El pez de tres ojos de Los Simpsons es la imagen que nos viene a todos a la cabeza cuando oímos hablar sobre mutaciones genéticas y radiación nuclear. Este pez representa los daños que puede causar la radiación. Sin embargo, debe producirse una catástrofe como la que se cuenta en la miniserie Chernobyl, que emite su quinto y último capítulo este martes, para que se produzcan mutaciones en el cuerpo, ya sea el humano o el de los animales. No obstante, cabe recordar que nada tienen que ver las centrales nucleares actuales con lo que fue Chernobyl, por lo que el riesgo actual es mínimo.

Sobre los efectos de la radiación sabemos que fueron devastadores para quienes estuvieron cerca las primeras horas, pero también produjo un aumento en la incidencia de cáncer. Los gases emitidos durante la explosión fueron mayoritariamente cesio y yodo en sus formas radiactivas, pero ¿qué significa esto? Las emisiones de estos dos gases son de las llamadas ionizantes, es decir, que son capaces de alterar el material genético (ADN) que se encuentra en nuestras células y causar diferentes tipos de mutaciones, entre ellas el cáncer. Sin embargo, las mutaciones pueden ser de otro tipo también, no solo terminan formando tumores sino que pueden producirse malformaciones o enfermedades congénitas.

Síndrome de Down y defectos congénitos

Por ejemplo, las células de nuestro cuerpo que peor lo pasan ante la radiación son nuestros gametos. Los espermatozoides y los óvulos son las células más sensibles ante las altas dosis de radiación. Este parece ser el motivo por el que nueve meses después de la lluvia radiactiva en el Berlín Occidental (Alemania) aumentó la tasa de recién nacidos con Síndrome de Down. El Síndrome de Down es un trastorno genético en el que hay una trisomía del cromosoma 21, es decir, que este cromosoma en vez de tener dos copias, tiene tres (o dos y un poco de una tercera). Entre 1980 y 1986, la prevalencia en el nacimiento del síndrome de Down era muy estable (1,35-1,59 por 1000 nacimientos vivos. No obstante,tras la catástrofe el número aumentó y se diagnosticaron 46 casos (prevalencia = 2,11 por 1000 nacimientos vivos). Dos años después del accidente, la prevalencia había bajado ligeramente hasta el 1,77 y en 1989 los datos se reflejaban como los previos al accidente nuclear.

Otro de los problemas que causa la radiación son las malformaciones y las enfermedades genéticas. No podemos olvidar que el ADN de nuestro cuerpo procede de nuestros padres. Así pues, si los padres vivieron durante la explosión de Chernobyl o nacieron tras esta, pueden tener mutaciones en su genoma que trasladan a sus hijos. Han pasado 33 años, pero el debate sigue sobre la mesa: ¿el aumento de defectos de nacimientos producidos en la región desde 1986 está relacionado con la catástrofe nuclear? Aunque los expertos no se ponen de acuerdo, sí que es cierto que los médicos cercanos a la zona de la catástrofe han informado de un aumento de defectos congénitos desde 1986, tal y como publicó Bussines Insider.

Hace nueve años, la Academia Americana de Pediatría encontró una correlación entre la presencia de niveles peligrosos de estroncio 90, un elemento radioactivo producido por la fisión nuclear, y tasas dramáticamente altas de ciertos defectos congénitos de nacimiento y publicó un estudio al respecto. Aunque el estudio tiene su tiempo y se realizó entre los años 2000 y 2006 nos puede dar una idea de las consecuencias que tuvo la catástrofe en la siguiente generación en dos sitios: Rivne y Polesia. En ambos lugares encontramos las tasas más altas de defectos del tubo neural de Europa, según señala el estudio. ¿Qué implican los defectos en el tubo neural? Este defecto congénito es un defecto del cerebro, la columna vertebral y la médula espinal. Las consecuencias más comunes son la espina bífida y la anencefalia.

Los hijos de los 'liquidadores'

liquidadores
Liquidadores dirigiéndose a la central

Hasta ahora hemos hablado de lo que ha supuesto para la población general, pero ¿qué pasó con los niños y niñas que nacieron tras Chernobyl y sus padres eran liquidadores? Los liquidadores fueron 850.000 civiles y militares, encargados de las operaciones de descontaminación, construcción, transporte, trabajos de seguridad y asistencia para la evacuación de la zona, por si la situación se ponía más fea. Aunque no corrieron el mismo riesgo que los bomberos e ingenieros que atendieron el accidente en las primeras horas, también se vieron expuestos a la radiación. ¿Tuvo esta radiación impacto en su descendencia?

Un estudio realizado en 2004 buscaba saber si los descendientes de los liquidadores bielorrusos habían heredado mutaciones en su ADN debido al trabajo de sus padres en la central nuclear. Las familias de liquidadores estudiadas fueron 64, mientras que hubo un grupo de control de 66 personas. La investigación se centró en los microsatélites que, en genética, son secuencias de ADN en las que un fragmento se repite de manera consecutiva creando los diferentes alelos que se pueden ubicar en un mismo locus (una posición fija del cromosoma). Para esta investigación se estudiaron 72 locus diferentes (31 autosómicos, uno del cromosoma X y 40 del Y). Tras el análisis de ambos grupos, el de los liquidadores y el de control, los investigadores señalaron que ni en las células germinales (que se transforman en los gametos -óvulos y espermatozoides-) ni en las autosómicas (el resto) se habían producido mutaciones significativas, es decir, fuera de lo que se considera normal.

Aunque los hijos de los liquidadores han tenido más suerte, la realidad es que tras el accidente de Chernobyl más niños de los que deberían nacieron con diferentes tipos de malformaciones, trastornos y enfermedades congénitas. Sin embargo, también es cierto que con el esta investigación sobre la descendencia de los liquidadores queda claro que las células del ser humano tienen una gran capacidad de reparación tras exponerse a radiación ionizante. No obstante, siempre será mejor mantenerse alejados de esta, ya que no todas las personas tienen la misma capacidad para reparar su ADN. Un ejemplo de esto es el aumento en los casos de cáncer que se dieron tras quedar el núcleo del reactor al descubierto.