La guerra por conseguir la mejor calidad de imagen está más interesante que nunca. Tras la gran superioridad de la mejor versión del plasma frente a las LCD de las época, el presente nos ha traído otra contienda que muchos ya no esperaban a estas alturas. Hace 2-3 años, no era difícil pensar que a estas alturas, salvando del escollo del precio, la tecnología OLED sería la líder absoluta del mercado cuando de un televisor de gama alta se hablara, pero la gran innovación acontecida en el terreno LCD ha equilibrado la balanza de forma espectacular. Y de eso va el televisor que hoy analizamos, el Samsung QLED Q9FN de 65 pulgadas.

El año pasado tuvimos la oportunidad de probar en profundidad el Samsung QLED Q7F, y las impresiones que nos dejó tras cinco meses, y finalmentente tras casi un año de uso eran muy buenas, pero siempre dejaba sensaciones encontradas. Como usuario, era consciente de estar ante una tele de gama alta-media, no de gama súper alta, pero, aun así, su alto precio te hacía pensar que tenía que ofrecer más. Llegaba también a la conclusión de que alcanzar 65 pulgadas siempre encarece mucho el precio, pero la calidad se resentía mucho en el manejo de la luz, y por tanto, en la representación del negro. Samsung acertaba en prácticamente todo, pero el blooming lastraba la experiencia.

El cuerpo de la Samsung QLED Q9FN

Una obsesión de los fabricantes de televisores siempre ha sido tender hacia conjuntos cada vez más finos, algo que en muchos casos se agradece, pero que en otros no tiene demasiado sentido, dado lo que se pierde. Normalmente, siempre he pensado que hacerlos algo más gruesos podría reportar grandes ganancias en sonido, lo que hace que no valore tanto el hecho de que sean finos, salvo en casos extremos como los Wallpaper de LG. Con la Samsung QLED Q9FN nos encontramos un televisor más grueso que la anterior generación, y lejos de lamentarlo, hay que celebrarlo.

Samsung por fin ha traído de vuelta el sistema de iluminación Full Array Local Dimming que ya estuvo presente en la familia SUHD, y claro está, frente a un sistema de iluminación lateral Edge-lit (que criticamos mucho el año pasado), la necesidad de espacio trasero aumenta considerablemente. La QLED Q9FN sólo resulta más gruesa en comparación, pero no al verla a simple vista. Hay que repetirlo más a los fabricantes, preferimos grosor a sacrificios, sobre todo cuando la iamgen y el sonido mejoran.

El diseño me gusta más que el anterior. Las líneas son más rectas y eso, para mí, le añade un punto de elegancia. A ello también contribuye, sin duda, el hecho de que el televisor sea más oscuro. La peana es negra, y resulta más sobria (aunque más brillante) que la anterior, a la vez que más recta. No es algo que deba condicionar, pues la oferta de Samsung es ampliar, y siempre es posible colgar el televisor en caso de contar con espacio para ello.

El sistema que Samsung estrenó el año pasado con el cable de fibra y el receptor One Connect era uno de los puntos icónicos de la anterior generación. Gracias a sacar las conexiones del televisor y situarlas en una suerte de decodificador externo, no librábamos de los cables, al menos visualmente, pues la idea es esconderlo todo, hasta a 15 metros de distancia del televisor.

Lo único que se ve por detrás de la Samsung QLED Q9FN es esto. Elegancia.

En la QLED Q7F de 2017 había un problema menor, pero contradictorio con la idea: el hecho de que de tener un cable de corriente de cualquier televisor se pasara a dos, uno para la tele en sí y otro para el One Connect. Parecía difícil que pudiera ser de otra manera, pero Samsung lo ha conseguido. De la Samsung QLED Q9FN sale ahora un solo cable, más gordo eso sí, que el del año anterior, hecho que hace que por él pueda circular la energía y sólo sea necesario un cable de corriente en la caja One Connect. Otro caso más donde ganando grosor, se gana comodidad.

La caja One Connect también ha crecido mucho para alojar un adaptador de corriente más potente, y ese hecho sí puede resultar molesto, porque se puede necesitar un mueble más largo o ancho donde guardarlo. El calor generado, además, vuelve a ser elevado, pues ahí se gestionan todas las conexiones y se procesa todo lo que debe enviarse al panel.

El mando, para los usos de hoy en día, en los que rara vez se cambia mucho de canal con números, resulta muy cómodo. La única pega es que en aplicaciones como Netflix o Youtube, no se pueda avanzar en la reproducción con un puntero, siendo obligado a hacer FF muy lentamente. La construcción sigue siendo buena y el reconocimiento de voz, aún muy mejorable, ahora es más preciso. Su función estrella, sin duda, es poder controlar dispositivos ajenos a Samsung, pero en este caso no he tenido otros dispositivos.

