El pasado 20 de marzo, a las 22:00 UTC, Andrew Hewison se encontraba paseando a su perro por la ciudad inglesa de Alston cuando algo llamó su atención. Justo en el lado opuesto del cielo en el que brillaba la última superluna del año se dibujaba lo que parecía una especie de arco de colores pálidos.

Rápidamente, corrió a tomar una instantánea con su móvil, pero no logró inmortalizar la imagen. Antes de que el fenómeno desapareciera del cielo, recurrió a su cámara digital, la puso en modo noche y… ahí estaba. Un precioso arcoíris, similar al que vemos en el cielo cuando el Sol comienza a asomar después de un día lluvioso. Pero con la diferencia de que en este caso no había ni rastro del astro rey y parecía ser la Luna la que había propiciado esa imagen tan bonita.

Andrew Hewison

Un fenómeno casi invisible

Lo que Andrew vio aquella noche era un fenómeno conocido como arcoíris lunar, que se da cuando la luz de la Luna se refracta al entrar en contacto con las gotas de agua presentes en el aire, descomponiéndose en varios colores.

Al contrario que los arcoíris que se generan durante el día, en este caso los colores son muy débiles, ya que la intensidad de la luz procedente de la Luna es mucho menor que la que emite el Sol directamente. No debemos olvidar que nuestro satélite no tiene luz propia y que la que parece proceder de él en realidad es el resultado de la luz solar reflejada en ella, por lo que llega hasta el agua con menos “fuerza” que durante el día.

Como resultado se obtiene una “imagen” demasiado débil para excitar las células del ojo encargadas de captar los colores, por lo que por normal general se ve en tonos pálidos o blanquecinos. Sin embargo, las cámaras de fotos sí que logran inmortalizarlo, especialmente cuando se realizan fotografías de larga exposición, como la que tomó Andrew. Este es precisamente el motivo por el que estos fenómenos también son conocidos como arcoíris blancos.

¿Cuáles son las condiciones óptimas para verlo?

Para cazar un arcoíris lunar es necesario que converjan dos factores muy importantes: alta humedad y luz lo más intensa posible.

Por eso, se considera que las dos mejores estaciones para verlos son la primavera y el otoño, ya que el ambiente suele ser mucho más húmedo. Además, es importante que haya Luna llena, para propiciar que desprenda la mayor cantidad posible de luz y, si es superluna, mejor que mejor. Por esta misma razón, se considera también que los dos momentos del día óptimos son el amanecer y el atardecer, ya que suele haber buenos niveles de humedad y, además, la Luna se encuentra muy baja en el horizonte, por lo que llega más de su luz hasta la Tierra.

Dándose estas condiciones, puede aparecer en casi cualquier lugar del mundo; pero, lógicamente, hay regiones óptimas, como las cataratas de Iguazú o el Parque Nacional de Yosemite. Por otro lado, Inglaterra, conocida por sus altos niveles de humedad, es uno de los países en los que más se han registrado, especialmente en la zona del condado de York.

El día 20 Andrew, sin saberlo, se encontraba rodeado de las mejores condiciones para observar este fenómeno: superluna, equinoccio de primavera y uno de los mejores países del mundo para hacerlo. Lo que iba a ser un simple paseo con su perro, sin duda se convirtió en un magnífico momento para recordar.