La factoría Disney ha conseguido que varias generaciones crezcamos con una serie de cuentos de hadas y relatos magníficos adheridos a nuestra memoria. Para los que aún siguen siendo niños, seguramente sus referentes en este sentido sean Frozen, para los que nacimos en los 90, El Rey León o Hércules, pero más allá de estos éxitos de cada época, todos hemos visto alguna vez los relatos más clásicos, enmarcados en la época de oro de Disney, y entre los que se encuentran títulos tan recordados como Blancanieves y los 7 enanitos, La Cenicienta, o Pinocho.

Como sabrás, todos estos relatos son adaptaciones de historias mucho más antiguas y que en algunos casos beben de cuentos orales con más de medio siglo de antigüedad. Eran historias que se iban pasando de generación en generación, con adaptaciones, y que a nosotros nos han llegado gracias al trabajo de varios escritores que con un afán más folklórico que infantil se dedicaron a reunirlos todos.

La mayoría de las adaptaciones de Disney proceden de cuentos que recogieron los Hermanos Grimm a comienzos del siglo XIX procedentes de la tradición alemana y los que unas décadas antes recogió también de la herencia francesa Charles Perrault. Estos cuentos, recopilados por los cronistas de las historias que les contaban varios vecinos, no eran directamente historias para acostar a los niños, sino más bien para ejemplificar con dureza los peligros de la vida, como empiezan a mostrar en el cine algunas versiones con actores reales –Maléfica, o Blancanieves y la Leyenda del Cazador, por ejemplo- que se han estrenado en los últimos años, aunque en gran parte sigan estando dulcificadas.

La Cenicienta y las mutilaciones familiares

La historia de la película clásica de Disney se basa principalmente en el relato de Charles Perrault. Sin embargo, versiones de cuentos similares a la Cenicienta existen desde la Grecia Clásica y en culturas tan distintas como China o Vietnam. El cuento de Perrault, ya de por sí dulcificado, elimina algunas cuestiones algo perturbadoras que sí que conservaron los hermanos Grimm cuando recogieron el relato.

Entre otras cuestiones, el padre de Cenicienta no muere al principio del relato como cuenta Disney, sino que es su madre, en cuya tumba aparece un pájaro que como la Hada Madrina le concede unos cuantos deseos. Lo que sí coincide es la presencia de su malvada madrastra y sus hermanastras, poco amigables en cualquier versión y que además tienen una complicada tendencia hacia la automutilación que por supuesto se omite en la historia de Disney.

«Tampoco puede la hermanastra menor de Cenicienta calzarse el zapato, así que su madre le dice que se corte el talón. Ella hace caso a su madre y luego, disimulando el dolor también, sale con el zapato puesto» extracto de La Cenicienta recogido en Cuentos de la infancia y del hogar (1812), de los Hermanos Grimm.

Lo que cuenta la versión original es que para probar que el zapato sí que les entra, la madrastra convence a sus dos hijas de que se mutilen, la primera dos dedos del pie y la segunda el talón. Lo hicieron, aunque esto no evita que Cenicienta acabe casándose con el príncipe… y que dos palomas picoteen los ojos de las dos hermanastras el día de su boda como respuesta por sus maldades.

La Bella Durmiente …y violada

La cinta de Disney se inspira a la vez en la versión de este cuento que hicieron Perrault y los Grimm y que sin embargo aquí ya contaba con una versión bastante dulcificada. Pero existe una versión anterior obra del italiano Giambattista Basile recogida a mediados del siglo XVII que sí que cambia bastante la historia.

En este cuento, La Bella Durmiente se llama Talía, y también es pinchada, en este caso por una astilla de lino, y se dormirá profundamente. No por el conjuro de una hada Maléfica, sino como colofón a una predicción que le hicieron un grupo de brujos al nacer. La historia avanza hasta que un Rey (casado, no como el príncipe de Disney) da con ella en su lecho durmiente. Se enamora locamente de ella e intenta despertarla sin conseguirlo, pero su amor es tan irrefrenable que acaba manteniendo relaciones sexuales con la princesa dormida hasta el punto de dejarla embarazada.

