Desde hace algunos meses se hablaba bien de esta serie y de que en su país de origen, Reino Unido, se había convertido en todo un fenómeno. Sin perder tiempo Netflix anunció que la tendría en su catálogo y la estrenó a finales del mes de octubre. El encanto de este thriller creado por Jed Mercurio es innegable y acá hablamos de ello (sin spoilers).

Los protagonistas de Bodyguard son Richard Madden, quien saltó a la fama por interpretar a Rob Stark en Juego de Tronos, y Keeley Hawes, quien hace el papel de Julia Montague, una ministra del Interior polémica, atrevida y acostumbrada a estar en el ojo de las noticias. Madden da vida a David Budd, un veterano de guerra que trabaja como oficial de protección para el Servicio de Policía Metropolitana de Londres, asignado como guardaespaldas de Montague luego de destacarse en un operativo antiterrorista. Lo que de ahí se deriva son seis episodios intensos, cautivadores y sorprendentes, cada uno de ellos con su propio encanto y que mantienen al filo del asiento con suspenso y tensión de gran calidad. Los capítulos de una hora cada uno se escurren como agua y nunca se sabe bien a bien qué es lo que trama cada personaje, ni quien está hablando con la verdad.

Ambos protagonistas, Budd y Montague, tienen mucho detrás. El primero padece trastorno postraumático que no está dispuesto a aceptar y que le ha causado muchísimo daño a nivel personal. La segunda es una férrea política que promueve una legislación que permitiría la vigilancia masiva en aras de la seguridad nacional, un tema, claro, muy a tono con los tiempos modernos. También se tocan otros temas interesantes a lo largo del drama: el clima social sobre la migración, el islam, la radicalización religiosa, el terrorismo, así como una crítica dura al gobierno británico —o cualquier país poderoso— por la guerra, porque aunque se combate fuera de su territorio genera heridas justo en el corazón del mismo: en los jóvenes y, a su vez, en las futuras generaciones.

Lo mejor de Bodyguard es que no pierde un minuto en divagaciones, ni escenas gratuitas; todo lo que vemos en pantalla es valioso, tanto por la forma de presentarlo como por los arcos que va desarrollando. No hay episodios de relleno, no hay paja que nos distraiga del drama principal, por el contrario despliega una intrincada historia política, de poder, de ambición, corrupción, de intriga y suspenso pero también de dramas humanos que no resultan ajenos para nadie.

Ahora que esta serie ha llegado a la plataforma de Netflix uno puede imaginarse lo que fue disfrutarla conforme fue emitida por la BBC, es decir, esperar varios días para el estreno de cada episodio. Con razón se volvió un fenómeno, pues el drama creado por Mercurio —responsable también de Line of Duty— no permite conclusiones tempranas, ni obviedades. Eso sí, el final de la serie se siente apresurado, como buscando un cierre limpio a cada cosa que se planteó y esto no siempre es convincente. Lo que nos queda ahora que la primera temporada está disponible en el gigante del streaming es devorarla, pues cada final de episodio nos deja prendidos lo suficiente como para no poder poner pausa.

Sabemos bien que muchos dramas policíacos británicos son de gran calidad y Bodyguard confirma la regla. Saca provecho de los temas más polémicos sobre seguridad nacional que se discuten actualmente y una mirada a la fragilidad de la mente y sentimientos de las personas que van a la guerra, la cual es, como sabemos, confeccionada por políticos que jamás se mancharán el cuello blanco. Sin grandes efectos ni artificios Bodyguard apuesta por los elementos de los thrillers más conocidos pero no por ello menos interesantes, y con los que logra una serie imperdible.

Bodyguard se encuentra disponible para todos los suscriptores de Netflix.