Chris Hedges, corresponsal del The New York Times, escribió: "Al final, la guerra es siempre traición, traición de los viejos a los jóvenes, de los políticos a los soldados, de los cínicos a los idealistas". El reciente documental de Peter Jackson, llamado They Shall Not Grow Old, da fe de las poderosas palabras de Hedges, y además lo hace de una forma muy especial pues utiliza filmaciones de la Primera Guerra Mundial con un tratamiento de color y recreaciones 3D. También rescató grabaciones de veteranos que describieron su experiencia, no sólo en el combate, sino en el día día.

Desde el título, They Shall Not Grow Old ("Ellos no envejecerán"), la película nos toca y pone en perspectiva lo que significó para miles de jóvenes ir al frente y jamás regresar a casa. Sin mencionarlo, aunque no hace falta, nos damos cuenta de que muchos de esos soldados que aparecen a cuadro no volvieron junto a sus familias, ya sea porque murieron en combate y la cámara capturó sus cuerpos mutilados y dañados, ya sea porque muchos otros se preparaban para continuar con una lucha organizada por los líderes de su país.

Los primeros minutos del documental nos engañan, es decir, nos muestran las "típicas" escenas de los soldados en formación, marchando, comiendo. Sin embargo, pronto nos damos cuenta que estamos ante un contenido sorprendente, sobre todo porque la narración es llevada en su totalidad por veteranos. Su voz fue grabada muchos años después de la guerra, cuando ellos eran ancianos y el director decidió darles el papel protagónico.

Por otra parte, en algún punto, sin anuncio de por medio, el color da una profundidad a lo que estamos viendo que casi duele. Como nunca descubriremos cómo era la vida en las trincheras, los rostros sucios de los soldados, el aspecto de las heridas y la sangre; porque sí, inevitablemente el blanco y negro de las cintas originales y la poca resolución de las mismas nos remiten a una época lejana, casi ajena, y They Shall Not Grow Old se encarga de ponernos en primera fila y recordarnos que no es así, que esos jóvenes eran como todos nosotros o como nuestros padres o hermanos. Además lo hace sin la teatralidad hollywoodesca y esto es muy interesante.

Peter Jackson realizó este documental para el Museo Imperial de la Guerra de Reino Unido, en el centenario del término de la Primera Guerra Mundial. Lo que muestra en pantalla es parte del archivo del museo y por lo mismo se centra en una sola de las muchas batallas que se libraron durante dicha guerra, la cual tuvo lugar en el llamado West Front durante el 7 y el 23 de agosto de 1914. En dicha contienda ocurrida en la frontera entre Francia y Alemania ambos ejércitos sufrieron muchísimas bajas.

En algún punto de la inolvidable novela Matadero Cinco de Kurt Vonnegut un personaje explota contra los veteranos que están contándose su experiencia en la guerra y les grita: "¡Eran unos chiquillos!", y se echa a llorar. Para los protagonistas era un hecho, aunque obvio, casi olvidado por ellos mismos. Algo similar sucede con este documental, los testimonios y los rostros de los soldados hablan de jovencitos desde los 15 años que fueron "equipados" y enviados a la guerra. Es cierto, nuestros narradores regresaron con vida, sin embargo, también nos cuentan que nunca volvieron a ser los mismos y que nadie nunca sabrá cómo es la guerra excepto los que la vivieron; tal como Vonneguth lo expone en su novela.

Eso también va para nosotros pues aunque estamos ante un documental fascinante y sorprendente, con sus atributos de color y la crudeza de la vida diaria —como la precaria higiene personal que se podía tener, la condición de las letrinas y los pequeños placeres como los cigarrillos y las sopas— jamás sabremos en su totalidad cómo fue para los soldados vivir aquel infierno. Tal vez si aquellos traidores que convocaron a la guerra lo hubieran sentido en carne propia este documental serviría para recordar una actividad barbárica erradicada hace mucho tiempo. Pero no es así, y es inevitable volver nuestros ojos a los millones de jóvenes del mundo que siguen dejando su hogar —y que tal vez jamás envejezcan— para combatir en la guerra.

Así pues, They Shall Not Grow Old es un testimonio impactante sobre la Primera Guerra Mundial contado por las personas de a pie y protagonizado por aquellos que jamás envejecerán, por aquellos chiquillos. Sin duda un documental imperdible, para nunca olvidar.