Corría el verano de 1897 y el presidente del Gobierno pasaba sus vacaciones en el balneario de Santa Águeda. Antonio Cánovas del Castillo no imaginaba que su estancia en Mondragón marcaría el punto y final de su vida. El 8 de agosto de aquel año, el anarquista italiano Michele Angiolillo, que se había identificado como corresponsal en Il Popolo, descerrajó tres tiros sobre el político conservador mientras este leía tranquilamente el periódico. Cánovas murió en el acto. Angiolillo lo haría unos días después, ejecutado mediante garrote vil. El inesperado asesinato de Cánovas, relacionado con las protestas por el proceso de Montjuic, conmocionó al país.

Su muerte, acaecida en un balneario que terminaría por cerrar, también planteó una cuestión de Estado menos conocida. ¿Dónde enterrar el cadáver? La familia quería construir un mausoleo en el Panteón de Hombres Ilustres, para retirar los restos del lugar donde Cánovas reposaba inicialmente. ¿El motivo? Según la historiadora e hispanista Carolyn P. Boyd, "el desprecio y la hostilidad" que sus parientes sentían por su segunda esposa, Joaquina de Osma y Zavala, con la que se casó cerca de los sesenta años.

Poder enterrar a Cánovas en el panteón de Atocha permitiría a su familia cumplir su objetivo: separar su cadáver de los restos de su última mujer, ya que Joaquina no podía ser enterrada en un lugar "reservado exclusivamente a hombres ilustres". Pero la triquiñuela de los parientes del presidente también provocó un cambio sustancial en las políticas de Palacio. Dos meses después, fallecido Práxedes Mateo Sagasta, el Partido Liberal exigió que fuese enterrado con los mismos honores. A partir de 1905 descansaría allí también Antonio de los Ríos Rosas, quien había llegado a ser presidente del Congreso.

Con la construcción de sus mausoleos se pondría fin a la intención original de utilizar el panteón para que reposaran solo un puñado de generales. En total, según el Ayuntamiento de Madrid, trece personajes clave de la historia política y militar de España yacen en este lugar, situado a escasos metros de la estación de Atocha. Originalmente también se pensó en que este lugar albergase los restos de figuras como Garcilaso, Quevedo o Calderón —ya habiendo dados por perdidos los cadáveres de otros como Miguel de Cervantes—, empresa que no se llevó a cabo.

El edificio de corte neobizantina, propiedad de Patrimonio Nacional, no cuenta con ninguna mujer enterrada. No hay ilustres con dos cromosomas X que reposen en este rincón madrileño. La historia de España no homenajea del mismo modo a algunas de sus figuras clave. Concepción Arenal, insigne jurista y pionera del feminismo, fue enterrada en Galicia. Clara Campoamor, la diputada que defendió con ahínco el derecho al voto de las mujeres, yace en un cementerio del País Vasco. Federica Montseny, quien llegó a ser la primera ministra en un Gobierno —republicano—, está sepultada en Toulouse, donde se exilió buena parte del movimiento anarquista por la dictadura franquista. La filósofa María Zambrano, ganadora del Premio Príncipe de Asturias y del Premio Cervantes, reposa en Vélez Málaga, su municipio natal.

No hay mujeres ilustres en España

El olvido a las mujeres ilustres no solo se ha dado en España. Otros países, no obstante, sí cuentan con figuras importantes de su historia enterradas en los mausoleos, aunque su número sea mucho menor que el de hombres —también la cifra de enterramientos es superior—. En el Barrio Latino, en el famoso Panteón de París, reposan únicamente cinco mujeres. La primera, Sophie Berthelot, fue enterrada allí por expresa petición de su marido, el químico y político Marcellin Berthelot, quien dijo que no "podían estar separados más en la muerte de lo que lo habían estado en vida". La segunda en conseguirlo, esta vez sin tener en cuenta a ningún varón, fue Marie Curie, quien ganó dos veces el premio Nobel por sus investigaciones sobre la radiactividad.

La tercera fue Simone Veil, la jurista que despenalizó el aborto en Francia durante su etapa al frente del Ministerio de Sanidad. Además fue la primera mujer en presidir el Parlamento europeo y formó parte del Conseil constitutionnel. Dos ilustres más completan esta lista, Germaine Tillion y Genevieve de Gaulle-Anthonioz, dos históricas de la resistencia francesa frente al nazismo. En el Panteón también reposan hombres ilustres como Voltaire, el escritor Émile Zola, el filósofo Jean-Jacques Rousseau y el también Nobel y marido de Marie, Pierre Curie.

panteón de parís
Anna & Michal (Flickr)

La Basílica de la Santa Croce de Florencia alberga las tumbas de ilustres de la historia de Italia. Aquí están enterrados personajes como el matemático León Alberti, el físico Enrico Fermi, la pintora Ida Botti, la poeta Fortunata Sulgher y el astrónomo Galileo Galilei. Por el contrario, otros ilustres como Dante Alighieri y Leonardo da Vinci solo cuentan en este lugar con un cenotafio y una placa conmemorativa, aunque para los cálculos de este reportaje se han tenido en cuenta el número total de personas que yacen o son recordadas en este emplazamiento. Los restos de Dante y Da Vinci están enterrados, respectivamente, en la ciudad de Rávena (Italia) y en el castillo de Amboise (Francia). En el panteón de Roma reposan los restos del pintor renacentista Rafael y de los monarcas Víctor Manuel II —el rey que unificó el país— y su sucesor, Umberto I.

Cruzando los Alpes y el Canal de la Mancha llegamos a Londres. Al lado del icónico Big Ben se encuentra la abadía de Westminster, donde recientemente se depositaron las cenizas de Stephen Hawking, junto a otras dos grandes figuras de la historia de la ciencia, Charles Darwin e Isaac Newton. La iglesia cuenta con un elevado número de tumbas, situadas en la nave principal, los transeptos norte y sur o el claustro, entre otras zonas. En la nave central, donde se localizan los enterramientos de grandes ilustres de la investigación —entre otras disciplinas—, como los ya mencionados Hawking, Darwin y Newton, solo hay dos mujeres —de un total de treinta y cinco tumbas—. Una de ellas es la filántropa Angela Burdett-Coutts. La segunda es Beatrice Webb, una economista y socióloga que impulsó los derechos laborales.

santa croce
Bruno Barral (Wikimedia)

No hay mujeres, por el contrario, en el transepto norte. En el localizado al sur, conocido como "el rincón de los poetas", yacen personajes históricos como Charles Dickens y Rudyard Kipling. Junto a ellos únicamente descansa una mujer, la actriz del siglo XVIII Anne Oldfield. El resto de lugares de Westminster cuenta con una proporción similar: hay mujeres ilustres enterradas, pero su número es considerablemente menor al de hombres.

Por último, dentro del grupo de grandes potencias europeas, en este reportaje no se ha tenido en cuenta a Alemania. El motivo es que sus grandes figuras históricas reposan en cementerios comunes, no en mausoleos expresamente construidos para honrar su memoria, como sucedía en los casos anteriores. En Fürstengruft, dentro del cementerio histórico de Weimar, reposan Johann Wolfgang von Goethe y supuestamente, hasta hace algunos años, Friedrich Schiller, cuando se descubrió que sus restos no correspondían a los del poeta y pensador. Nuestro recorrido histórico termina en el cementerio de Bonn, donde está el matrimonio de los compositores y artistas Robert y Clara Schumann.