the only living boy in new york
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Los cinéfilos sabemos muy bien que hay algunas películas que “huelen” con intensidad a otras más populares o valoradas por el público y la crítica, ya sea por una decisión consciente de sus responsables o por la influencia cultural de las segundas. El caso es que su carácter básico y sus elementos son propios de la filmografía de otros directores o de obras icónicas y, así, se puede asegurar que *Lo que la verdad esconde* (Robert Zemeckis, 2000) remite al británico Alfred Hitchcock, que *A la caza de los ñumanos* (Taika Waititi, 2016) recuerda al texano Wes Anderson o que, y a eso vamos, **Canción de Nueva York o *La amante de mi padre* (*The Only Living Boy in New York*), realizada por el también estadounidense Marc Webb este 2017, nos trae una aroma nítido e intenso a la idiosincrasia del neoyorkino Allan Stewart Königsberg, alias Woody Allen**.

Tras rodar no sé cuántos vídeos musicales para Santana, Green Day, My Chemical Romance, Snow Patrol y muchos otros, Webb se puso a sí mismo en candelero de la industria del cine gracias a la agradable pero sobrevalorada comedia dramática *(500) días juntos* (2009); luego, Marvel le seleccionó para dirigir la fallida *The Amazing Spider-Man* (2012) y su secuela, *The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro* (2014), mejor que su predecesora; y no hace mucho, nos brindó el emotivo drama *Un don excepcional* (2017). Viendo las características elementales de su trayectoria, asentada en el esquema de “chico conoce chica en la gran ciudad”, es de lo más coherente que nos haya entregado hace poco **el drama romántico *The Only Living Boy in New York*, guionizado por Allan Loeb, sobre un joven neoyorkino que descubre que su padre es infiel y el embrollo consiguiente**.

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**La mayoría de lo que vemos en pantalla despide el olor a las tramas habituales de la obra de Woody Allen, algo perfectamente reconocible para sus seguidores: los encuentros íntimos y las conexiones afectivas en entornos urbanos de personas adineradas y cultas e incluso entre intelectuales**, los amoríos breves y los romances verdaderos, los líos desapacibles y las complicaciones que generan a veces, con sus triángulos y su clandestinidad, sus secretos y mentiras, y todo ello **en el sitio favorito del mundo para Allen, que le vio nacer y en el que ha ambientado películas** como *Annie Hall* (1977), *Manhattan* (1979), *La rosa púrpura de El Cairo* (1985), *Hannah y sus hermanas* (1986), *Delitos y faltas* (1989), *Misterioso asesinato en Manhattan* (1993), *Desmontando a Harry* (1997), *Melinda y Melinda* (2004), *Si la cosa funciona* (2009) o hasta *Blue Jasmine* (2013), en la que hay flashbacks acerca de la vida anterior de la protagonista en **la urbe que nunca duerme**.

Lo único que le falta a *The Only Living Boy in New York* es el ingenio enorme y el gran sentido del humor de los diálogos de Allen, lo cual tampoco la desmerece, pues **no está exenta de penetración psicológica, conversaciones agudas e interesantes, una planificación audiovisual limpia con algunas exhibiciones y, en el último tramo, una emotividad de la que suele carecer el socarrón cineasta de Brooklyn; con un estupendo septeto de actores**, desde Callum Turner (*Assassin’s Creed*) como Thomas Webb y Kate Beckinsale (*El aviador*) como Johanna, pasando por Pierce Brosnan (*Señora Doubtfire*) y Cynthia Nixon (*Hannibal*) como Ethan y Judith Webb, Kiersey Clemons (*La Liga de la Justicia*) como Mimi Pastori y un bienvenido Bill Camp (*The Leftovers*) como el tío Buster, hasta **el impagable Jeff Bridges** (*Arlington Road*) como W. F. Gerald; tan bien elegidos como acostumbra a escogerlos Woody Allen para sus filmes. Y por todo ello, no hay duda de que a este le hubiese encantado dirigir *The Only Living Boy in New York*.

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