que incluya la testosterona no esté detrás del autismo. Sin embargo, por el momento no sabemos lo suficiente sobre este tema: "Creo que tenemos que aceptar nuestra ignorancia", concluye Nave.

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