Las aves son animales de lo más interesantes, que tienen mucho que enseñar al ser humano. Por ejemplo, el vuelo de las gaviotas ha sido utilizado como modelo para el desarrollo de drones más eficientes y algunas palomas se han entrenado para reconocer tumores malignos en imágenes biomédicas. Esto requiere actividad por parte de estos animales. Sin embargo, algunas aves pueden sernos útiles simplemente sentándose a descansar.

Este es el caso del alca común, un ave marina de color blanco y negro, similar a los frailecillos, que suele vivir en las costas del noroeste de Europa. De hecho, es muy común en Puffin Island, una región donde recientemente un equipo de científicos de la Universidad de Bangor (Gales) ha descrito casi por casualidad una aplicación muy curiosa para estos pájaros: la medición de la velocidad y la dirección de las mareas.

Pista de uno de los ejemplares etiquetados/Crédito: Cooper et al., Ocean Science , 2018

Aves descansando a la deriva

Por lo general, el alca común (Alca torda) solo se acerca a tierra para reproducirse, pues pasa buena parte de su vida alimentándose o descansando sobre la superficie del mar. Suelen criar en islas y costas rocosas, como las de Puffin Island (Isla de los frailecillos), por lo que en 2011 un equipo de científicos de la Real Sociedad para la Protección de las Aves de Reino Unido se desplazó hasta este bello enclave, situado al norte de Gales, para comenzar el seguimiento de algunas de las aves típicas del lugar. Se colocó a todas una “etiqueta” con GPS con la que se podía hacer un seguimiento continuo, ya que se detectaba su ubicación cada 100 segundos. El objetivo de este tipo de procedimientos no es otro que recoger datos para el estudio de la distribución de las aves, así como de sus hábitos de reproducción y alimentación.

Sin embargo, en esta ocasión los científicos descubrieron que los datos obtenidos podrían tener otra utilidad. El alca común suele descansar posándose sobre la superficie del mar, por lo que se mueve pasivamente, hacia dónde la lleva la corriente. Esto podría servir para analizar a fondo el comportamiento de las mareas, con el objetivo de localizar los lugares idóneos para la colocación de centrales de obtención de energía maremotriz. Los datos obtenidos del seguimiento por GPS, que se realizó desde 2011 hasta 2014, se le pasaron al especialista en Oceanografía de la Universidad de Bangor Matt Cooper.

Normalmente, la actividad de las mareas se mide con ayuda de radares o boyas y anclas dotadas con instrumentos científicos. Sin embargo, se trata de dispositivos muy costosos, por lo que científicos como Cooper llevan mucho tiempo buscando técnicas alternativas, como la que se presentaba con el seguimiento de estas aves marinas.

Del análisis de estos datos surgió un estudio, publicado hoy en Ocean Science, en el que se calcula tanto la velocidad como la dirección de las corrientes marinas, en base al desplazamiento de los ejemplares de alca común, que pueden pasar horas posados sobre la superficie del océano, sin inmutarse. Conocido el espacio que se desplazan las aves en un tiempo concreto es muy fácil calcular la velocidad. ¿Pero cómo se sabe qué datos corresponden a los momentos de descanso y no al tiempo que pasan sobrevolando la superficie marina en busca de alimento? Esto también está contemplado, ya que la velocidad media de las corrientes es mucho menor que la que tienen durante el vuelo, por lo que se pueden filtrar y eliminar los datos que podrían falsear los resultados. Además, los periodos de quietud siguen un patrón que se corresponde con el comportamiento normal de las mareas.

Aunque por el momento se seguirán usando los métodos convencionales, estas aves pueden ser una alternativa muy buena, especialmente en zonas remotas, con un acceso complicado. Al fin y al cabo, ellas llegan mucho más fácilmente a estos lugares. Vale la pena explorar cómo pueden ayudarnos.