El símbolo arroba es considerado como uno de los caracteres más elegantes del teclado moderno. Este símbolo, inicialmente usado como una medida de capacidad para el transporte de alimentos y bebidas, actualmente forma parte de nuestro día a día.

La arroba, también llamada “caracol” en Italia, o “cola de mono” en Holanda, es la punta de lanza en lo que a las comunicaciones digitales se refiere; aunque también es usado –algunos dirían que de forma errónea- para eliminar los matices de género en algunas palabras de nuestro lenguaje. Veamos cómo este símbolo llegó a revolucionar el campo de la comunicación humana.

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Esta es la historia de cómo el símbolo de arroba llegó para quedarse

El Museo de Arte Moderno considera que el uso de la arroba se trata de un ejemplo de elegancia, económica, y transparencia intelectual que forma parte de las direcciones futuras que se integran en las artes de nuestro mundo moderno. A ciencia cierta, el origen más remoto de este símbolo, no está lo suficientemente claro.

Sin embargo, se tienen registros de su utilización por parte de los monjes medievales como un atajo de escritura cuando copiaban interminables manuscritos. Al respecto, se plantea que los monjes transformaron la palabra de origen latino “ad”, que se traduce como “hacia”, en una arroba, al unir la letra “a”, con la parte posterior de la “d”, como si fuese una cola.

En la misma línea, se sugiere que la arroba evolucionó de la abreviatura de “cada en”; en este caso, la letra “a”, fue rodeada por la “e”. No obstante, su primer uso documentado data de 1536, en una carta de un comerciante de Florencia, llamado Francisco Lapi; en este documento, se evidencia el uso de la arroba para representar unidades de vino, llamadas ánforas, que solían enviarse en grandes vasijas de barro.

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Arroba, comercio y obsolescencia

Tal como vemos, al revisar la historia, el símbolo de arroba tenía un rol de suma importancia en el comercio durante la época medieval. Específicamente, para ese momento, el símbolo representaba un ánfora, una antigua medida que se usaba para denotar la capacidad de unas vasijas de barro en las que se transportaba todo tipo de alimentos; desde granos y cereales, hasta líquidos como el vino.

Posteriormente, los comerciantes empezaron a usar la arroba para representar la tasa de venta de sus productos. En estos casos, un anuncio de “12 uvas @ 1$”, significaba que la unidad costaba un dólar y la docena un total de 12 dólares. Así, el símbolo adquirió una gran importancia en el ámbito del comercio.

Con el pasar del tiempo, este el símbolo de arroba fue dejado de lado. En particular, con el advenimiento de las máquinas de escribir, a mediados del siglo XIX, la arroba fue ignorada como parte de los caracteres incluidos.

En este sentido, las primeras máquinas de escribir carecían de este símbolo y fueron dejadas de lado en los primeros sistemas de tabulación de tarjetas perforadas, una tecnología precursora de la programación informática moderna, utilizada por primera vez para recopilar y analizar los datos del censo de 1890 en los Estados Unidos. Sin embargo, como veremos a continuación, el símbolo de la arroba volvería a la palestra pública en 1971, de la mano de Ray Tomlinson, un científico especializado en el campo de la informática.

La arroba llega al campo de la informática

No sería hasta el año de 1971 cuando, gracias a Ray Tomlinson, el símbolo de arroba volvería a ver la luz, luego de ser relegado. Para esa época, Tomlinson, debía resolver un problema de gran importancia. Específicamente, su misión era descubrir como conectar a varias personas entre sí mientras se encontraban programando.

Para la época, cada uno de los programadores debía conectarse a un equipo central específico a través de una conexión telefónica y una máquina de teletipo; en pocas palabras, una máquina de teletipo era un teclado con una impresora incorporaba.

El aspecto problemático de todo esto es que las computadoras no estaban conectadas entre sí, una limitación que el gobierno de los Estados Unidos se propuso superar al contratar a BBN Techonologies, una empresa de Cambridge, en Massachusetts, donde trabajaba Tomlinson.

Curiosamente, el proyecto para el que trabajaba Tomlinson en ese momento, giraba en torno al desarrollo de una red de comunicaciones llamada Arpanet, precursora del Internet moderno que disfrutamos actualmente.

No hay una razón especial por la que se escogió el símbolo de arroba

El principal desafío para Tomlinson era cómo abordar un mensaje elaborado por una persona y enviado a través de Arpanet a alguien que estuviese usando una computadora distinta. Claramente, la dirección necesitaba del nombre de la persona y la dirección de envío, que pudiese ser usada para muchos usuarios.

No obstante, era necesario un símbolo que separara estos dos elementos. El problema es que el símbolo debía ser distinto a los usados frecuentemente por otros programas y sistemas operativos ya que, de otra forma, se correría el riesgo de confundir a las computadoras.

En este caso, no había muchas opciones; Tomlinson pensó en el símbolo de igual, aunque le pareció que eso no hubiese tenido sencillo. Así mismo, consideró un signo de exclamación y hasta una coma, hasta que sus ojos se posaron en un símbolo colocado sobre la letra “p”, en su teletipo Modelo 33; como adivinarás, era el símbolo de la arroba.

Ya con el sistema de nombres en mente, Tomlinson envió un correo electrónico que viajó desde su teletipo a través de Arpanet, hasta llegar a otro teletipo que fungía como receptor. Justo en ese momento, la arroba habría llegado para quedarse.

Finalmente, si bien nadie recuerda el contenido de ese primer correo electrónico, nadie duda de que, gracias a este mensaje, el antiguo símbolo de arroba, obsoleto por un momento, se consolidó como eje de una revolución en el campo de la comunicación humana, dándonos identidad en el mundo digital.

Este artículo fue publicado originalmente en Tekcrispy