Brian Acton, cofundador de WhatsApp, cuenta cómo Facebook se aprovechó de él: “Vendí la privacidad de mis usuarios”.

Facebook es una apisonadora donde los ideales no parecen tener demasiado valor cuando al otro lado de la balanza se encuentra la posibilidad de ganar importantes cantidades de dinero. Así lo cuenta el cofundador de WhatsApp tras haber dejado la compañía hace un año.

Por – Sep 26, 2018 - 18:10 (CET)

Brian Acton fue el primero de los cofundadores de una las dos últimas grandes adquisiciones de Facebook en abandonar el barco capitaneado por Mark Zuckerberg. Ocurrió el año pasado, en una acción que fue replicada en mayo del presente curso por su compañero Jan Koum (que permaneció el tiempo justo para cobrar unos 850 millones de dólares que su compañero perdió debido a su temprana marcha, según las condiciones de su contrato). Hablamos, claro, de WhatsApp, que quedaba a partir de entonces descabezada de sus dos voces más importantes y a merced de la voluntad de su empresa madre.

Una fuga repetida hace apenas unos días por los cofundadores de Instagram, que hacen suya la huída en lo que parece una situación insostenible para con la voraz Facebook, que todo lo quiere y todo lo exprime. No son ni más ni menos que las consecuencias de dejar de ser independientes lo que han experimentado los cuatro fundadores de sendas plataformas, algo que ahora pone de manifiesto Acton, aquel que abrió la veda y que ya se ha posicionado de manera abierta en contra de Facebook a través de la campaña #DeleteFacebook que surgió hace meses en Twitter tras el escándalo de Cambridge Analytica.

Lo hace de manera exclusiva en una entrevista concedida a Forbes, donde habla de las idas y venidas que experimentó en la transición de plataforma independiente a propiedad de la mastodóntica Facebook. En ella se pone en relevancia, una vez más, que en la empresa de Mark Zuckerberg todo parece tener un tono más oscuro de lo que realmente uno puede pensar y que, pese a la inocuidad que se le presupone a una red social que solo pretende permitir a sus usuarios entablar conversaciones entre sí, al término de este año 2018 nadie volverá a poner nunca la mano en el fuego por las declaraciones presentes y futuras de Zuckerberg y compañía.

"Me enfada revivir eso"

Con estas palabras se refiere Acton a uno de los momentos cruciales de la compra de WhatsApp por parte de Facebook: el visto bueno de los organismos reguladores europeos. Bien es sabido que Europa, y más particularmente la comisaria de Competencia Margrethe Vestager, somete a severo escrutinio los movimientos comerciales de las corporaciones cuando se trata de grandes operaciones. Este fue uno de los casos, teniendo reticencias desde el organismo regulador debido a la posibilidad de que Facebook pudiera asociar en un futuro los datos de su red social con los de la plataforma de mensajería instantánea.

En aras de conseguir completar la compra, Acton, un perfil que había pasado la mayor parte de su vida empresarial fuera del radar de las grandes investigaciones, fue el encargado de convencer a la Comisión Europea –con el entrenamiento y órdenes de Facebook mediante– de que tal fusión de datos no era posible. "Me enseñaron a explicar que sería muy difícil fusionar o mezclar datos entre los dos sistemas", explica el cofundador de la plataforma de mensajería.

Posteriormente se comprobó que esto era incierto y no solo era posible hacerlo, sino que Facebook pretendía llevar a cabo acciones que requerían la interacción de ambas plataformas. La razón era sencilla: había que monetizar WhatsApp. La jugada costó a la empresa de Zuckerberg 122 millones de dólares en concepto de multa a la Unión Europea por no ser claro en sus declaraciones, pero a la larga podría ser una cantidad insignificante en comparación con el potencial beneficio (según previsiones de la propia compañía, el plan era conseguir 10.000 millones de dólares en ingresos tras los primeros cinco años de monetización).

"Vendí la privacidad mis usuarios"

Cuando vendes un servicio como WhatsApp por 22.000 millones de dólares, es comprensible esperar que la parte compradora quiera comenzar a obtener un beneficio por él. Dicho de otra manera: si eres una empresa y pagas 22.000 millones de dólares por una plataforma que no ofrece ningún beneficio, has de tener en mente planes, si no concretos, bastante aproximados de los pasos a dar en un futuro no demasiado lejano para rentabilizar dicha inversión.

El problema, sin embargo, era que ni Acton ni Koum veían con buenos ojos las iniciativas de Facebook para monetizar WhatsApp mediante técnicas abusivas o que rompiesen la estabilidad del producto. Sugerencias como un pago único tras un periodo de prueba gratuito tampoco contentaban a la empresa de Zuckerberg por su poca escalabilidad con el paso del tiempo. Sí, se podría cobrar a todos los usuarios registrados, pero ahí se acaban las opciones.

Si el objetivo, como queda claramente ejemplificado en la propia Facebook, es conseguir el máximo beneficio por usuario a lo largo del tiempo, de manera constante, las medidas habrían de ser otras, gustase o no a sus cofundadores –que en ese momento importaban ya más bien poco–. El propio Acton lo resume a la perfección: "Al fin y al cabo, había vendido mi compañía. Vendí la privacidad de mis usuarios por un beneficio mayor. Hice una elección y un compromiso. Y vivo con eso todos los días".

Haciendo las cosas bien

Acton y Koum viven ahora dos vidas completamente separadas tras una relación empresarial que los mantuvo unidos casi una década. El primero de ellos se ha enfocado en la creación de Signal Foundation, el resultado de lo que antes era la aplicación de mensajería centrada en la privacidad gracias a su donación particular de 50 millones de dólares. Es difícil imaginar que esta, o un proyecto resultante del trabajo en esta adquiera las dimensiones que tiene WhatsApp en la actualidad, pero quién sabe.

Además de esto, Acton también está involucrado en diversos proyectos sociales. No en vano ha invertido 1.000 millones de dólares en programas de salud para los más desfavorecidos en determinadas áreas de Estados Unidos y otros proyectos de atención a la infancia.

Por su parte, Koum está disfrutando de las rentas que supone haber constituido una de las plataformas más relevantes de los últimos años de manera diametralmente opuesta a su antiguo compañero. En la actualidad se dedica a coleccionar distintos modelos de Porsche y a vivir una suerte de retiro alejado de los focos mediáticos y la industria tecnológica. Si veremos algún día su regreso al primer plano de la actualidad es algo que todavía está por ver.