El Spaceborne Computer, un supercomputador Linux construido por HP para medir si es posible operar hardware de alto rendimiento en el espacio durante eventos de alta radiación, ha estado varado por algunos meses en la Estación Espacial Internacional (ISS).

De acuerdo con la BBC, los servidores tenían planeado regresar en octubre de 2018, sin embargo, un fallo en el cohete ruso Soyuz obligó a posponer su viaje de retorno. La misión estaba originalmente pensada para operar durante un año, aunque el Spaceborne ha sorprendido a todos, ya que luego de 530 días, continúa funcionando sin problemas.

Los tres servidores que conforman el supercomputador se encuentran montados en el techo del módulo Destiny, en la Estación Espacial Internacional. Para mitigar las altas temperaturas provocadas por el procesamiento de datos, el Spaceborne ha sido colocado en una caja hermética conectada al sistema de enfriamiento de agua de la estación.

Los astronautas lo han utilizado para ejecutar experimentos en la ISS. Si bien la idea inicial era únicamente realizar pruebas de diagnóstico para comprobar el funcionamiento correcto, desde noviembre de 2018 las prioridades cambiaron.

Los integrantes de la estación espacial buscan reducir el tiempo que tardan en enviarse los datos a la Tierra. Al realizar los cálculos en el espacio se liberaría también el ancho de banda del canal de comunicación de la Estación Espacial Internacional con la NASA. Esto resultará vital en la misión a Marte ya que de acuerdo con Adrian Kasbergen, arquitecto de contenido en HP Enterprise, los astronautas tendrían que esperar hasta 40 minutos para enviar y recibir datos desde nuestro planeta.

Se espera que el Spaceborne Computer pueda regresar a la Tierra en junio de 2019, aunque eso dependerá que haya espacio en la nave de regreso. Una vez que lo consiga, los científicos de la NASA e ingenieros de HP analizarán los datos y prepararán el terreno para enviarla de vuelta en la misión a Marte, planeada para 2030.

Actualmente HP Enterprise se encuentra mostrando una réplica en uno de los pabellones del Mobile World Congress. Sus creadores dicen que el costo por cada uno de los tres servidores que componen el supercomputador es de ocho millones de dólares.

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