– Abr 16, 2019, 19:25 (CET)

Probamos el Samsung Galaxy Fold: una pizca de futuro con algunos compromisos

Cerca de dos meses después de su anuncio oficial, Samsung por fin nos ha dejado desplegar, plegar y volver a desplegar el Galaxy Fold, su teléfono más innovador hasta la fecha que llega con la intención de redefinir el concepto de smartphone tal y como lo conocemos.

Si hay un tipo de preguntas que un notable número de personas en las últimas semanas me ha estado formulando, desde que dos de las principales marcas del panorama tecnológico actual anunciaran su visión al respecto, esas son aquellas requiriendo más información acerca de los smartphones plegables. ¿Cómo se sienten en la mano? ¿Es de verdad útil disponer de tanta pantalla? ¿Resulta realmente cómodo de utilizar? ¿Es este el futuro de los teléfonos a corto plazo?

Acostumbrados, como estamos, a un concepto de smartphone que en los últimos años se ido refinando hacia un formato tipo donde lo que ofrecen todos los fabricantes es un terminal rectangular con un frontal ocupado en su mayor parte por una pantalla y una trasera en la que se ubica la cámara principal, recibir aire fresco en términos de diseño es algo que se agradece y que crea interés por parte del público. Es una de las razones por las que estamos asistiendo en los últimos meses a lanzamientos de dispositivos que ocultan su cámara frontal con diferentes e ingeniosos mecanismos, por ejemplo, algo que permite a las empresas escapar del manido modelo descrito.

Un dispositivo plegable es, por ende, aún más emocionante. La tecnología que se lleva años prometiendo, aquella que permitiría disfrutar de una gran pantalla sin sacrificar dimensiones totales, ya está aquí. El Samsung Galaxy Fold es la primera aproximación a ello y, si bien no queda libre de compromisos, es un terminal lo suficientemente atractivo como para no tener la percepción de que la marca surcoreana quiere ofrecer algo que aún no está listo.

Desdoblando el futuro

Para su concepto de teléfono plegable Samsung apuesta por un dispositivo con doble pantalla: un gran panel de 7,3 pulgadas y otro más pequeño de 4,6, ambos AMOLED. El primero de ellos se pliega hacia su interior, quedando su superficie totalmente protegida, y habilitando en este estado el más pequeño, pensado para llevar a cabo las acciones más cotidianas y rápidas que requieran de poca interacción.

Lo primero que uno aprecia cuando toma en sus manos el Galaxy Fold es que los acabados no difieren de los que se pueden encontrar en cualquier otro terminal de alta gama a día de hoy. La agradable sensación del cuerpo de cristal, el ingrediente cualitativo del metal y la solidez en general son tres de las características que marcan el uso del mismo, como en tantos otros smartphones premium. No pasan inadvertidos tampoco su grosor (177 milímetros) y su peso (269 gramos), ambos ciertamente superiores a la media.

Lo segundo –partiendo de la posición plegada del terminal–, es que la pantalla exterior no casa bien con el concepto innovador que quiere transmitir el conjunto del teléfono. Teniendo en cuenta que, por normal general, ninguno de los dispositivos que llegan al mercado a día de hoy cuenta con un panel inferior a las 5,5 pulgadas, las 4,6" de este resulta a todas luces insuficientes. Una pequeñez que se ve acentuada por los amplios marcos que bordean a la misma y por su formato (21:9), que se antoja particularmente estrecho y alargado.

Este es uno de los compromisos que mencionaba unas líneas más arriba. Pareciera como que Samsung se hubiera visto obligada a incrustar una pantalla externa con el fin de no obligar al usuario a abrir el teléfono cada vez que quiera hacer uso del mismo y, aunque ciertamente aporta utilidad, pues no siempre resultará conveniente desplegar la totalidad de este, no deja de ser una solución que no convence en exceso.

El momento de gloria viene, evidentemente, cuando uno despliega el teléfono y contempla ante sí una pantalla con unas dimensiones de tablet que, en efecto, cabe en el bolsillo. Una magnífica visión solo interrumpida con un notch de considerables dimensiones en la parte superior derecha, alojándose en él las cámaras y sensores.

