Tanto los cometas como los asteroides se formaron a partir del disco de gas que giraba en torno al Sol, durante los inicios del sistema solar. Sin embargo, lo hicieron a distancias diferentes, que afectaron notablemente a su composición. Por eso, en los asteroides, que se formaron mucho más cerca del astro rey, predominan los metales y el material rocoso, mientras que los cometas constan principalmente de hielo, polvo y más material rocoso. Además, los segundos tienen una proporción de carbono mucho mayor que la de los primeros.

Por todo esto, un equipo internacional de científicos liderado por Josep Ma. Trigo del CSIC y Larry Nittler de la Carnegie Institution, en el que participan otros investigadores del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC-IEEC) de Barcelona, ha podido identificar que un minúsculo fragmento, embebido en el interior de un meteorito hallado en la Antártida, pertenecía a un cometa, que tiene mucho que decir sobre los orígenes de nuestro sistema planetario.

Foto cortesía de Larry Nittler y la NASA

Meteorito con sorpresa

Se conoce como meteorito al meteoroide que no se desintegra por completo al entrar en contacto con la atmósfera y, por lo tanto, termina alcanzando la superficie de un planeta concreto. Estos meteoroides son “cuerpos” que giran alrededor del Sol o cualquier otro objeto interplanetario y que tiene un tamaño menor que el de los asteroides y los cometas. Por lo general se forman a partir de fragmentos de cualquier de ellos, aunque también pueden proceder de rocas expulsadas de satélites y planetas o restos resultantes de la formación del sistema solar. En definitiva, un asteroide o un cometa pueden fragmentarse, dando lugar a meteoros, que a su vez se convierten en meteoritos una vez que traspasan la atmósfera e impactan contra la superficie de un planeta, en nuestro caso la Tierra.

El meteorito investigado en el Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC) por estos científicos, cuyos resultados se presentan hoy en Nature Astronomy, es una condrita carbonácea. Estas rocas, formadas mucho antes que la Tierra, contienen información muy interesante acerca de la formación del sistema solar, e incluso sobre el origen de la vida, ya que a partir de los minerales presentes en ellas es posible sintetizar compuestos orgánicos, siempre que sea en disolución acuosa y en presencia de formamida. Por eso, hallar en la Antártida este meteorito, que había sobrevivido casi intacto al paso por la atmósfera, era una oportunidad de oro para estos científicos. El profesor Trigo llevaba años buscando este tipo de materiales en condritas carbonáceas, fruto de varios proyectos de investigación consecutivos en el Programa Nacional de Astronomía y Astrofísica, pero lo que no esperaban era encontrar una curiosa sorpresa al analizarlo químicamente. En su interior, un fragmento de una décima de milímetro de diámetro poseía una composición que no se correspondía con la del asteroide que supuestamente dio origen al meteorito, sino con la de un cometa.

Estos científicos han demostrado con este estudio sin precedentes que un fragmento de un cometa, originado en los confines helados del sistema solar, salió expulsado hacia dentro, hasta ser atrapado por un asteroide que se estaba formando más cerca del Sol, algo más allá de Júpiter. Juntos viajaron en dirección hacia la Tierra, donde el asteroide sirvió como escudo al fragmento de cometa, que sobrevivió a la lógica degradación que habría tenido lugar su hubiese atravesado la atmósfera desnudo. De este modo, se presenta ante los científicos una oportunidad única para estudiar lo que tiene que decir este objeto sobre el origen de las regiones más lejanas de nuestro propio sistema planetario.

“Esos materiales son tan frágiles que no suelen sobrevivir a las velocidades que entran en la atmósfera, , originando meteoros”, explica a Hipertextual Josep Trigo-Rodríguez, investigador principal del Grupo de Meteoritos y Ciencias Planetarias del ICE y líder del proyecto de investigación del Plan Nacional de Astronomía y Astrofísica (AYA en el marco del cual se ha descubierto el fragmento de cometa). “Típicamente su ablación produce estrellas fugaces. Ahora abrimos la puerta a poder estudiar los fragmentos que pueden haberse preservado en otros meteoritos primitivos ”.

Se trata por lo tanto de un hallazgo sin precedentes, cuyas probabilidades de ocurrir eran extremadamente bajas. Eso sí que es ganar el primer premio de la lotería.

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