El 4 de julio de 1868, un día como hoy hace 150 años, nació Henrietta Swan Leavitt en el pueblo de Lancaster (Massachusetts, Estados Unidos). Tras graduarse en la Universidad de Oberlin y en la Universidad de Radcliffe, la joven se incorporó al Harvard College Observatory. Allí formó parte de un grupo de mujeres bautizado como el harén de Pickering —un nombre de dudoso buen gusto en honor a Edward Pickering, director del observatorio—.

Su jefe decidió que todas ellas fueran mujeres para pagarles un salario menor —apenas veinticinco centavos la hora— por un trabajo tedioso y que en la mayoría de casos no fue reconocido en las publicaciones científicas. Henrietta Leavitt, junto a sus compañeras, se dedicaba a contar estrellas de las placas fotográficas que obtenían los investigadores de los observatorios de Harvard y de Arequipa (Perú).

La tarea que tenía encomendada pronto le brindó el apodo de astrónoma calculadora. Leavitt no solo debía anotar cifras y mirar las placas de forma escrupulosa, sino que también registraba su tamaño —infiriendo el brillo del astro— y lo comparaba con los datos obtenidos en el pasado. La norteamericana descubrió estrellas variables en las Nubes de Magallanes, dos galaxias cercanas a la Vía Láctea. Cuatro años después, Henrietta Leavitt publicó su hallazgo en la revista Anales del Observatorio de Harvard, donde también calculó los períodos de pulsación de los astros.

“Es destacable que, en esta tabla, las estrellas más brillantes tienen los períodos más largos”, afirmó la investigadora en aquel trabajo. Una observación sagaz que permitió corroborar la existencia de las cefeidas, un tipo de estrellas pulsantes con una luminosidad que varía periódicamente a lo largo del tiempo. Tiempo después, fue Edward Pickering —y no Leavitt— quien firmó una circular en Harvard en la que se recogían las observaciones de la astrónoma y sus compañeras. Una muestra más de la discriminación que han sufrido las mujeres en la historia de la ciencia.

Henrietta Leavitt demostró que las cefeidas que cuentan con el mismo período de pulsación tenían la misma luminosidad. Así se estableció la relación entre período y luminosidad, una observación clave para identificar la escala de la distancia que se emplea a la hora de calcular las distancias de las galaxias. Poco después, el también astrónomo Ejnar Hertzsprug estimó que la Pequeña Nube de Magallanes se situaba a 30.000 años luz, escribiendo un nuevo capítulo en la forma en la que comprendemos el universo. La repercusión de su labor llevó al matemático Gösta Mittag-Leffler a proponer la candidatura de Leavitt para el premio Nobel. Por desgracia, la astrónoma había fallecido en 1921, cuatro años antes de su iniciativa.

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