Autor: Alberto Iglesias Fraga

Hubo un tiempo en que para saber lo que había ocurrido en la historia reciente de este mundo, descubrir el significado de alguna palabra o consultar la biografía de algún personaje popular era necesario recurrir a enciclopedias en papel. Hoy, en cambio, tenemos gran parte de ese conocimiento digitalizado y accesible de forma gratuita y cómoda en Internet, gracias a plataformas como la Wikipedia que -críticas aparte- ha universalizado esta antaño reserva de información.

Entremedias, existió un período —que abarcó la década desde mediados de los 90 hasta ya entrado el siglo XXI— en el que asistimos al surgimiento, grandeza y decadencia de una apuesta diferente para ayudarnos a entender el universo que nos rodea. Se trató de la enciclopedia Encarta, un software de Microsoft que supuso la primera digitalización exitosa de una enciclopedia y con el que se formó y creció toda una generación.

La Encarta fue lanzada por primera vez en 1993 y murió en 2009, ya en el ostracismo de la era hiperconectada y colaborativa. Esta es su particular historia, que hubiera sido merecedora por derecho propio de un artículo en la propia enciclopedia...

Su origen

Aunque es Google la enseña que lleva por bandera aquello de "organizar el conocimiento humano", históricamente ha sido Microsoft la que ha mostrado un mayor empeño en crear una enciclopedia digital que cumpliera con tan noble misión. No en vano, los de Bill Gates ya mantuvieron negociaciones casi diez años antes del lanzamiento de la Encarta con la prestigiosa Enciclopedia Británica, con el fin de crear una versión para PC de la misma, pero esas conversaciones nunca llegaron a buen puerto.

Por tanto, ya en los 90, Microsoft decidió buscar nuevos socios que le aportaran el fondo documental que necesitaría su futura enciclopedia digital. Y en esas entró en juego la Enciclopedia Funk & Wagnalls, con la cual los de Redmond llegaron a un acuerdo comercial para incorporar sus 25.000 artículos, a los que posteriormente se les añadió contenido multimedia (imágenes y vídeos). También en esa primera edición de la Encarta, la de 1993, había animaciones, audios y mapas. Todo un avance para la época que la convirtió en un desarrollo extraordinario y de difícil equiparación por parte de potenciales competidores.

En cuanto a su comercialización, tuvo luces y sombras en sus primeros instantes de vida. No hay que olvidar que la Encarta vio la luz en 1993, cuando muchos hogares todavía no contaban con un ordenador en su seno y muchos usuarios de PC lo eran gracias a bibliotecas y 'cybers', muchos de los cuales no contaban con fondos (o con interés) en comprar el CD de esta enciclopedia.

Teniendo en cuenta que el público era limitado y que era un producto completamente nuevo en el mercado, Microsoft cometió un grave error de cálculo al establecer un precio disuasorio (casi 400 dólares) para la venta de la Encarta. Por suerte, en Redmond se dieron cuenta pronto del error y decidieron rebajar su precio a 99 dólares antes de que cumpliera un año de vida, aunque solo fue durante una promoción concreta. De hecho, sus altos precios continuaron durante muchos años más, hasta el punto de que cuando se lanzó en nuestro país, allá por 1997, lo hizo por 100.000 de las antiguas pesetas.

El apogeo de la Encarta

Con el tiempo, la Encarta se fue haciendo un nombre y un hueco en los ordenadores de millones de usuarios. A ello contribuyeron varios factores, como la progresiva democratización de la informática personal o la extraordinaria promoción que Microsoft hizo de este producto (comercializándolo de la mano de muchos fabricantes como ya hacía con Windows u Office). Y, también, el lanzamiento de esta enciclopedia en multitud de idiomas y versiones locales con contenido más cercano e interesante para los ciudadanos de distintos mercados geográficos.

Microsoft también supo ver que el precio de la Encarta era excesivo para muchos usuarios, así como que el lenguaje de la misma era demasiado complejo para los más pequeños (que hacían de esta enciclopedia un punto de acceso clave a información para sus deberes y trabajos escolares). Por ello, la compañía norteamericana también lanzó ediciones específicas para niños o para la enseñanza de matemáticas, al mismo tiempo que fue añadiendo más contenidos interactivos (como atlas geográfico o vídeos) para complementar el texto corrido.

Con todo ello, y según los datos públicos ofrecidos por la propia entidad, la Encarta 2008 llegó a alcanzar la cifra de 68.000 artículos publicados; 43.000 en el caso de la edición española. Fue la penúltima en ver la luz antes de su discontinuación, la que suponía el culmen en cantidad, quién sabe si en calidad, pero a buen seguro no en interés de la audiencia.

Wikipedia y el fin

Reuters/ Gary Cameron

Un fin que no era sino la crónica de un fracaso anunciado. Microsoft basó todo el éxito de la Encarta en su distribución en formato físico, principalmente en CD-ROM, en un modelo de venta unitaria que con el paso del tiempo se ha demostrado insuficiente para responder a las necesidades de un mercado cada vez más orientado a la suscripción y al acceso gratuito a los contenidos en Internet.

Y como le sucedió a Blockbuster con Netflix o a Kodak con la fotografía digital, la Encarta vio cómo un recién llegado le quitaba su rol protagonista: ni más ni menos que la Wikipedia, lanzada por Jimmy Wales y Larry Sanger en 2001. Una enciclopedia gratuita, colaborativa y de acceso fácil y directo a través de buscadores como Google... todo eso a costa del control de contenidos y la calidad de los artículos; valores más difíciles de hacer llegar a un usuario medio a la hora de rascarse el bolsillo.

El auge de esta ecuación ganadora pilló con el pie cambiado a los de Redmond, que tuvieron que adaptarse a este nuevo escenario de juego a marchas forzadas. Así pues, la Encarta abrió una edición gratuita en Internet pero limitada en su cantidad de artículos, con lo que no lograba plantar cara ni de lejos a la oferta de la Wikipedia, que ya contaba de aquella con más de un millón de páginas indexadas. También se ideó un sistema de edición de artículos colaborativa, pero no logró ni el interés de los autores (nada proclives a ayudar a una multinacional en su ánimo de lucro) y que además seguía obligando a la aprobación previa de un revisor de Microsoft.

Con todo ello, en 2009 se produjo lo que todo el mundo esperaba: Microsoft anunciaba el fin del programa de desarrollo y soporte de la Encarta. Se cerraba así una particular historia de conocimiento, información y negocios editoriales que hoy apenas se reserva a los libros de historia...

Este artículo fue publicado originalmente en Business Insider