Una de las pruebas más claras de que una obra artística de cualquier clase ha calado en la cultura popular son las referencias a la misma en otras obras, y no necesariamente semejantes. Así, resulta indiscutible que el mundo de Juego de tronos, ideado por el estadounidense George Raymond Richard Martin en una saga de novelas aún sin conclusión, es una de esas obras con su propio estrato cultural, en parte gracias a la serie televisiva de David Benioff y D. B. Weiss para la HBO que se basa en ella, se emite desde 2011 y en cuyo rumbo participa Martin. Si Parks and Recreation (Greg Daniels y Michael Schur, 2009-2015), Los Simpson (Matt Groening, James L. Brooks y Sam Simon, desde 1989) o The Big Bang Theory (Chuck Lorre y Bill Prady, desde 2007) han bromeado ya sobre esta trama de fantasía medieval e intrigas palaciegas, ahora le ha tocado el turno al último filme del respetado director yanqui Steven Soderbergh, que se titula La suerte de los Logan o La estafa de los Logan (Logan Lucky, 2017).

Siguiendo en cierto modo la estela de su historia protagonizada por Danny Ocean (George Clooney) y su pandilla de ladrones de casinos —Ocean’s Eleven (2001), Ocean’s Twelve (2004) y, sí, Ocean’s Thirteen (2007)—, que comenzó como un remake de La cuadrilla de los once (Lewis Milestone, 1960) y que en 2018 continuará con Ocean’s Eight y la batuta de Gary Ross (Los Juegos del Hambre), Soderbergh nos ofrece una comedia ligera y sutilmente irónica en la que tres hermanos, el familiar Jimmy (Channing Tatum), el supersticioso Clyde (Adam Driver) y la socarrona Mellie Logan (Riley Keough), con la colaboración de otros tres, el convincente recluso Joe (Daniel Craig) y los lumbreras Fish (Jack Quaid) y Sam Bang (Brian Gleeson), se proponen llevar a cabo un gran robo durante una multitudinaria carrera de coches.

logan lucky game of thrones
Trans-Radial, Free Association

Katie Holmes, Seth MacFarlane, Katherine Waterston, Hilary Swank, David Denman o la pequeña Farrah Mackenzie forman parte asimismo del reparto; y el guion lo firma la desconocida Rebecca Blunt, una principiante que ha sabido tomar el pulso al momento de nuestra cultura globalizada y ver, no solamente que Juego de tronos constituye hoy el mayor fenómeno literario y audiovisual del planeta, sino también cuáles son las inquietudes de sus seguidores. Por eso, mediando la película de Soderbergh, durante un motín en el comedor de la cárcel en la que Joe Bang cumple condena, se desarrolla la siguiente conversación entre el alcaide Burns (Dwight Yoakam) y los amotinados:

“Tengo vuestra… servilleta de demandas aquí, de lo que queréis para rendiros pacíficamente y liberar a mis guardias y al capitán”, les dice Burns a través de los altavoces. “Como alcaide, puedo aprobar la compra de un ejemplar de Danza de dragones para la librería de la prisión y reemplazar el de Juego de tronos”. Los reclusos lo celebran, pero el alcaide prosigue: “El único problema con Vientos de invierno y Sueño de primavera es que aún no han sido publicados y no están disponibles”. Los reclusos se quejan. “No puedo hacer nada con lo que no puedo controlar”, se justifica Burns. Uno de los amotinados, Naaman (Jon Eyez), se acerca al interfono, pulsa el botón correspondiente y le espeta: “¡Eso es una completa mentira! Se supone que George R. R. Martin tenía que haber entregado Vientos de invierno a su editor hace dos años”.

“Ya sé que esa era la fecha de entrega original; no es esa la cuestión aquí”, replica el alcaide. “Lo he leído en la Wikipedia, y también dice que Martin ha tenido un creciente calendario promocional que ha interferido con su calendario de escritura, y todavía tiene que terminar Vientos de invierno”. Y Naaman le responde: “¡Eso no tiene sentido! Los dos tipos que fueron transferidos desde la prisión federal ya lo sabían todo sobre la tía buena de los dragones”. “Creo que sacaron esa información viendo la serie de televisión”, explica Burns, pero ni Naaman ni el resto de los reclusos se lo creen, y por lo visto, no hay trato para acabar con el motín. “La serie va por delante”, continúa Burns sin que le presten atención; “¡ya no siguen los libros!”. Como puede apreciarse, esta escena es tan surrealista como atinada y, desde luego, la más divertida de Logan Lucky.