También forma parte del diseño, o al menos quiere potenciarlo, el nuevo modo Ambient Mode, que luego veremos en software.

Samsung QLED Q9FN, este año sí

Este año, nos han ofrecido probar el Samsung QLED Q9FN, un salto mucho más grande que el que el paso del 7 al 9 podría hacer pensar. Incluso frente a su generación anterior de gama más alta, este televisor es un antes y un después dentro de Samsung.

Por una parte, conservamos todo lo bueno del televisor anterior. El brillo sigue siendo uno de los más altos del mercado, lo que sumado a un gran capa antirreflejos consigue que esta QLED Q9FN pueda visualizarse sin problemas en prácticamente cada situación, algo que las OLED no pueden decir de momento en ambientes muy luminosos, o al menos no con esta soltura. La gestión de brillo ambiental suele funcionar bastante bien, y pocas veces he tenido que ajustar manualmente, mientras que el año pasado sí tenía cierto problema de noche, cuando los contenidos resultaban molestos a veces.

En cuanto a representación de color, el televisor sigue a un gran nivel, mejorando lo anterior y alcanzando un 100% del especto de color DCI-P3, el más extendido ahora mismo en contenidos HDR. Respecto a ello, qué decir. Siempre decimos que es el avance más importante en calidad de imagen en los últimos años, por encima incluso de lo que aporta el 4K, y no resulta descabellado.

La Samsung QLED Q9FN es ideal para deportes, pero se echa de menos que no haya más oferta en 4K.

Gracias a un VPN, he podido ver algo del Mundial de Rusia 2018 en 4K gracias a la emisión de la BBC, y aunque aún hay cosas que afinar, el HDR, que no era HDR10+ sino HLG, cambiaba las reglas del juego. En el fútbol es muy común ver sobreexposición, ante los grandes contrastes que existen entre zonas de sombras y luces en el estadio, camisetas oscuras y claras, etc. En la emisión de Mediaset en TDT, la Samsung QLED Q9FN hace un buen trabajo de escalado, pero la calidad la fuente deja que desear. Además de poco detalle, se observa, segúna. la hora a la que se juega el partido, una grada entera quemada, incluso camisetas de jugadores que no se distinguen. Eso es común a cualquier televisor.

Con la emisión en HDR, sin embargo, se ve todo perfectamente equilibrado en cuanto a exposición, en la que es la primera ventaja que siempre se ha defendido de la tecnología. La segunda, la amplia gama de color que permite, con la que se logra reproducir un espectro de color un 26% más amplio que el del clásico sRGB / Rec.709. Si nos vamos a Rec.2020, la ventaja es de un 37%. Lo triste es que estando en 2018 no haya en España ningún soporte, aunque sea de pago, que nos permita disfrutar del Mundial como toca. En otras ediciones, por ejemplo, se pudo disfrutar del 3D.

Planet Earth II saca a relucir todo el brillo del televisor estrella de Samsung.

Por último, llegamos a lo más importante, el manejo de los negros. Samsung llevaba varios años mostrando un estancamiento preocupante en este asunto, con toda su competencia adoptando OLED o LCD con Full Array Local Dimming por menos precio. Había poca esperanza de que se revirtiera la situación, pero con la Samsung QLED Q9FN se ha implementado un sistema de iluminación por zonas (se habla de más de 400) que ofrece un rendimiento espectacular. Obviamente, no podemos hablar de un control a nivel de píxel como en OLED, pero al menos el blooming se ha reducido a su máxima expresión. Ya no hay halos pronunciados ni banding, y el clouding se ha reducino infinitamente.

Ahora se pueden activar los subtítulos sin miedo, y apagar todas las luces del salón no destapa grandes carencias. El único problema es que a veces, el control de zonas puede ser agresivo y comerse alguna parte de la imagen, que por otra parte no es un problema que OLED desconozca, con el black-crush o clippling.

Con imágenes en movimiento no he tenido problemas en ningún caso, aunque, eso sí, sigo recomendado desactivar los ajustes de movimiento, pues cuando el contenido no se ha grabado por encima de 30 fps, queda muy irreal, y en caso de que haya sido grabado a esa tasa, no hay nada que tocar. El cine y las series están hechas para ser visualizadas tal y como han salido del estudio, y esos ajustes nos alejan mucho de ello. Por acabar con la imagen, recomiendo utilizar el modo Película, el más preciso de acuerdo a los estándares de la industria. Eso sí, si tienes conocimiento, conviene ajustar manualmente valores como nitidez, contraste y color.

Donde sí hay margen de mejora es en los ángulos de visión, aunque en general no es común ver contenidos en estos televisores desde laterales. Sobre todo en escenas a oscuras, se resienten.

