– Jun 15, 2019, 8:30 (CET)

La radio galena: ‘Do It Yourself’ a principios del siglo XX

Hablar de la radio galena o radio a galena es hablar del origen de la radio, o radiodifusión para ser exactos. Un invento diminuto, simple a más no poder y que cualquiera podía montar en casa. A cambio, podías recibir señales de audio a kilómetros de distancia, un hito impensable a finales del siglo XIX. ¿Cómo surgió este invento, uno de los primeros Do It Yourself?

Sin pilas ni batería, con unos auriculares y creado a partir de elementos sencillos, la radio a galena, de galena o simplemente radio galena surgió a finales del siglo XIX y se popularizó en los primeros años del siglo XX como un invento barato, fácil de montar y, en definitiva, accesible a todos los públicos para recibir señales de radio a varios kilómetros de distancia, un nuevo medio de comunicación que empezaba a arrancar y que pronto se hizo popular ya que acercaba el mundo a cualquiera, sin importar en qué rincón te encontraras. Estamos hablando de una época en que el teléfono todavía no estaba implementado en los hogares y, muchos, ni tan siquiera tenían luz eléctrica. Una época en la que las noticias se leían o te las contaban con días de retraso.

La radio galena, o radio de cristal en inglés, no fue el primer receptor de radio pero sí fue la opción más sencilla y democrática. No era perfecta, pues la calidad de la señal no era nítida y debías usar auriculares para escuchar el sonido al otro lado de las ondas de radio, pero con todo era la opción más popular en una época en la que las radios, en aquel entonces de válvulas, tenían precios prohibitivos para las clases populares. Además, la radio de galena te la podías montar tú mismo con las piezas adecuadas y ocupaba menos espacio que los primeros receptores de radio que, además, venían instalados en muebles que ocupaban más espacio.

Háztela tú mismo

Compramos muebles que debemos montar nosotros mismos con mayor o menor acierto. Ikea lo puso de moda y hoy en día muchos fabricantes venden sus productos para montar, en especial si los compras por internet. Y en el campo de la electrónica, proyectos como Raspberry Pi y similares han recuperado el espíritu de los primeros ordenadores personales, que en vez de venir ya ensamblados como hoy en día debías montártelos tú mismo en una época en que las computadoras al uso estaban solo al alcance de universidades, organismos públicos y grandes empresas.

A estos ejemplos hay que añadir el fenómeno del Do It Yourself, que recupera la dinámica de hace unas décadas en las que para llegar a final de mes debías ingeniártelas para alargar la vida de ropa, objetos o electrodomésticos. Hoy en día el Do It Yourself ha encontrado adeptos entre quienes defienden el reciclaje y la reutilización de productos en vez de deshacernos de ellos en contenedores de basura.

Fuente: fw190a8 (Flickr)

Salvando las distancias, la radio galena surge como invento DIY. Si bien podías adquirirlo ya montado, lo habitual era comprar los elementos y montarlos por tu cuenta, de tan simple como era su funcionamiento. A grandes rasgos, son tres sus componentes: receptor, sintonizador y auriculares. Con los años, encontraremos variaciones y nuevos elementos, pero estos son los principales.

El receptor es básicamente la antena. Y aunque cuando hablamos de antenas nos viene a la mente la del televisor o una antena parabólica, la antena de la radio galena era un simple cable de cobre aislado con una toma de tierra. Algo más similar a las antenas de los teléfonos inteligentes actuales, tan diminutas que se encuentran en su interior. Segundo componente de la radio galena, el sintonizador o detector, que consiste en un cilindro de material aislante entorno al que se enrolla cable de cobre que conecta con la antena por un lado y con la toma de tierra con otro. Y para que la señal se detecte correctamente, se emplea una piedra de galena, que da nombre al invento, y que tiene contacto con un fino hilo metálico que hace las veces de sintonizador manual a base de probar el contacto en distintos puntos de la piedra. En tercer lugar, unos auriculares, que convertían el sonido recibido para poder oírlo y entenderlo mínimamente.

