Las muertes por sobredosis de opioides en Estados Unidos son un verdadero problema de salud pública, que incluso ha llegado ya a catalogarse como epidemia. Más de un centenar de personas mueren cada día por este motivo, llegando a alcanzarse las 63.600 defunciones en 2016.

Entre los primeros síntomas que experimenta una persona afectada por sobredosis se encuentra una disminución en la velocidad de la respiración, que poco a poco termina por detenerse. Tomado a tiempo, este problema puede revertirse gracias a un fármaco, llamado naloxona. Sin embargo, la mayoría de afectados no se encuentran en condiciones de pedir ayuda, por lo que terminan empeorando hasta que su condición se vuelve fatal.

Por este motivo, un equipo de investigadores de la Universidad de Washington ha desarrollado una aplicación para smartphone dotada para ponerse en contacto con una persona allegada o directamente con los servicios de emergencia, después de que el propietario del teléfono móvil comience a experimentar los primeros síntomas.

Crédito: Mark Stone/University of Washington

Una segunda oportunidad

La aplicación, llamada Second Chance (segunda oportunidad en inglés), ha sido presentada hoy mismo en un artículo publicado en Science Translational Medicine.

El mecanismo utilizado para ello es muy similar al del sonar de los submarinos. Básicamente, el teléfono envía ondas de sonido inaudibles hasta el pecho del usuario y analiza cómo vuelven hasta él. De este modo, se pueden identificar patrones de respiración concretos, detectando cualquier anomalía en la frecuencia respiratoria. Si esta se detiene totalmente o se sitúa por debajo de las ocho respiraciones por minuto, la aplicación identifica que algo no va bien y pone en marcha la búsqueda de ayuda.

El algoritmo fue probado en un centro de inyección controlada de Vancouver, donde 94 voluntarios utilizaron la aplicación, a la vez que una serie de monitores instalados en sus pechos analizaban su frecuencia respiratoria. De este modo, se podía comprobar si los resultados obtenidos en el teléfono móvil eran fiables. Pasado un tiempo, 47 de ellos alcanzaron cifras menores de ocho respiraciones por minuto, algunos dejaron de respirar durante un tiempo significativo e incluso dos tuvieron que someterse a respiración artificial o administración de naloxona. El algoritmo logró identificar correctamente un 90% de estos eventos.

Finalizado este periodo de pruebas, iniciaron otro, esta vez en el departamento de anestesiología del Centro Médico de la Universidad de Washington. Cuando una persona está anestesiada experimenta síntomas prácticamente idénticos a los de una sobredosis por opioides. No es peligroso, pues ocurre en un entorno controlado, en el que el paciente se somete a la administración de oxígeno. Sin embargo, supone un escenario perfecto para probar Second Chance. En este caso, se predijeron correctamente 19 de las 20 “sobredosis” provocadas por la anestesia.

El siguiente objetivo de estos investigadores será que la aplicación, que es capaz de monitorizar la respiración de alguien situado a 90 centímetros del teléfono móvil, sea capaz de interactuar con el usuario. Así, si este no es capaz de responder a los avisos del ¨smartphone*, se puede concluir con alta seguridad que hay problemas y, por lo tanto, hacer las llamadas pertinentes para que se pueda administrar la naloxona cuanto antes. Los trámites para la aprobación por parte de la Food and Drug Administration (FDA) ya están en marcha. Una vez que esta dé luz verde, esperan comenzar a comercializarla a través de un spinout de la propia universidad, llamado Sound Life Sciences, Inc.