Que el estadounidense David Simon sea uno de los creadores de series de televisión asentadas en la realidad más respetados, sobre todo tras concluir la valoradísima The Wire (2002-2008), no es ningún secreto para la crítica especializada. Su compatriota George Pelecanos colaboró con él en los guiones de dicha serie y en los de Treme (Simon y Eric Ellis Overmyer, 2010-2013), y ahora nos han traído juntos The Deuce (Las Crónicas de Times Square), que trata cómo se inició y logró legalizarse la industria del cine pornográfico en la famosa intersección de Manhattan y su fortalecimiento desde principios de los años setenta, con la prostitución, el consumo de drogas y los trapicheos de algo más que de fondo.

La sobriedad estilística de Simon, con una planificación visual llana, un montaje limpio y una banda sonora reducidísima, y sus títulos inconfundibles vuelven a estar presente aquí, y la roña social por la que acostumbra a interesarse en sus ficciones. Pero sus maneras sobrias, con las que debe de comulgar Pelecanos, no hacen que el efecto de los episodios de The Deuce sea menos contundente, sino que potencian el realismo innegable que ya denotan las propias situaciones en que se ven envueltos los personajes y sus nítidos y verosímiles diálogos. Y hay perspicacia en estos últimos, por ejemplo, con algunas réplicas sobre el oficio de las trabajadoras sexuales; y revelaciones curiosas sobre la filmación de las películas porno.

the deuce
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El reparto coral nos indica que Simon pretende ofrecernos, no sólo la historia de un ámbito y una época específicos, sino también uno de sus penetrantes frescos sociales urbanos como el que nos dejó mudos de asombro, por la comprensión súbita, en la secuencia final de The Wire. No obstante, se le puede criticar que, desde luego, tarda en ir al grano en esta ocasión: en el extenso piloto ni se intuye a dónde se dirige la serie de veras; hay que esperar a “Show and Prove” (1x02) para, tal vez, suponerlo, y sólo a partir de “The Principle Is All” (1x03) lo vamos teniendo claro; sin perder de vista ni por un segundo, eso sí, el propósito de exponernos un panorama social determinado de la Nueva York de entonces, que siempre es más importante.

Los protagonistas y sus compañeros no resultan tópicos; los chulos, las prostitutas y su clientela, los realizadores de cine equis y su equipo, los chanchulleros y los mafiosos italianos, los agentes de la ley y el desorden y toda la fauna nocturna urbana no están cortados por el mismo patrón de costumbre, sino que el realismo referido les proporciona su propia idiosincrasia y profundidad. Buena parte de The Deuce, cuyo título se debe al sobrenombre de la calle 42 neoyorkina por su subcultura, se enfoca en las relaciones complicadas entre los proxenetas y las trabajadoras del sexo a las que explotan y rapiñan, el asunto que nos depara lo más grave de la serie en “Au Reservoir” (1x07) y “My Name Is Ruby” (1x08).

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El elenco está muy bien aleccionado para mantenerse en una estricta verosimilitud, es decir, tan natural como sus diálogos, sin sobreactuaciones ni estridencias. James Franco y Maggie Gyllenhaal, que se introducen en la piel de los antagónicos gemelos Vincent y Frankie Martino y en la de Candy respectivamente, también son productores, y él incluso ha dirigido los episodios “The Principle Is All” y “Au Reservoir”. Les acompañan Margarita Levieva como la resuelta Abby Parker, Gary Carr como el desconsiderado C. C., Dominique Fishback como la curiosa Darlene, Emily Meade como la neófita Lori, Don Harvey como el cínico Danny Flanagan, Chris Coy como el complacido Paul Hendrickson, Natalie Paul como la ambiciosa Sandra Washington, Michael Rispoli como el elocuente Rudy Pipilo o Pernell Walker como la experta Ruby.

También, Jamie Neumann como la mortificada Ashley, Tariq Trotter como el locuaz Reggie Love, David Krumholtz como el resignado Harvey Wasserman o Mustafa Shakir como Big Mike, un hombre de pocas palabras. Además, Simon cuenta de nuevo con Chris Bauer, Anwan Glover, Gbenga Akinnagbe, Cliff “Method Man” Smith, Lawrence Gilliard Jr. o Michael Kostroff, que ya habían sido Frank Sobotka, Slim Charles, Chris Partlow, Melvin “Cheese” Wagstaff, D’Angelo Barksdale y Maurice Levy en The Wire, para interpretar al albañil Bobby Dwyer, al mesero Leon, a los proxenetas Larry Brown y Rodney, y a los policías Chris Alston y Rizzi. Y es un gusto reencontrarse en el último episodio con Clarke Peters, que había encarnado al detective Lester Freamon en The Wire y a Albert Lambreaux en Treme, como el mentor Ace, aunque sea sólo unos minutos.

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The Deuce es rigurosa, sin concesiones ni autocensura alguna para todo lo relacionado con el sexo con el que se mercadea y la sordidez ambiental, y a la vez, más amable con su criaturas de lo que podría esperarse; incluso en las rutinarias y artificiosas grabaciones de películas pornográficas y la falta absoluta de glamour en su realización, su negocio y su consumo. Y, al igual que en el caso de The Wire, todavía no deslumbra porque su verdadera fortaleza se halla en la construcción paulatina e implacable, capítulo a capítulo, de su fresco social, de modo que probablemente no conozcamos el alcance auténtico de esta serie televisiva hasta que Simon y Pelecanos estén por rematarla y, así, se pueda analizar en su conjunto. Pero será un placer ir viéndola y comprobándolo hasta entonces.