El pasado 16 de agosto, el neuropediatra Adrián García Ron publicaba en su cuenta de twitter el preocupante caso con el que se había encontrado durante las urgencias de la noche en el Hospital Clínico San Carlos, de Madrid.

Se trataba de dos jóvenes de 16 y 17 años, según ha informado García Ron a Hipertextual. Ambos mostraban síntomas similares: agitación importante, dilatación anormal de las pupilas, taquicardia, hipertensión, leve hipertermia, boca seca y, en general, prácticamente todos los signos más frecuentes del conocido como síndrome anticolinérgico.

La causa resultó ser el consumo de una infusión floral cada vez más común entre los adolescentes. En su caso utilizaron una mezcla de cannabis y flor de Brugmansia arborea, una planta conocida por su alto contenido en escopolamina. Esta y otras plantas similares se encuentran en gran cantidad en la naturaleza, por lo que son fácilmente accesibles para los jóvenes, que las suelen tomar sin ser conscientes de lo lejos que puede llegar su peligrosidad.

El peligro oculto de una bella flor

La escopolamina es un alcaloide de origen vegetal, obtenido de las semillas de las plantas de los géneros Datura y Brugmansia.

Aunque ambas plantas se encuentran principalmente en regiones de América Central y del sur, sus aplicaciones ornamentales han llevado a que se exporte a otras regiones del globo, en las que además se han extendido otros usos mucho más peligrosos que la decoración.

Y es que este alcaloide, también conocido como hioscina, lleva siglos usándose con fines recreativos o delictivos, por su capacidad para anular la voluntad y producir alucinaciones.

Se cuenta que durante la Edad Media las brujas untaban palos de escoba con esta sustancia y los introducían por su vagina, a la espera de sus placenteros efectos alucinógenos. De hecho, ésta sería la razón por la que tradicionalmente se las representa volando sobre estos utensilios de limpieza.

Actualmente, los efectos buscados por aquellas hechiceras siguen estando a la orden del día, con terribles consecuencias para quiénes los toman, ya sea de forma voluntaria o inconsciente.

Desde hace décadas se ha usado con fines delictivos, ya que su capacidad para anular la voluntad pone a quién la toma a merced de ladrones y agresores sexuales. Es soluble en agua y, si bien por sí sola tiene un sabor amargo, mezclada con otras sustancias, en cuyo caso pasa a conocerse vulgarmente como «burundanga», no es fácilmente detectable. Por eso, resulta preocupantemente sencillo para los delincuentes agregarla a la bebida de sus víctimas en un descuido.

Afortunadamente, en España no es muy frecuente el uso de burundanga con este tipo de fines. De hecho, aunque muchas personas han denunciado haberla tomado en contra de su voluntad, por el momento el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses sólo ha confirmado un caso de muerte por consumo de esta sustancia. Se trata de un empresario belga, que durante el mes de febrero de 2015 murió en un hospital de las Islas Canarias, después de tomar junto a otro turista unas copas en un club de alterne de la localidad de Maspalomas. Su compañero sí logró sobrevivir y aseguró a la policía que ambos habían bebido alcohol, pero no tomaron ninguna droga. Sin embargo, la autopsia del fallecido reveló que sí que había consumido escopolamina. Más tarde se incautaba una bolsa con restos de esta sustancia en el local en el que habían estado bebiendo los dos hombres y se detenía a varios trabajadores del establecimiento, acusados de delitos de homicidio, lesiones y robo con intimidación.

Sólo un año después, en noviembre de 2016, se confirmaba el primer caso de sumisión mediada por burundanga en España. La paciente era una mujer de 36 años, que fue atendida de urgencia en un hospital de Palma de Mallorca, aquejada de los síntomas típicos del consumo de esta droga. Los análisis confirmaron que había tomado escopolamina y más tarde su ex marido confesó que se la había administrado a escondidas.

Cuando la inconsciencia sale cara

La escopolamina es un antagonista competitivo de la acetilcolina en los receptores muscarínicos. Esto significa que impide que la acetilcolina, implicada en la transmisión de impulsos nerviosos, se una a dichos receptores, causando graves problemas a nivel neurológico.

Los primeros síntomas empiezan a manifestarse en los 30-60minutos inmediatos a su administración, pero pueden continuar hasta 24 o 48 horas después de ésta.

En una primera inspección de un paciente se puede intuir el consumo de hioscina por la presencia de síntomas como taquicardia, dilatación anormal de las pupilas, sequedad en las mucosas y ruidos intestinales disminuidos. Más tarde, si la dosis ha sido muy elevada, pueden comenzar a darse problemas más graves, como hipertermia, confusión, convulsiones, coma e incluso la muerte.

Parecen no ser conscientes de todo esto los jóvenes que a menudo recurren a plantas de cualquiera de los dos géneros antes mencionados en busca de un subidón imposible de conseguir con otras drogas. Una de las opciones predilectas en estos casos es el estramonio (Datura stramonium), que no sólo contiene grandes cantidades de escopolamina, sino también de otras sustancias igualmente peligrosas, como la atropina o la hiosciamina.

En 2011 esta planta protagonizó la triste muerte de dos jóvenes de dieciocho años y la hospitalización de un tercero, de veinte, en la localidad madrileña de Perales del Río.

Los tres chicos habían acudido a una rave, celebrada en el Monasterio de la Aldehuela, cerca del paraje donde fueron hallados los cuerpos. Todos ellos habían consumido un cóctel cocinado a base de estramonio, junto a otras sustancias como el speed y el alcohol.

Aunque la autopsia reveló que la causa de la muerte había sido un golpe de calor, este pudo ir desencadenado por la hipertermia resultante del consumo de la planta.

No todo son efectos perjudiciales

Como ocurre con otras muchas sustancias, la hioscina tiene aplicaciones médicas, siempre que se use a dosis muy pequeñas.

Concretamente, la escopolamina bromhidrato se suele utilizar por su capacidad para reducir la salivación excesiva y las secreciones respiratorias durante algunas intervenciones quirúrgicas. Según la Agencia Española del Medicamento, cada mililitro del fármaco empleado contiene sólo 0’5 mg de escopolamina, por lo que se sitúa muy por debajo de la dosis considerada como tóxica, que se encuentra en torno a los 10 mg en niños y 100 mg en adultos. De cualquier modo, su consumo debe ir siempre pautado por un médico, para evitar efectos indeseados.

Tomar una infusión floral, que encima te hace pasar un buen rato, puede parecer lo más inocente del mundo. Sin embargo, la escopolamina poco tiene que ver con la manzanilla. Es importante informar a los jóvenes y sus familias sobre estos peligros, para evitar tener que lamentar accidentes por culpa del desconocimiento. Los pacientes de Adrián García Ron vivieron para contarlo, pero muchísimos jóvenes de todo el mundo no han corrido la misma suerte. No es un juego y puede salir muy caro.

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