La primera pregunta que surge es, ¿cómo funciona un aparato eléctrico sin electricidad? La radio galena no incluía pilas, baterías ni tan siquiera un enchufe, y mucho menos una manivela con la que generar energía como ocurre con ciertas radios portátiles que surgirán con los años. La respuesta está en que la energía que necesita la radio galena para funcionar viene de las propias ondas de radio. De ahí que la intensidad de la señal acústica sea baja.

Del código Morse a la radiodifusión

No hay un único padre o inventor a quien atribuir la radio a galena. Curiosamente, con la radio ocurre igual, ya que por un lado Heinrich Hertz descubrió las ondas electromagnéticas, Popov, Tesla o Marconi, entre otros, realizan los primeros experimentos y logran dar un uso práctico a las ondas de radio y Samuel Morse y Alfred Vail crean el código Morse para comunicarse mediante sencillos patrones a través de estas ondas a través de un nuevo invento, el telégrafo, que tampoco tiene un único inventor.

Volviendo a la radio galena, debemos darle las gracias a Karl Ferdinand Braun por descubrir la propiedad rectificadora de ciertos cristales minerales semiconductores, es decir, convertir corriente alterna en corriente continua. Como curiosidad, recibiría el Nobel de Física en 1909 junto a Marconi por su contribución a la telegrafía sin hilos. Y la elección de la galena como mineral a emplear en los receptores de radio se la debemos a varios investigadores, como Jagadish Chandra Bose, el primero en emplear detectores de galena, o sulfuro de plomo, para recibir ondas (1894) o Greenleaf Whittier Pickard, que patentó un detector de señal de silicio en 1906.

Fuente: Wikipedia

Si bien la radio a galena contribuyó a popularizar la radio como medio de comunicación para las masas, su primera utilidad fue recibir señales en código Morse, el medio más rápido en aquel entonces para recibir información desde kilómetros de distancia, empleando para ello unos sencillos patrones de señales largas y cortas que bien podríamos comparar con el código binario en el que se basa la computación.

Con el tiempo se vio que, además de pequeñas señales sonoras, la radio galena también podía recibir señales más complejas como las de la radiodifusión. Fue tal su popularidad que incluso diarios y revistas de la época explicaban cómo montar tu propia radio galena para usar en casa. A pesar de esto, sus limitaciones en cuanto a la amplificación del sonido y de la señal recibida hizo necesarios receptores de radio más complejos como los de válvulas o tubos termoiónicos, que necesitaban baterías o corriente eléctrica constante para funcionar. Pero no sería hasta finales de los 50 del siglo XX surgirían las radios a transistor o de transistor, que se popularizarían en los 60 y 70 por ser portátiles y por sus precios más asequibles para el gran público.

Para radioaficionados

Los años 20 fueron la edad dorada de la radio galena y cayó en el olvido por culpa de radios mejores y que, con el tiempo, bajaron de precio. Con todo, en los años 50 y 60 volvió a popularizarse la radio galena como producto Do It Yourself que cualquier aficionado a la electrónica, la radiofrecuencia o simplemente a las manualidades, podía montar por su cuenta si tenía los elementos necesarios, tan simples como un cristal o piedra de galena, alambre de cobre, un tubo de ferrita, cartón o plástico y, en la actualidad, un diodo de germanio e incluso un condensador cerámico.

Radio galena de los años 70 para niños. Fuente: Joe Haupt (Wikipedia)

Para la historia, la radio a galena queda en el recuerdo como un invento al alcance de todo el mundo y que convirtió la radiodifusión en el medio de masas por excelencia y que allanó el camino a su futura rival, la televisión. Por lo demás, una simple búsqueda en internet nos pondrá en la pista para montar nuestra propia radio a galena y recibir señales FM o AM con una calidad de sonido que nos llevará a los años 20 del siglo pasado.