Desde el siglo XV y hasta mediados del XIX, el planeta Tierra experimentó una brusca bajada de las temperaturas globales, que a día de hoy se conoce como la “Pequeña Edad de Hielo”. Los expertos consideran que hubo varias razones detrás de este anómalo enfriamiento, desde erupciones volcánicas hasta una disminución temporal de la actividad solar, pasando por una drástica reducción de los niveles atmosféricos de dióxido de carbono. Sin embargo, las razones detrás de algunos de estos fenómenos eran todo un misterio, especialmente en el último caso.

Ahora, un equipo de científicos del University College de Londres (UCL) ha apuntado a una razón que resulta esclarecedora, a la par que escalofriante. Y es que, según explican en un estudio publicado recientemente en Quaternary Science Reviews, fue la matanza de los colonizadores europeos a su llegada a las Américas la que dio lugar a esta reducción de dióxido de carbono, a causa del abandono de una amplísima extensión de terrenos de cultivo.

La otra cara de la conquista

Para comprender qué ocurrió en la atmósfera terrestre a finales del siglo XV y durante los siglos posteriores sería necesario entrar en situación histórica.

Corría el año 1492. Aproximadamente 60 millones de personas vivían en América, cuando Colón y el resto de marineros que lo acompañaban pisaron por primera vez el continente. A él le siguieron otros muchos hombres, como Hernán Cortés o Francisco Pizarro, que decidieron hacer suyas aquellas tierras, sembrando el pánico entre sus habitantes, muchos de los cuales terminaron masacrados o esclavizados. Su llegada también fue acompañada por la expansión de enfermedades como la viruela o el sarampión, que hasta entonces no habían alcanzado el continente. En definitiva, se generó un colapso social que terminó mermando la población hasta solo cinco o seis millones de personas en un periodo de cien años.

Esto supuso el abandono de un gran número de tierras de cultivo, dejando vía libre a la expansión de árboles de rápido crecimiento, entre otras plantas silvestres. Según el equipo de la UCL, esto sucedió en aproximadamente 56 millones de hectáreas de terreno, lo que supone un área similar a la que ocupa Francia.

El resultado fue una reducción muy drástica de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera, ya que todos esos nuevos árboles utilizaron masivamente el gas para realizar la fotosíntesis. Como resultado, se produjo también una notable reducción de las temperaturas, ya que el CO2, como otros gases de efecto invernadero, retiene las radiaciones solares en la atmósfera, evitando que se pierdan y manteniendo una temperatura habitable. Si el gas aumenta demasiado, como hoy en día, se genera un sobrecalentamiento, mientras que si disminuye, como entonces, hará más frío.

La clave oculta en la Antártida

Además de comprobar que las fechas cuadraban y que, efectivamente, una gran extensión de terreno abandonado había sido ocupada por árboles, estos investigadores buscaron pruebas de su teoría en los registros del núcleo helado de la Antártida. De este modo comprobaron que las burbujas atrapadas en esos años habían sufrido una gran caída en su concentración de dióxido de carbono. Por otro lado, también comprobaron que todo cuadrara con los registros de depósitos de carbón y polen de la época en las Américas, ya que había evidencias de una disminución en el uso de fuego destinado a la agricultura y un incremento en la aparición de especies silvestres.

¿La solución para la actualidad?

Aunque todo esto resulta especialmente triste y catastrófico, a bote pronto podría parecer una señal para solucionar el problema que supone hoy en día el calentamiento global. Sin embargo, los científicos advierten que ya es demasiado tarde para que el cambio climático se pueda arreglar sembrando árboles que capten el dióxido de carbono de la atmósfera. De hecho, en 2017 un equipo de científicos del Instituto de Investigación del Impacto Climático de Potsdam (PIK) llevó a cabo un estudio en el que se concluía que para poder eliminar suficiente CO2 de la atmósfera en la situación actual sería necesario sembrar tantos árboles que se eliminarían un tercio de los ecosistemas. Además, como ocurrió en las Américas, habría que utilizar una gran extensión de terreno que antes se utilizaba para los cultivos, con todo lo que eso supondría para abastecer de alimentos a la población mundial.

Por lo tanto, lo que para muchos fue una época de gloriosas conquistas, en realidad supuso un inmenso genocidio, cuyas consecuencias llegaron incluso a cambiar el clima de todo un planeta. Algo tan terrible solo podría lograrlo un exceso de ambición humana.