La experiencia de uso

Tizen sigue gobernando la Samsung QLED Q9FN, y lo hace a muy buen nivel. Eso sí, aunque ya no estamos a niveles de 2013, el rendimiento podría refinarse más. La experiencia con las aplicaciones y entre menús es rápida pero no fluida, produciéndose saltos de forma común.

La mayoría de aplicaciones también se muestran rápidas y agradables de usar. Por ejemplo, enviar vídeos de YouTube al televisor funciona ahora mucho mejor, mientras que el año pasado quedaban en el limbo. El punto negro sigue siendo una de las estrellas, HBO. Algo tan sencillo como cambiar de idioma de audio cuelga literalmente el televisor durante, a veces, varios minutos. Y los ajustes rara vez se recuerdan de una vez para otra, por lo que en una serie de 13 capítulos que no se ven seguidos es dramático. Todo ello, por no hablar de la calidad de imagen. Series visualmente tan potentes como El Cuento de la Criada o Juego de Tronos pierden mucho. La responsabilidad me consta que es exclusiva de HBO, pero desde luego Samsung no tiene mucho de qué presumir contanto con la app en su plataforma.

La gran calidad de imagen y experiencia se ve perjudicada por los deberes pendientes de HBO.

La aplicación SmartThings, que permite el control desde el móvil y el control desde ella de la casa conectada, está a buen nivel, pero hasta que no haya una base de dispositivos grande, pocos usuarios harán uso de ella como centro del Internet de las Cosas. Relacionado con esto hay que resaltar la función Easy Set Up, con la que el tiempo de configuración del televisor al arrancar por primera vez se reduce notablemente, gracias a la ayuda del smartphone.

Universal Guide es la manera con la que Samsung quiere mejorar lo ofrecido por Apple en el Apple TV, centralizando todos los contenidos en un solo apartado de la TV, para que no tengamos que ir de app en app buscando, algo que en los televisores sigue sin ser particularmente cómodos. Aún se necesita la integración de más fuentes, pero las recomendaciones aciertan en muchos casos.

Ambient Mode

Una obsesión de los fabricantes es que los televisores no pesen en el salón, ahora que ocupan más y más espacio en ellos. Gran parte del día están apagados, siendo un rectángulo negro que, sobre todo en casas de diseño, esas que suelen adquirir televisores de este tipo, rompen la estética y no aportan nada. Para ayudar con eso, Samsung lanzó The Frame, su familia de televisores con aspecto de cuadro que se integran a la perfección, por su diseño pero también por su colección de obras de arte.

Este año, Ambient Mode es una función que pretende que la gama alta de Samsung sea un poco más The Frame que un televisor convencional. Para ello, Samsung permite elegir fondos de pantalla para dejar el televisor encendido como una obra de arte más. A ello suma personalización extrema que permite igualar la textura de la pared sobre la que se sitúa, dando sensación de continuidad.

Si nada de esto interesa mucho, como es mi caso, por no contar con una pared bonita, sí puede hacerlo el modo de noticias, que convierte el televisor en un hub que nos mantendrá siempre informado. En general, no uso Ambient Mode pero, a diferencia de otras "innovaciones" de muchos fabricantes y de la propia Samsung, no resta, no es pesada, no se activa sola.

Lo que si se activa sin pedirlo es la app de TV Plus. Por defecto, está en el cajón de aplicaciones, pero puede eliminarse de la primera vista, donde situaremos Netflix, YouTube, HBO, Amazon Prime Vídeo, Movistar+ o un acceso directo a la TDT. Sin embargo, volverá al poco tiempo a modo de publicidad. He llegado a borrarla tres veces en un día, y vuelve. Puede considerarse publicidad, y curiosamente, los anuncios que venían bajo el nombre "Ad" en esa misma zona, en mi caso han reducido su aparición notablemente.

Conclusiones

Este año sí. La Samsung QLED Q9FN es el mejor producto que ha salido de la factoría surcoreana. Aunque sigue sin estar a la altura de OLED en contraste y negros, y nunca lo estará por idiosincrasia, compensa con tantas otras cosas y ha aumentado tanto su rendimiento gracias al Full Array Local Dimming que no hay que esperar al microLED para que la compañía pueda mostrar la misma potencia que tiene desarrollando productos. La misma que muestra en televisores. Por fin se siente gama alta de verdad.

Se me ocurren pocas pegas para este televisor. Barato no es, pero, frente al año pasado, siento que cada euro puede estar bien invertido si se pretende adquirir un televisor de este tamaño. Un brillo altísimo y pocos reflejos, falta de quemados o la solución One Connect pueden ser argumentos suficientes para romper lo que por otra parte sería un empate.

La nota que se lleva es un 9. Sobresaliente.