Nuestra Bella Durmiente se despierta después de que hayan nacido de aquella relación un tanto truculenta dos niños cuando uno de ellos intentando mamar consigue quitarle la espina que la mantenía dormida. El Rey intenta interceder por su amante, pero su mujer, que se da cuenta de que pasa demasiado tiempo en el bosque, manda traer a los dos bebés, cocinarlos, y servírselos en secreto a su marido. Por suerte el cocinero de palacio se apiada de las criaturas y las oculta antes de que ocurra el canibalismo. El cuento acaba con el Rey descubriendo el plan de su mujer y mandándola a quemar, teniendo un final «feliz» casándose con La Bella Durmiente y sus dos hijos.

Peter Pan, ¿un niño con tendencia psicópata?

Aunque la obra de Peter Pan es más reciente que otras adaptadas por Disney —el libro se publicó en 1904 y es obra de J.M. Barrie— el relato original también tiene un tono bastante más oscuro. Para empezar, Peter tiene un especial odio hacia las personas mayores, y alguna teorías que leen entre líneas tantean la idea de que Peter -que hace uso de su puñal en varias ocasiones en el libro-, podría llegar a matar a los conocidos como Niños Perdidos cuando crecían con el fin de que no se pasaran al bando contrario. Este es uno de los fragmentos que alienta esta idea:

«Todos querían sangre salvo los niños, a quienes les gustaba por lo general, pero esta noche iban a recibir a su capitán. Los niños de la isla varían, claro está, en número, según los vayan matando y cosas así y cuando parece que están creciendo, lo cual va en contra de las reglas, Peter los reduce, pero en esta ocasión había seis, contando a los Gemelos como si fueran dos» extraído de Peter Pan.

Blancanieves (la vengativa) y los siete enanitos

Blancanieves es otra de las historias que se encuentran a lo largo y ancho del mundo, con distintas versiones y características. Sin embargo, la versión canónica, tomada por los hermanos Grimm es bastante similar a la contada por Disney salvo por una excepción. Tras ser atendida por los enanitos y rescatada por el príncipe, Blancanieves logra reconocer a su madrastra a pesar de sus múltiples transformaciones, y la obliga a bailar durante su boda con una zapatos de hierro al rojo vivo hasta caer muerta. Quizá no sería el mejor ejemplo para contarle a los más pequeños, pero seguramente la malvada bruja se lo merezca.

La Sirenita, pero con un final algo más perverso

El escritor danés Hans Christian Andersen es el autor original de esta historia, el mismo que escribió por ejemplo El Patito Feo o La Reina de las Nieves, título que también sería adaptado por Disney en Frozen. En el cuento original, de un carácter mucho más tétrico, La Sirenita también se queda sin voz a cambio de conseguir su forma humana para intentar enamorar al príncipe, con la diferencia de que esta vez no lo consigue. De hecho, persuadida por sus hermanas Ariel —aunque en el relato de Andersen nunca se cita su nombre— está a punto de asesinar a su amado ya que se supone que al matarlo podrá recuperar su cola y volver al mar. La Sirenita se arrepiente en el último momento, dejando vivir al príncipe y arrojándose al agua, donde muere convertida en espuma de mar. También es curioso como Andersen introduce el factor del dolor en la transformación de Ariel, de quien se dice que le duele sus piernas humanas tanto como si estuviera todo el rato pisando un suelo con alfileres, un aspecto que Disney omite completamente.

Pinocho, o el predecesor de El Sexto Sentido

La historia de Pinocho fue escrita por el italiano Carlo Collodi en el siglo XIX y publicada por fragmentos en un periódico. En su final original, la marioneta no conseguía convertirse en un niño y acababa ahorcado fruto de una de sus muchas travesuras. Collodi al final realizó el cierre al que estamos acostumbrados y que también plantea la versión de Disney, pero por el camino Pinocho llega a matar a Pepito Grillo al poco de conocerlo, y durante toda la historia tiene varios encuentros con una niña de rostro pálido y pelo turquesa que afirma estar muerta. Nunca se llega a aclarar del todo si esta niña, a la que a veces se le llama hada, puede ser o no un fantasma.

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