De nuevo, por sexta vez consecutiva, un Juzgado de Social de Barcelona ha determinado que no existe ninguna relación laboral entre los repartidores de Glovo y la propia plataforma. Es decir, con esta sentencia –la tercera en un mes– Glovo respira tranquila en uno de los peores meses desde que su fundación.

Todo este proceso comenzaba con las primeras huelgas de repartidores en España. De la mano de los riders de Deliveroo pugnando por una mejora de sus condiciones de trabajo, la honda expansiva pronto comenzó a crecer. De las huelgas se pasó a los juicios, donde los repartidores de la compañía británica buscaban ser considerados como empleados y no como autónomos. Desde el inicio del proceso, la realidad es que algunos de los que llegaron a último término en el juicio consiguieron lo que se proponían. La justicia española reconocía el papel de empleados de estos repartidores. De hecho, a finales de mayo de este año, se iniciaba una de las causas más importantes: 500 riders contra Deliveroo. Aún sin resultados, la decisión de este juicio será determinante para el futuro de las plataformas de última milla en España.

Las decisiones de los Tribunales y las Inspecciones de Trabajo que aplicaban en contra de Deliveroo, los primeros en entrar en la espiral legal, apuntaban a que Glovo seguiría esa tendencia. De momento, la tecnológica española ha salido airosa de todos sus contenciosos. Según la propia sentencia, “el trabajador decidía el momento de inicio y finalización de su jornada, así como la actividad que realizaba durante la misma, seleccionando los pedidos que quería realizar y rechazando los que no quería. No tenía obligación de realizar un determinado número de pedidos, ni de estar en activo un mínimo de horas al día o a la semana, y tampoco la empresa indicaba los recados a realizar ni cuando tenía que comenzar o finalizar su jornada. Podía rechazar un pedido sin sufrir penalización alguna. De hecho, rechazó 55 pedidos previamente aceptados durante la relación”.

¿Cuál sería la diferencia con Deliveroo? Probablemente en la misma concepción de la compañía. Mientras Deliveroo está limitada a los horarios de comida, Glovo permite repartir su oferta de trabajo a lo largo de todo el día abriendo el abanico de horarios disponibles.

No está exenta de críticas en el extranjero

Aunque goce del visto bueno de los jueces, al menos hasta la fecha, la economía de plataformas no pasa por su mejor momento. Y mucho menos Glovo.

El caso del repartidor fallecido mientras operaba para la plataforma española sin estar registrado ha resonado fuertemente en el sector. En este punto, criticado por la opinión pública, Glovo sigue lamentándose de la judicialización de sus casos, caso único en España, abogando por una regulación similar a la de Francia o Reino Unido. Esto, desde su punto de vista, terminaría con los problemas de inseguridad que han venido generando este tipo de modelos de negocio en los últimos años.

Esto sería una verdad a medias. Si bien es cierto que salvo en el caso de Italia solo han encontrado problemas legales en España, no es en este el único país donde han sido vistos con ojos críticos. Precisamente en Francia, que cuenta una regulación ad hoc para este tipo de plataformas, este tipo de plataformas han sido acusadas de "explotar" a inmigrantes sin papales de forma indirecta que buscan cualquier trabajo en el país galo. El caso vendría a tener el mismo perfil que el del rider fallecido en España: repartidores registrados subcontratan sus permisos a inmigrantes sin papeles que trabajan por un porcentaje de cada servicio. Pese a que las compañías –Uber Eats, Deliveroo o Glovo– aseguran que están trabajando para verificar las cuentas y encontrar movimientos sospechosos, la realidad es que esta tendencia se está convirtiendo en uno de sus peores enemigos.

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