¡Inocente! ¿Te lo habías creído? Pues en realidad, haces muy bien. Porque las cuestiones de las que vamos a hablar hoy pueden parecer auténticas bromas, barbaridades o simples exageraciones, pero lo cierto es que son casos seriamente estudiados por la comunidad científica. ¡Y es que parecen inocentadas de mal gusto! Pero son muy reales.

##La mujer que sudaba sangre

Una mujer llega al hospital alegando que no se encuentra bien. Se siente débil, mareada e indispuesta. Pero lo más desconcertante es que asegura que, a veces, suda sangre. Los enfermeros no se lo toman muy en cuenta: «Sí, claro», piensan. Pero cuando vuelven a ver cómo se encuentra, su cara, cubierta de un rojo brillante, los mira con desafío. «¿Véis?» Parece que dicen sus ojos.

Tras un estudio más conciso, los médicos determinaron que esta mujer italiana padece una extrañísima enfermedad llamada hematohidrosis. La sangre aparece en la cara y palmas de la manos sin que vaya acompañada de lesión y, según explicó la chica, los episodios se dan especialmente en momentos de estrés.

Fuente: Wikimedia

Aunque desde el siglo XIX solo se han recogido unos cuarenta casos, esta enfermedad está en el folclore desde hace milenios. «Sudar sangre» es una expresión muy común para hablar de grandes esfuerzos y mucho sufrimiento. Aunque en realidad desconocemos las razones de la enfermedad.

Los episodios de exudado suelen estar acompañados de dolor de cabeza y malestar. Y, en realidad, no se suda sangre en sí, sino una mezcla de sudor con glóbulos rojos y otros componentes sanguíneos. ¿Por qué se produce? No lo sabemos, aunque las investigaciones apuntan a lo que decía la chica: parece estar muy relacionado con el estrés.

##Cuidado con la «mula de Moscú»

La jarra de cobre parece el recipiente idóneo para tu «mula de Moscú», un cocktail con vodka, cerveza de jengibre, lima y un pH por debajo de 6. Pero, tal y como podrás imaginar, y no es ninguna broma, el cobre es un mal acompañante de este brebaje debido, precisamente, a su pH.

Dejando de lado el hecho de que beber alcohol siempre es malo para la salud, beber bebidas ácidas en jarras de metales como el cobre puede suponer un riesgo adicional e importante, tal y como señalan las autoridades de Iowa. La razón de esto, explican, es el auge que está teniendo esta bebida entre sus habitantes.

Fuente: Wikimedia.

Y la explicación científica es muy sencilla: como decíamos, el pH de la «mula de Moscú» está por debajo de 6, lo que implica que es ligeramente ácido. Pero lo suficiente como para corroer las jarras de cobre puro, ya que es un metal poco resistente al ácido. La comida y la bebida, entonces, pueden acumular el metal, lo que podría derivar en un envenenamiento por cobre.

El cobre puede causar dolor abdominal, diarrea, vómitos o, incluso, piel amarilla. En el peor de los casos, podría provocar la muerte. Pero, ¿tan peligrosas son las «mulas de Moscú»? En realidad, con usar jarras recubiertas de níquel o acero inoxidable serían más que suficiente. Tampoco sabemos la concentración de níquel que puede acumular un solo cocktail, aunque ¿para qué arriesgarse pudiendo usar un bonito vaso de vidrio?

##El evento subatómico secreto

Cuentan que dos físicos hicieron un descubrimiento tan inquietante que quisieron escondérselo al mundo. El hallazgo, explican los expertos, consiste en un evento subatómico tan potente que los investigadores creyeron que debía de ser ocultado para evitar un mal uso del mismo. Y, aunque parezca la premisa de una historia de Dan Brown, en realidad así ha ocurrido. Y no hace tanto tiempo: hablamos de este mismo año.

La reacción, publicada recientemente en Nature, implica a unas partículas subatómicas llamadas quarks (en concreto, quarks fondo, o bottom quarks). La unión de dos de estas, que son componentes de los átomos, producen una explosión de 138 MeV.

Everett Historical – Shutterstock

Esto es unas ocho veces más potente que lo que produciría un par de partículas en un solo evento de fusión nuclear (no en la reacción en cadena). Si esto lo trasladamos a una hipotética bomba de «quarks», estaríamos ante una explosión con una capacidad destructiva sin precedentes.

Tanto es así, que Marek Karliner, de la Universidad de Tel Aviv, Israel, y su colega Jonathan Rosner, de la Universidad de Chicago, decidieron ocultar el descubrimiento hasta consultar con el resto de físicos y comprobar que este evento subatómico no podría desencadenar una reacción que sirviera de base para una bomba de estas características.

##100 piezas de metal en el estómago

El que sabe lo que es un bezoar, también sabe que no son agradables. Este tipo de acumulaciones suelen producirse en el estómago de animales que comen cualquier cosa. Pero ¿y de los seres humanos? Bueno, tampoco es algo tan extraño. ¿Y si hablamos de hierro y otros objetos metálicos? Esto ya parece una broma de mal gusto.

Pero nada más lejos de la realidad. Más de 100 piezas de metal componían este estrambótico y peligroso bezoar extraído del estómago de un francés que padecía de psicosis. Según los médicos, este hombre no seguía el tratamiento adecuado y se dedicaba a tragar todo tipo de elementos metálicos (y algunos no metálicos).

Fuente: BMJ

Desde clavos a trozos de cuchillos, pasando por cucharillas, monedas, tuercas… todo el conjunto se había apelmazado y creado una masa metálica que obstruía su píloro. Pero lo más curioso es que no era la primera vez. En 2016, de cuando relata el informe, este hombre había pasado cuatro veces ya por quirófano.

En la última ocasión la operación de extracción tuvo que encargarse de parar la perforación causada por estos materiales en el estómago del hombre, que se había hecho una profusa herida en el estómago. Por desgracia, esta manía de tragar materiales extraños es más frecuente de lo que parece. Y no es ningún chiste.

##El wasabi es un excelente detector de incendios

Picante, verde y un excelente «avisador» en caso de que algo esté ardiendo: así es el wasabi. Este condimento japonés es conocido por acompañar al sushi. Y, ¿por qué debería una sustancia de cocina ser un buen detector de incendios? La respuesta está en la química de su composición.

El wasabi contiene isotiocianato, una sustancia pungente característica a la que le podemos atribuir el olor «que nos hace arrugar la nariz». Dicho elemento es fácilmente detectable ya que nuestro cuerpo está especialmente «entrenado» para su apreciación.

Este hecho es el que aprovechan las inusuales alarmas antiincendios de la Universidad de Shiga, donde descubrieron el caso de un hombre sordo que se salvó de un incendio gracias a que en su cocina el olor a wasabi lo había despertado. En consecuencia, comenzaron a desarrollar su propio sistema cuyas pruebas son muy prometedoras.

Pero hay que decir que este sistema solo sirve con el wasabi de verdad, ya que otros hechos a partir de mostaza (que también contienen isotiocianato) y remolacha podría no funcionar tan bien como esta otra sustancia. O tal vez se acabó la época de los detectores de humo, que será sustituidos por condimentos de cocina. ¿Quién sabe?

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