El movimiento de apertura y cierre parece –con apenas unas horas uso– sólido en su construcción, y sus dos posiciones quedan perfectamente evidenciadas al usuario con una parte magnética en ambos extremos de la pantalla que impide que se abra por error una vez cerrado y por una rigidez cuando se encuentra desplegado que impide que se cierre con la mínima presión.

Lo que ya sospechábamos tras el anuncio y las diferentes filtraciones que hemos visto en los últimos días resulta ser cierto: la "arruga" que surca la pantalla de extremo a extremo por su punto medio, donde se dobla, se muestra clara tanto al tacto como a la vista. En este último caso será especialmente evidente cuando la luz incida desde un determinado ángulo y no tanto cuando uno se encuentre haciendo un uso normal del dispositivo. No será un factor determinante en el día a día, pero es una sensación que no encuentra demasiada consonancia con el resultado premium que se espera en un dispositivo que ronda los 2.000 euros.

Un par de detalles a comentar acerca de esta "arruga" y el mecanismo de plegado: Samsung asegura que la primera no se hará más notoria con el paso del tiempo y que el dispositivo está pensando para abrirse y cerrarse unas 200.000 veces. Aunque habrá que ponerlo a prueba en su uso diario, esto sería más que suficiente para no tener que preocuparse por fallos a este respecto.

Más allá de lo llamativo

Además del obvio alarde de ingeniería y lo sorpresivo del terminal en su exterior, este ha de cumplir también en el apartado de especificaciones y utilidades adicionales que hagan merecer la pena tanto el desembolso extra que supone frente a uno tradicional como el exponerse ante una primera versión de una nueva línea de terminales, que siempre ofrece una experiencia menos depurada que conceptos más trabajados.

En el interior del Galaxy Fold encontramos lo mejor que ha podido incluir la casa surcoreana, con el procesador Snapadragon 855 dando vida al terminal y acompañando al mismo 12 GB de memoria RAM y 512 GB de almacenamiento interno. Donde más dudas se generan, quizá, es en el apartado de la batería (baterías, en realidad, puesto que son dos), que con 4.380 mAh en total puede ser insuficiente si se abusa de la pantalla principal y del consumo de contenido multimedia a lo largo de la jornada.

Seis son las cámaras que encontramos en total en este teléfono: tres en la parte trasera (que siguen la misma configuración del Galaxy S10 con 16 + 12 + 12 megapíxeles, con un gran angular y un telefoto), dos en el mencionado notch de la pantalla principal (10 + 8 MP) y una única ubicada en la parte superior de la pantalla de 4,6 pulgadas para poder tomarse selfies sin desplegar el smartphone.

Dada la similitud de las configuraciones, los resultados deberían ser muy similares a los de los recientes Galaxy S10, con las virtudes y carencias que ya comentamos en su análisis correspondiente.

Sí difiere de los nuevos buques insignia de la casa en el sensor de huellas dactilares, que en esta ocasión se encuentra en un lateral (como en el Galaxy S10e) y no bajo la propia pantalla. Dispone también de sonido en estéreo a través de los altavoces superior e inferior.

En cuanto a las bondades características del Galaxy Fold, lo más llamativo es la posibilidad de poder ejecutar hasta tres aplicaciones al mismo tiempo cuando la pantalla se encuentra desplegada, la máxima expresión de la multitarea que promete realizarse sin problemas gracias a las especificaciones descritas. Así mismo, conviene señalar que cuando uno se encuentra haciendo uso de una aplicación en la pantalla exterior con el teléfono cerrado, esta se muestra de manera automática al desplegarlo, dando lugar a una continuidad de la acción sin interrupciones.

No sabemos si el Samsung Galaxy Fold marcará el futuro de la telefonía y dentro de unos años todos los smartphones serán plegables. Lo que sí está claro es que ahora, disponer de las innovaciones que ofrece la marca con este dispositivo es algo que trae consigo ciertos compromisos.