El desembarco de la ficción producida por Movistar + está trayendo muchas alegrías para los seriéfilos interesados por la producción patria; desde el mayor convencionalismo (si algo funciona, ¿para qué tocarlo?) de Velvet Colección hasta la desfachatez y frescura de Vergüenza, la impresionante ambición de la cercana La Peste o, en el caso que nos ocupa, la intensa frialdad de La Zona.

Los hermanos Jorge Sánchez-Cabezudo y Alberto Sánchez-Cabezudo, creadores de Crematorio, una de las mejores series españolas de la historia para un servidor, vuelven con a dirigir y guionizar una serie tras seis años con un thriller policiaco que nos lleva a una ficticia región del norte de España afectada por una explosión nuclear, al más puro estilo Chernobyl o Fukushima. Y, de hecho, es en la misma premisa y su tratamiento donde se encuentra el primer gran acierto de la ficción.

Se dedicó alrededor de un año a las labores de documentación sobre el tema, tomando como ejemplos los ya mencionados, y las consecuencias de esta catástrofe funcionan a las mil maravillas como marco narrativo de lo que, al fin y al cabo, no deja de ser un thriller policíaco en el que el hay mucho más que rascar más allá de su ambientación y contexto. La maestría de La Zona está más en cómo se cuenta su historia que en qué se termina contando realmente. Y es así por muchos motivos.

Casting y estilo, las joyas de la corona

Como cualquier obra televisiva, el reparto es un elemento clave y el trabajo de cásting es, en su práctica totalidad, impecable. El buen hacer de actores consagrados como Eduard Fernández, Emma Suárez, Manolo Solo o Juan Echanove no sorprende a nadie pero también la siguiente generación, con una excepcional Alexandra Jiménez o un más que solvente Sergio Peris-Mencheta, rayan a un altísimo nivel. Para ser justos, eso sí, cabe recalcar que el trabajo de los más jóvenes Álvaro Cervantes y Alba Galocha es lo más criticable del conjunto y las escenas interpretadas por ambos están faltas de la intensidad y verdad que caracterizan al conjunto. Y, como curiosidad, un servidor no se explica como el sobresaliente Luis Zahera no consigue más papeles de peso en la ficción española.

La Zona es una serie incómoda a conciencia y lo transmite a la perfección a través de un estilo cinematográfico y una excepcional dirección de fotografía, propios de cualquier superproducción; la frialdad, oscuridad e intensidad de la historia impregnan cada plano y cada secuencia, consiguiendo por el camino una identidad indiscutible y necesaria en el manido género policíaco de hoy en día. Una personalidad que no solo entra por los ojos y que también tiene en su música, áspera e intencionadamente "fea", una acertadísima vía para meter al espectador en la historia y ambientación que propone.

En cuanto a qué se cuenta, son varios frentes los que busca cubrir la serie que tiene en Hector Uría, el personaje de Eduard Fernández, su figura de referencia. Un misterioso asesinato en la zona de exclusión, la huida y persecución de personajes que parecen una incógnita, el trabajo de una médico con los empleados actuales de la central nuclear y, sobre todo, las consecuencias de la catástrofe ocurridas años atrás. La Zona es una serie que empieza a cocinarse a fuego lento, quizá siendo excesivamente parca en respuestas o movimiento, pero que termina por cerrar todos los cabos abiertos quizá, eso sí, de forma algo apresurada y sin dar la importancia que merece a ciertos momentos. Un ritmo narrativo algo irregular, con episodios que se quedan algo cojos (excepcional el séptimo, por cierto), es quizá el único defecto destacable de la obra.

Cocinada a fuego lento, no es una serie para todos

Y de nuevo, igual que ocurriera con Vergüenza, hablamos de una serie a la que le sienta fenomenal la libertad de ser producida por una cadena de pago como Movistar +. Encontrar un thriller con una duración de 50 minutos por capítulo y apenas ocho episodios por temporada en España es misión casi imposible. Aquí, la obra de los hermanos Sánchez-Cabezudo aprovecha al máximo su formato y, pese al pausado inicio ya comentado, no sobra ni falta nada en esta primera (¿y única?) temporada.

Esa es la gran duda que termina dejando La Zona: las incógnitas y misterios que pone sobre la mesa a lo largo de la temporada quedan, en su inmensa mayoría, resueltos y el cierre es bastante satisfactorio a nivel narrativo. Asimismo, ya con Crematorio, pese a acabar con un potencial punto de partida para una nueva temporada (ajena, eso sí, a la obra de Rafael Chirbes), se decidió apostar por una única temporada siendo, en retrospectiva, una acertada decisión.

Hay espacio para más historias dentro del microcosmos creado en La Zona y la serie tiene potencial para seguir creciendo y mejorando. Sea como fuere, y esto es lo importante, el producto final es sumamente satisfactorio e interesante por sí solo. Un thriller con una rotundísima personalidad, un gran estilo y un fenomenal abanico de interpretaciones. Sin duda, una de las grandes series españolas de tiempos recientes.

Vergüenza, una incómoda comedia que lo apuesta todo al ridículo

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