– Jul 8, 2019, 11:01 (CET)

Tokyo 2020, los Juegos Olímpicos más tecnológicos, se enfrentan a su propio ‘Black Mirror’

La organización de los que se suponía serían los Juegos Olímpicos con los recursos más avanzados de la historia, atraviesa todo tipo de problemas. Tokio 2020 se enfrenta a una serie de circunstancias que ponen a prueba la promesa de convertir el verano olímpico del año entrante en una demostración de tecnología de punta y cultura pop.

Una combinación de la presión de las redes sociales sobre todo lo relativo a la imagen y concepto de los juegos y, también, verdaderos problemas del gobierno nipón para manejar la envergadura del evento están entre las razones de la crisis de los Juegos Olímpicos. A más de un año su inauguración, Tokio 2020 parece no tenerlas todas consigo.

Para comenzar, el logo oficial olímpico ha tenido que enfrentar varios inconvenientes desde 2015, cuando el artista Kenjiro Sano admitió que había copiado ideas que encontró el internet al momento de diseñar el arte que representaría al evento. Aunque el diseñador negó —y continúa haciéndolo— que haya copiado el diseño específico que se utilizó como parte de la imagen de Tokio 2020, el artista gráfico Olivier Debie reclamó formalmente ante Japón, que sus diseños habían sido copiados. De hecho, el artista de nacionalidad Belga demostró que su trabajo para el logo del Teatro de Lieja era casi idéntico al que utilizado para promocionar las próximas olimpiadas de verano.

Poco después, Tushio Muto —director general del Comité Organizador de Tokio— declaró en una rueda de prensa que no se usaría el logo de Sano en lo sucesivo. “En este punto, hemos decidido que el logo no puede obtener el apoyo público”, declaró.

En abril del 2016, el diseño del artista Asao Tokoro venció sobre cuatro propuestas distintas y fue anunciado como el nuevo logo del evento: con un singular patrón de rectángulos en azul añil, la imagen —que lleva por título “Emblema a cuadros armonizado”—  fue escogida por reflejar la “refinada elegancia y sofisticación” de Japón, según el comité olímpico del país. No obstante, nadie pareció estar muy satisfecho con el resultado y hubo críticas públicas sobre la imagen, que insistieron en señalar el aspecto “poco claro” del arte.

Además, desde hace algunas semanas el logo de Tokolo debió enfrentarse a una imagen que se viralizó en redes sociales como el supuesto “logo real” de Tokio 2020. El 26 de junio, el publicista norteamericano Ben Kay compartió un tweet que una incluía una imagen en la que se veía un logo por completo distinto al oficial. El diseño —más estilizado que el de Tokolo y con un aire minimalista— se convirtió de inmediato en tendencia, mucho más después que Bay insistiera en que le parecía “una belleza”.

Para cuando Bay rectificó y dejó claro que el diseño era una propuesta independiente del artista Daren Newman, el tweet original con la imagen se había compartido en quince mil ocasiones y recibido más de 60 mil “me gusta”. Además, la popularidad del logo —que recibió todo tipo de halagos y comentarios positivos en redes— puso en relieve la relativa indiferencia con que se recibió la imagen de Tokolo.

Mucha demanda, pocas entradas

Si todo el debate público sobre la imagen de Tokio 2020 no fuera suficiente —que incluyó además, una sonada controversia debido al elevado costo de un nuevo estadio diseñado por Zaha Hadid—, la venta de boletos para los diferentes eventos también atraviesa todo tipo de problemas. Con una gigantesca demanda, la cantidad de entradas puestas a disposición del público es mucho menor de la requerida.

A diferencia de los Juegos Olímpicos de Verano en Río de Janeiro del 2016 y los Invierno en Pyeongchang en el 2018 —en los que se regalaron boletos y hubo convocatorias a voluntarios para llenar asientos vacíos—  Tokyo 2020 será un éxito de convocatoria para el que Comité Olímpico Local no está del todo preparado para manejar. A juzgar por los resultados de la primera fase de venta —que consiste en una lotería a la que puede optar cualquier residente de Japón y que comenzó el pasado 9 de mayo y culminó el día 28 del mismo mes— la demanda por entradas superó de manera exponencial a la pequeña opción de compra. Unos 5,7 millones de japoneses intentaron optar por un ticket de entrada, lo que supone un récord “sin paragón” según declaraciones de los organizadores.

La elevadísima expectativa que despiertan los juegos en tierras niponas provocó que la demanda por la posible compra de boletos sobrepasara con creces los requerimientos del sistema informático, que colapsó y fue incapaz de satisfacer las cifras de venta. Para el australiano John Coates —presidente de la comisión de coordinación del Comité Olímpico Internacional— se trató de una demostración de la popularidad del venidero evento.

No obstante, no todo es tan sencillo y las optimistas declaraciones de Coates contrastan con el análisis que lleva a cabo de Ken Hanscom, director de operaciones de Ticket Manager. Aunque la empresa de Hanscom no vende directamente boletos para los diferentes eventos deportivos, sí lo hace en paquetes corporativos que incluyen a buenas parte de los patrocinantes, por lo que tiene una idea clara sobre qué ocurre en el trasfondo de la venta de tickets en eventos de la magnitud de Tokyo 2020.

Para el experto, es probable que el 80% o incluso el 90% de los japoneses, que optaron para la compra de boletos para cualquiera de los eventos del verano olímpico, no fueran escogidos por la lotería —cuyos resultados se publicaron el 20 de Junio pasado—  en lo que insiste “una buena noticia para la demanda y una mala noticia para el público en general”.

Después del sorteo, el comité organizador no pudo decir cuántos japoneses obtuvieron la posibilidad de comprar boletos y, a dos semanas del final de este, todavía no está claro si publicarán las cifras. Lo que sí es evidente —a juzgar por la frustración de los compradores— es que los resultados resultaron decepcionantes. Eso, a pesar que los organizadores aseguraron que el sistema de venta era “tecnológicamente sofisticado” para satisfacer la demanda.

Para Hanscom, las matemáticas explican de manera clara el fenómeno de las dificultades de venta de boletos en Tokyo 2020. El experto pondera que los organizadores del evento recibieron entre 70 y 85 millones de solicitudes de boletos, un número diez veces superior al número de entradas disponibles. Una cifra que el tan celebrado sistema automatizado de registro no pudo manejar.

¿Se enfrenta la sofisticada tecnología nipona al reto del comportamiento imprevisible del público y la proporción de un evento histórico? Es probable que la expectativa de Tokyo 2020 no solo supere cualquier previsión estadística, sino también el ordenado estilo de vida nipón, que enfrentará en el próximo verano olímpico quizás su mayor reto en décadas.