La naturaleza suele ser un espectáculo asombroso en el que todos sus procesos tienen una razón de ser, por muy misteriosos que puedan llegar a ser. Tal es el caso de los extraños halos de arena que se forman alrededor de los arrecifes de coral y que solo se pueden observarse desde distancias satelitales. Aunque por años eran un misterio para la ciencia, un reciente estudio descubrió su origen y qué condiciones ayudan a su crecimiento.

Como si de un trabajo de jardinería se tratase, los peces y seres invertebrados se alimentan de las algas que crecen en los arrecifes, dejando la zona limpia y “podada”. Al repetir este proceso a lo largo de la extensión de estos arrecifes de coral, la imagen que se obtiene es la de pequeños círculos blancos que se asemejan a la de una vista microscópica de un grupo de células.

Halos de arena indican el estado de salud de los corales

De acuerdo con un grupo de investigadores, estos halos de arena son una ventana para comprender qué tan organizadas son las interacciones entre las especies que existen alrededor de características de hábitats para reestructurarlas.

Al realizar esta especie de tarea de jardinería, las especies dejan una especie de huella en los arrecifes que, al observarlos desde alturas satelitales, es posible observar posibles cambios en los ecosistemas en estas áreas. Precisamente, en este reciente estudio se menciona una investigación realizada en 1973 en las Islas Vírgenes en la que se encontró que los halos desaparecieron luego de que se retiraran las especies de erizos de mar herbívoros, demostrando que su presencia era absolutamente necesaria para el mantenimiento de los arrecifes de coral.

Sin embargo, no solo los herbívoros son los causantes de este fenómeno. También sus depredadores contribuyen a estas particulares huellas al buscar sus presas. Los peces que se alimentan de invertebrados herbívoros tienden a agrandar estos halos al buscarlos entre la arena.

Esta vista satelital permite planificar el cuidado de los arrecifes de coral

Otro estudio se encargó de analizar las huellas de estos halos en diferentes zonas de la Gran Barrera de Coral en Australia, unas en la que la pesca está permitida y otras protegidas. Los investigadores hallaron que, contrario a lo que pensaban –en zonas con menos predadores los halos serían más grandes, mientras que, en las zonas con más predadores, los halos serían más pequeños–, en ambas zonas los halos resultaron ser prácticamente del mismo tamaño.

No obstante, la diferencia reside en que las zonas protegidas son más propensas a la formación de estos halos, especialmente en aquellas áreas protegidas en las que las especies predadoras habían tomado más tiempo en recuperarse de un período de pesca. Esto demuestra que los halos también actúan como indicadores de que los ecosistemas de estos arrecifes son saludables y equilibrados, lo cual se refleja en zonas donde existen tanto presas como predadores.

Finalmente, esta información podría ser útil para la gestión de zonas de pesca para no afectar los ecosistemas de los corales y ayudar a su recuperación.

Este artículo fue publicado originalmente en Tekcrispy