Aunque el enlace químico y la estructura del grafeno fueron descritas por primera vez en los años 30 y se bautizó de este modo en los 90, en realidad la gran mayoría de aplicaciones de este supermaterial se han estudiado a lo largo de los últimos 20 años.

Con él se han fabricado desde transistores hasta raquetas de tenis, pasando por pantallas táctiles, sensores para cámaras fotográficas e incluso preservativos. Su dureza, flexibilidad, ligereza y conductividad eléctrica, entre otras propiedades, lo convierten en un material único, que ha revolucionado un gran número de áreas de la ciencia y la industria y que, a buen seguro, aún tiene mucho que contar. Una de las aplicaciones a las que más atención se ha prestado en los últimos años es su uso para la fabricación de tejidos que actúen como barrera para ciertos productos químicos tóxicos. Las primeras pruebas en este ámbito fueron un éxito, que llamó la atención de un equipo de científicos de la Universidad de Brown, que decidieron comprobar si este tipo de telas podían usarse también con otro fin igualmente interesante: evitar picaduras de mosquitos. Su trabajo puede leerse en un estudio publicado hoy en PNAS, con resultados muy alentadores.

Película de óxido de grafeno. Crédito: Hurt Lab / Brown University

Todo por la ciencia

Para la realización del estudio, algunos valientes voluntarios se ofrecieron a introducir su brazo en el interior de una cámara llena de mosquitos. Lo hicieron de dos formas diferentes: con la extremidad desnuda o con ella recubierta por una película de óxido de grafeno (GO).

Como cabía esperar, la dureza del grafeno impedía que pudieran llegar hasta la piel, pero la cosa no quedaba ahí. Además, los científicos comprobaron que al cubrir el brazo con GO los insectos hacían caso omiso a su presencia, como si no estuviera allí.

Esto les llevó a intuir que podría ser que el material actuara también haciendo imperceptibles las señales químicas que permite a los mosquitos detectar la presencia de sangre. Al fin y al cabo, el mecanismo no sería muy diferente del que se sigue para prevenir el contacto con compuestos tóxicos.

Tenían que comprobar si sus sospechas eran ciertas, por lo que procedieron a realizar un segundo experimento, consistente en colocar una pequeña dosis de sudor humano sobre el parche de grafeno. En esta ocasión, los insectos sí que se posaron sobre él, pero al intentar introducir la trompa no lo lograron, gracias a la dureza del material.

Por desgracia, si este estaba mojado dejaba de actuar como barrera, por lo que decidieron cambiarlo por un derivado del GO, el óxido de grafeno reducido. Este sí que ofrecía protección frente a las picaduras estando húmedo, pero tal era su efecto que tampoco permitía la transpiración del sudor, por lo que resultaría muy incómodo de llevar. Por eso, los autores del estudio esperan poder realizar ajustes sobre el GO que permitan usarlo mojado, sin necesidad de recurrir a la otra opción.

Si todo va bien, en unos años la ropa a base de este material podría evitar las picaduras de mosquitos, algo que resultaría especialmente útil en los países en los que estos son vectores de transmisión de enfermedades peligrosas. Aunque la imaginación nos lleve a pensar en ropas futuristas, cosidas con un tejido diferente a cualquiera que hayamos visto antes, a simple vista serían totalmente normales, ya que el grafeno iría incluido en el forro. Prendas a la moda, libres de picaduras. Suena bastante bien.