Solo hay dos países en la Tierra en los que hay constancia de que haya rocas con 4.000 millones de años de antigüedad: Canadá y Australia. Es lógico, por lo tanto, que los científicos que se disponen a buscar la roca más antigua del mundo comiencen sus pesquisas por estos lugares. Sin embargo, a veces cuando perdemos algo terminamos encontrándolo por casualidad, en el último sitio en el que se nos habría ocurrido buscar. Eso es precisamente lo que le ha ocurrido recientemente a un equipo internacional de científicos asociados con el Centro para la Ciencia y Exploración Lunar (CLSE), de la NASA, tras encontrar el que podría ser el fragmento de roca terrestre más antiguo hallado hasta ahora. Y lo han hecho un lugar bastante peculiar: la Luna.

Sus sorprendentes resultados acaban de publicarse en un estudio de la revista Earth and Planetary Science Letters.

Big Bertha Crédito: LPI

¿A que voy yo y lo encuentro?

Los autores de este nuevo estudio se encontraban analizando muestras geológicas de la Luna traídas a la Tierra en 1971 por astronautas del Apolo 14, cuando algo llamó su atención. En una gran roca, bautizada como Big Bertha, había incrustado un pequeño fragmento, de unos dos gramos de masa, compuesto por cuarzo, feldespato y circón. Todos estos son minerales muy comunes en la Tierra, pero sería muy extraño que procediera de aquí. Para saberlo con más exactitud, sometieron la muestra a un análisis químico que concluyó que se había formado en un ambiente muy oxidante, como el terrestre, bajo temperaturas similares a las de la Tierra. Todo parecía apuntar a que se trataba de un trozo de roca de nuestro planeta, ¿pero cómo había conseguido llegar hasta allí?

En una primera instancia cabe pensar que podría haber surgido en el momento en el que se originó la Luna. Esto se vería apoyado por la teoría que afirma que nuestro satélite se formó después de que un planeta del tamaño de Marte colisionara con la Tierra. Sin embargo, este no es el caso, ya que el fragmento parecía haber llegado hasta allí algo después.

Por lo tanto, la teoría de estos científicos es que una joven tierra, de poco más de 500 millones de años, sufrió la colisión de un asteroide o un cometa, lanzando al espacio varios fragmentos de roca, de un modo similar al agua que salpica al tirar una piedra a un río. En ese momento, la Luna se encontraba más cerca, por lo que alguno de estos fragmentos pudo encontrarse con ella en el camino, quedando instalado allí, hasta que varios miles de millones de años después los tripulantes del Apolo 14 lo eligieron casualmente, durante su recolección de rocas lunares.

El circón presente en la roca ha sido esencial para calcular su edad, ya que contienen uranio, cuya vida media conocida permite datarlo con gran precisión. De este modo se pudo concluir que el fragmento tenía entre 4.000 y 4.100 millones de años, por lo que podría ser un poco más longevo que las rocas más antiguas halladas en la Tierra.

Ahora será necesario analizar el resto de muestras recogidas por los miembros del Apolo 14, con el fin de comprobar si hay más rocas como esta. De no ser así, las futuras misiones espaciales tripuladas al satélite podrían ayudar a recolectar nuevos fragmentos. De cualquier modo, no hay total seguridad de que esta curiosa roca proceda de la Tierra, incluso podría ser que se formara en la Luna, aunque lo habría hecho en unas condiciones inusuales allí. Por lo tanto, que sea una roca procedente de la Tierra parece ser, de momento, la opción más probable. ¡Menudo golpe de suerte fue volver a traerla hasta aquí!